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Confirma Emilio su divorcio con la IP

De por sí eran escasos sus aliados en el empresariado jalisciense, y ahora con sus arrebatos contra los organismos del sector privado que le piden transparencia y explicaciones sobre el enorme endeudamiento por más de seis mil 600 millones de pesos que ahora demanda del Congreso, el gobernador Emilio González Márquez se está quedando solo, menos mal que sigue suspirando a ser aspirante a la Presidencia de la República, porque sin mecenas, no llegará a abanderar siquiera a su junta de colonos.

La confirmación de su divorcio con el empresariado ocurrió durante un par de entrevistas radiofónicas el pasado miércoles, al llegar al extremo de pedirles que “no estorben” a los de la Coparmex, cuyo valiente líder, Óscar Benavides Reyes, encabeza el reclamo gremial por la excesiva deuda que demanda el gobernante, en cuyo paquete se incluyen más de 400 proyectos que van desde barbaridades por 10 mil pesos a aberraciones millonarias, que colocarían a Jalisco entre las cuatro entidades más endeudadas del país.

Y es que para nadie resulta extraño que en pleno proceso preelectoral, disponer de más de seis mil millones de pesos extras, significa “saludar con sombrero ajeno” en busca de ganar voluntades para las próximas elecciones, heredando el compromiso a las siguientes administraciones que se verán imposibilitadas de responder a la creciente demanda de servicios y mucho menos podrán efectuar obras públicas, al no disponer de recursos que mayoritariamente serán dedicados a pagar tales excesos.

Pero la afrenta de Emilio contra el organismo moral del empresariado de la entidad que gobierna no terminó ahí, sino que exigió una disculpa pública “por el atrevimiento” de cuestionar la petición de una nueva deuda; así es, nueva deuda, porque desde que asumió el Poder Ejecutivo del Estado casi cuadruplica el nivel de deuda que recibió, hasta superar los 15 mil millones de pesos, sin tomar en cuenta aún todavía que en ese mismo periodo de tiempo (2007 a 2010) recibió excedentes presupuestales por más de 44 mil 294 millones de pesos, sin que adviertan relevantes obras y servicios, toda vez que el mayor volumen de ese dinero se aplicó a su inflada nómina, gasto corriente y polémicos donativos.

En el caso de que eventualmente se aprobara esa deuda adicional, “más otras que tiene guardadas bajo el brazo” dicho mandatario (afortunadamente cada vez más son los actores políticos y de la sociedad civil que la reprueban), el nivel de endeudamiento que tendría el Gobierno del Estado llegaría a poco más de una tercera parte del total del presupuesto anual, práctica a todas luces repudiable para una entidad mexicana, que si formara parte de la Unión Europea (hay naciones con semejantes dimensiones a las de Jalisco), era razón más que suficiente para expulsarla del bloque.

En tono más moderado que el de Óscar Benavides, quien calificó tal pretensión como “peligrosísima” y hasta sospechosa, puesto que hipoteca el futuro del Estado, los presidentes de la Cámara de Comercio, Miguel Alfaro, y del Consejo de Cámaras Industriales de Jalisco, Manuel Herrera, al menos demandaron mayor transparencia y puntuales justificaciones al respecto, obteniendo por respuesta del mandatario, el absurdo discurso de la “lucha de clases”, argumentando que “los ricos” (empresarios) jamás estarán de acuerdo con las obras y acciones que plantea; e incluso hizo paralelismos con la deuda de Aristóteles para pavimentos, atreviéndose a asegurar que por una previa compra de patrullas a un socio de Coparmex, “nadie se atrevió a cuestionarla”.

Seguramente el irresponsable gobernante olvidó que las campañas (y hasta precampañas) político-partidistas se hacen con dinero, sí, en gran medida proveniente del empresariado organizado, no tan sólo en su entidad, sino también en toda la República, por lo que no dude que del exabrupto ya tomaron nota en la Coparmex nacional, así como en Concamin y Concanaco, como para que no le extrañe si a la hora de pasar la charola, lo miren de reojo.

