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CONCIENCIA DIGITAL: Sociedad adicta a lo inmediato

CONCIENCIA DIGITAL: Sociedad adicta a lo inmediato

Dic 6, 2014

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Conectados y geolocalizados, internet nos ha ido convirtiendo a todos en pequeños dictadores de la ubicuidad que manejamos el mundo a través de una pantalla. Enfrascados en nuestros celulares o smartphones, dotados cada vez de mayor capacidad y memoria, exigimos primero que las máquinas se comporten con una inmediatez mayor para después pedírselo a los demás componentes de nuestra realidad, ya sea analógica o digital.

La tardanza de una web en cargar, un mesero lento en atendernos o un semáforo que no cambia de color descienden progresivamente en paralelo a la paciencia. El mundo tiene prisa, y el ciudadano/usuario/consumidor se desespera irremediablemente en un umbral de tiempo cada vez menor.

Como un mensaje de WhatsApp que exige ser contestado en el acto, en la interacción con máquinas y personas hemos ido necesitando con idéntica urgencia que el mundo se pliegue a nuestros deseos. En San Francisco, la aplicación Uber se ha servido de la localización por GPS y la conectividad del smartphone para generar una comunidad de conductores que se transportan entre sí como un servicio paralelo al taxi, pero en el que los usuarios obtienen una respuesta a su demanda de manera inmediata.

El usuario dice dónde está y adónde quiere ir, y uno de los conductores de la comunidad le informa de cuánto tiempo tardará en recogerlo y le confirmará que acepta llevarlo por una cantidad que será cobrada automáticamente.

Uber es un claro ejemplo de economía colaborativa: los ciudadanos generan riqueza a través de plataformas que se quedan con una ganancia por ponerlos en contacto y que transforman radicalmente la economía tradicional. Así ha hecho Airbnb con los hoteles y, de igual manera, Uber ha revolucionado el sector de los taxis en el mundo.

La inmediatez ha perdido sus recompensas

“Con la recompensa inmediata, el ser humano libera dopamina, que nos da sensación de satisfacción. Tiene un origen animal ligado a la supervivencia de la especie, como la obtención del alimento o del sexo, que aseguran la perpetuación”, indica el neurólogo Jesús Porta.

Sin embargo, según el experto “hemos sublimado ese comportamiento”, de manera que cualquier logro banal no relacionado con la supervivencia, como el arranque del sistema operativo de nuestra computadora, genera la misma sensación de satisfacción que cuando éramos seres menos avanzados y se liberaban sustancias en el cerebro. El problema aparece, en opinión de los neurólogos, en el momento en que la gente no experimenta satisfacción alguna cuando consigue lo inmediato y también siente insatisfecha cuando no lo consigue.

Con el ejemplo de Uber han florecido decenas de aplicaciones que ofrecen servicios inmediatos, como TaskRabbit, una comunidad que conecta a personas para resolver distintas tareas a cambio de dinero, desde montar un mueble de Ikea hasta arreglar un enchufe.

Se trata de un “hazlo tú por mí” muy parecida a Postmates, que ha encontrado otro modelo de servicio a la medida, cuya exitosa fórmula no para de crecer. Esta startup de Estados Unidos reinventa la entrega a domicilio mediante una red de mensajeros conectados que, en bicicleta, coche o moto, realizan los “mandados” por ti por un precio mínimo de cinco dólares por trayecto y en menos de una hora.

Cualquiera puede autoemplearse si es mayor de edad, tiene un medio de locomoción y un smartphone, haciendo “mandados” para la comunidad por 20 dólares a la hora. La empresa garantiza a los nuevos postmates de San Francisco y Nueva York una ganancia de mil dólares si completan 60 entregas en sus dos primeras semanas. El éxito de la iniciativa ha sido tal que ha saltado a varias ciudades de Estados Unidos después de una ronda de financiación millonaria.

Otro ejemplo de estas aplicaciones es lo que realiza Instacart, que se encarga de hacer la compra en distintas ciudades norteamericanas en supermercados como Whole Foods Market o Costco, garantizando un servicio con una inmediatez razonable. Estos mandaderos de las tareas cotidianas llegan también a los restaurantes, como la startup DoorDash, que ofrece el envío de comida de diferentes restaurantes del área de la bahía de San Francisco, Los Ángeles y Boston. En el área de San Francisco, la plataforma SpoonRocket está engordando su plantilla de conductores para entregar la comida en menos de 12 minutos.

La tendencia la comienzan a detectar gigantes como Amazon o Google, que han lanzado nuevos servicios. A través del correo postal, Amazon Fresh entrega los productos frescos comprados en el supermercado de Amazon. Por su parte, Google Express Shopping ofrece la entrega de comida, productos para el hogar o ropa, y a su servicio se han ido apuntando tiendas como Staples, Target, Walgreens, L’Occitane y Toys ‘R’ Us.

También surgen pequeñas comunidades para tareas secundarias muy concretas, como la limpieza. En Exec Cleaning App, el usuario contrata un servicio de limpieza desde el celular e incluso monitorea cuándo la gente de la limpieza va en camino al sitio, como reza el eslogan de la propia plataforma; gracias a Homejoy, el usuario establece las dimensiones de su hogar y las tareas a realizar, desde limpiar el interior del horno hasta dar de comer a su mascota.

Washio, por su lado, se encarga de recoger la ropa, secarla y entregarla en poco tiempo, mientras que BloomThat garantiza la entrega de ramos de flores en menos de 90 minutos. La nueva economía de lo inmediato conquista cada vez más áreas de nuestra vida. ¿Qué seguirá?

*Con información de EL PAÍS

E-mail: barrosromo@gmail.com


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