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CONCIENCIA DIGITAL: Los trapos sucios de Silicon Valley

CONCIENCIA DIGITAL: Los trapos sucios de Silicon Valley

Mar 22, 2014

Por José Modesto Barros Romo —-

A las empresas de tecnología les fascinan las ideas nuevas, salvo que sean de otras empresas que no sean ellos, entonces, hay que neutralizarlas o comprar todas las innovaciones. Los ejecutivos de Silicon Valley saben muy bien que un proyecto brillante que escape de su control puede hacer caer rápidamente al gigante tecnológico más poderoso.

Un ejemplo de cómo Silicon Valley elimina dichos riesgos ha sido una demanda interpuesta por un grupo de trabajadores que acusan a varios ejecutivos del sector de ponerse de acuerdo entre 2005 y 2009 para no arrebatarse los empleados entre ellos. Este caso, que irá a juicio esta primavera en San José, California, afecta a 64 mil programadores, y en él se reclaman miles de millones de dólares por daños y perjuicios. La persona que organizó este arreglo, según se extrae de los documentos judiciales, fue el ejecutivo más exitoso del sector y al que más le preocupaba la competencia: Steve Jobs.

La demanda refleja como más de dos años después de su fallecimiento, Jobs sigue siendo un personaje mediático. También aporta una imagen de los ingenieros de Silicon Valley que difiere mucho del estereotipo actual de personas malvadas y bien pagadas que hacen que los precios inmobiliarios aumenten en San Francisco y que los demás no puedan permitirse vivir en la ciudad.

Todo lo contrario, los litigantes los describen como “víctimas de una conspiración” engañadas por sus jefes, según Joseph R. Saveri, un abogado de los demandantes. “Estos son los ingenieros que construyen los equipos y los programas informáticos y que son la base del sector tecnológico”, señala Saveri. “Pero se les impidió negociar libremente lo que vale su capacidad”.

Estas acciones se descubrieron por primera vez en una investigación del Departamento de Justicia de Estados Unidos, que terminó con una denuncia antimonopolio contra media docena de empresas. En un acuerdo extrajudicial simultáneo, las compañías aceptaron abandonar la práctica de no arrebatarse los empleados. 

Pero el acuerdo extrajudicial no impedía que los programadores iniciasen su propio proceso judicial contra las empresas. La demanda colectiva cita correos electrónicos y otras comunicaciones de algunos de los nombres más importantes de Silicon Valley.

A Jobs le preocupaba especialmente la expansión de Google. En 2005, por ejemplo, el cofundador de Google, Sergey Brin, intentó contratar a personal del equipo de navegación de Apple. “Si contratan a una sola de estas personas, es la guerra”, advirtió Jobs en un correo electrónico, según los documentos judiciales. Brin dio marcha atrás y Google y Jobs llegaron a un acuerdo informal para no realizar ofertas a los empleados del otro.

En 2007, cuando un ejecutivo de recursos humanos de Google contrató a un ingeniero de Apple, Jobs se quejó inmediatamente. Para calmar sus ánimos, Google despidió al técnico en menos de una hora. Al igual que Apple, el buscador Google ha declinado hacer comentarios sobre estos litigios. La investigación concluyó en 2010 con una demanda antimonopolio contra Apple, Google, Intel, Intuit, Adobe y Pixar, pero no hubo sanciones económicas.

Lucasfilm, que vendió Pixar, ha llegado a un acuerdo extrajudicial con la compañía de animación para resolver la demanda, al igual que Intuit. Han aceptado pagar 20 millones de dólares. Parece que un ejecutivo de Silicon Valley se resistió a las amenazas de Jobs. 

En 2007, Palm Inc., un fabricante de agendas móviles, contrató a Jonathan J. Rubinstein, ex ejecutivo de Apple quien desempeñó un papel fundamental en el desarrollo del iPod. Para no perder a sus empleados, Jobs propuso un trato a Edward T. Colligan, el director General de de Palm. Pero éste le dijo que dicho acuerdo sería “probablemente ilegal”. Jobs amenazó entonces con lanzar a los abogados de patentes de Apple contra Palm. En una entrevista, Colligan dijo: “Muchas veces te encuentras con cosas que pueden ser beneficiosas, pero tienes que aceptar que, moralmente, no son correctas”.

WHATSAPP DEJA LAS COSAS CLARAS

Una compra de 19 mil millones de dolares no pasa desapercibida, desde que Mark Zuckberberg se hizo con WhatsApp el pasado 20 de febrero la desconfianza sobre la pérdida de identidad del servicio de mensajería no ha dejado de crecer. Jan Koum, cofundador y director General de WhatsApp, ha querido atajar los rumores y comentarios críticos en un post en el blog de la compañía. El título no deja lugar a dudas: “Vamos a dejar las cosas claras”.

Insiste en sus orígenes ucranianos y su infancia en un sistema en el que las conversaciones por teléfono no eran lo más fiable. El respeto por la privacidad está dentro de nuestro ADN, e hicimos WhatsApp con el propósito de saber de ustedes lo menos posible: No tienen que dar ni el nombre, tampoco se pide el email. No sabemos cuándo es su cumpleaños. Ni la dirección de casa. No tenemos idea de dónde trabajas ni de las cosas que te gustan, lo que buscas en Internet o los datos de tu GPS. Nunca hemos tomado alguno de esos datos ni los hemos almacenado en WhatsApp y, de verdad, no pensamos cambiarlo”, sostiene.

En esta misma línea, deja claro que no se guardan datos de usuario, ni se usan para conocer mejor a sus clientes. De hecho, subraya que si hubiera sido de otra manera, no se habría cerrado el acuerdo con Facebook: “En cambio, estamos creando una alianza que nos va a permitir seguir trabajando de manera autónoma e independiente. Nuestras creencias y valores no cambian. Nuestros principios no van a cambiar. Todo lo que ha hecho de WhatsApp líder en comunicación personal está en su sitio”. 

En cualquier caso, no es algo tan distinto a lo que ya publican en el espacio dedicado a dudas frecuentes de la empresa, donde explican que sus mensajes se cifran y que no se almacenan en sus servidores una vez que se entregan al remitente.

Lo lógico sería que en los próximos meses se conozca de manera más concreta en qué consiste la alianza entre Facebook y WhatsApp para trabajar de manera conjunta sin perder la identidad. Desde la empresa de Koum explican que el crecimiento, tras la firma del acuerdo, ha sido más rápido que nunca con un matiz interesante, en Estados Unidos el ritmo es algo más notable, dado que no eran tan populares y allí, tradicionalmente, los SMS no eran un servicio de pago por mensaje individual, sino que las operadoras ofrecían tarifa plana. Trazan una similitud con Instagram, cuya mejor opción fue la adquisición por parte de Facebook.

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