E-mail: moises@notiemp.com


De por sí eran escasos sus aliados en el empresariado jalisciense, y ahora con sus arrebatos contra los organismos del sector privado que le piden transparencia y explicaciones sobre el enorme endeudamiento por más de seis mil 600 millones de pesos que ahora demanda del Congreso, el gobernador Emilio González Márquez se está quedando solo, menos mal que sigue suspirando a ser aspirante a la Presidencia de la República, porque sin mecenas, no llegará a abanderar siquiera a su junta de colonos.

La confirmación de su divorcio con el empresariado ocurrió durante un par de entrevistas radiofónicas el pasado miércoles, al llegar al extremo de pedirles que “no estorben” a los de la Coparmex, cuyo valiente líder, Óscar Benavides Reyes, encabeza el reclamo gremial por la excesiva deuda que demanda el gobernante, en cuyo paquete se incluyen más de 400 proyectos que van desde barbaridades por 10 mil pesos a aberraciones millonarias, que colocarían a Jalisco entre las cuatro entidades más endeudadas del país.

Y es que para nadie resulta extraño que en pleno proceso preelectoral, disponer de más de seis mil millones de pesos extras, significa “saludar con sombrero ajeno” en busca de ganar voluntades para las próximas elecciones, heredando el compromiso a las siguientes administraciones que se verán imposibilitadas de responder a la creciente demanda de servicios y mucho menos podrán efectuar obras públicas, al no disponer de recursos que mayoritariamente serán dedicados a pagar tales excesos.

Pero la afrenta de Emilio contra el organismo moral del empresariado de la entidad que gobierna no terminó ahí, sino que exigió una disculpa pública “por el atrevimiento” de cuestionar la petición de una nueva deuda; así es, nueva deuda, porque desde que asumió el Poder Ejecutivo del Estado casi cuadruplica el nivel de deuda que recibió, hasta superar los 15 mil millones de pesos, sin tomar en cuenta aún todavía que en ese mismo periodo de tiempo (2007 a 2010) recibió excedentes presupuestales por más de 44 mil 294 millones de pesos, sin que adviertan relevantes obras y servicios, toda vez que el mayor volumen de ese dinero se aplicó a su inflada nómina, gasto corriente y polémicos donativos.

En el caso de que eventualmente se aprobara esa deuda adicional, “más otras que tiene guardadas bajo el brazo” dicho mandatario (afortunadamente cada vez más son los actores políticos y de la sociedad civil que la reprueban), el nivel de endeudamiento que tendría el Gobierno del Estado llegaría a poco más de una tercera parte del total del presupuesto anual, práctica a todas luces repudiable para una entidad mexicana, que si formara parte de la Unión Europea (hay naciones con semejantes dimensiones a las de Jalisco), era razón más que suficiente para expulsarla del bloque.

En tono más moderado que el de Óscar Benavides, quien calificó tal pretensión como “peligrosísima” y hasta sospechosa, puesto que hipoteca el futuro del Estado, los presidentes de la Cámara de Comercio, Miguel Alfaro, y del Consejo de Cámaras Industriales de Jalisco, Manuel Herrera, al menos demandaron mayor transparencia y puntuales justificaciones al respecto, obteniendo por respuesta del mandatario, el absurdo discurso de la “lucha de clases”, argumentando que “los ricos” (empresarios) jamás estarán de acuerdo con las obras y acciones que plantea; e incluso hizo paralelismos con la deuda de Aristóteles para pavimentos, atreviéndose a asegurar que por una previa compra de patrullas a un socio de Coparmex, “nadie se atrevió a cuestionarla”.

Seguramente el irresponsable gobernante olvidó que las campañas (y hasta precampañas) político-partidistas se hacen con dinero, sí, en gran medida proveniente del empresariado organizado, no tan sólo en su entidad, sino también en toda la República, por lo que no dude que del exabrupto ya tomaron nota en la Coparmex nacional, así como en Concamin y Concanaco, como para que no le extrañe si a la hora de pasar la charola, lo miren de reojo.

E-mail: moises@notiemp.com