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¡Crisis, Crisis, Crisis…!

La actual crisis mundial en todo –economía, finanzas, alimentaria, social, política, cultural, educativa, derechos humanos, salud, climática, biológica– obedecen principalmente al declive de la hegemonía mundial de los modelos neoliberales –cuando menos como hasta ahora los hemos conocido–.

 

Es desconcertante no saber realmente qué está sucediendo detrás de todos los acontecimientos en el mundo si los vemos de manera aislada y como entes fenomenológicos, sin tratar de armar el rompecabezas que nos clarifique –cuando menos con mayor certeza– el por qué de los sucesos y hacia dónde se dirigen o cuál será su punto de inflexión –que llegará, eso tengámoslo por seguro–.

 

Resultaría insuficiente el espacio tan generoso que Conciencia Pública nos brinda a Visor Internacional, para poder analizar con detalle y detenimiento todos los posibles factores de incidencia en todas las latitudes mundiales que han generado y acelerado este proceso crítico por el que ahora atravesamos la totalidad –salvo sus deshonrosas excepciones elitistas e individuales– de los navegantes de esta bella nave interestelar llamada Tierra.

 

Sin embargo, trataremos de dar un leve asomo a lo que podría ser el meollo del asunto –o cuando menos uno de ellos–. Vamos por partes; Estado del Bienestar es un concepto de las ciencias políticas y económicas con el que se designa a una propuesta política o modelo general del Estado y de la organización social, según la cual este provee ciertos servicios o garantías sociales a la totalidad de los habitantes de un país.

 

“El paso de una seguridad social sólo para algunos, a una seguridad social para todos los ciudadanos marca la aparición del Estado de Bienestar. Los derechos de seguridad social, es decir, las pensiones, la sanidad, el seguro de desempleo, junto a los servicios sociales, el derecho a la educación, la cultura y otros servicios públicos aplicados al conjunto de los ciudadanos y no sólo a los trabajadores, definirán la política de bienestar social como sello de identidad de las democracias europeas más avanzadas” (Gómez Bahillo, 2001).

 

El concepto nace en la Europa Occidental en el período de la posguerra –segunda mitad de la década de los 40’s–, principalmente para reactivar la economía tras la Gran Guerra, cuando la mayor parte de los países centroeuropeos y una buena parte de Gran Bretaña, quedaron prácticamente en la ruina total. Su economía –de la mayoría Europea– había quedado supeditada entonces a los designios de la que a partir de ese momento se convertiría en la potencia hegemónica mundial en el hemisferio occidental, Estados Unidos de América.

 

Fue por aquellos años (1944) cuando, en el marco de las negociaciones de quienes participaban en la Segunda Guerra Mundial, nace lo que hasta hoy se conoce como el sistema financiero de Bretton Woods, cuyos dos “benéficos” organismos financieros internacionales actuales, que son el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), creado para financiar –“caritativamente”, nos dicen– la reconstrucción de las ciudades en la posguerra y el Fondo Monetario Internacional (FMI), cuya función sería la de financiar proyectos para la globalización del comercio y la reducción de la pobreza (¿?).

 

El BIRF, en una etapa posterior, ampliaría sus funciones, conformando parte de lo que ahora conocemos como el Grupo del Banco Mundial. Estas instituciones forman parte de la “honorabilísima y desinteresada” Organización de las Naciones Unidas (ONU), cuyas sedes se encuentran en territorio norteamericano.

 

Pues bien, una vez formados dichos organismos financiadores de las economías débiles y en desarrollo, se dieron a la tarea de promover los beneficios de nuevas fórmulas en las políticas sociales y de Gobierno, pero basadas en el precepto de la “libre empresa”: las nacientes políticas económicas neoliberales, actuales hasta nuestros días.

 

Estas políticas neoliberales, lejos de haber cumplido en la realidad para lo que aducían ser diseñadas principalmente por los ideólogos económico-financieros –sionistas, por cierto– (la mayoría de ellos empleados del Grupo del Banco Mundial), rápidamente y utilizando como aparador a la ONU y lo que conlleva, engatusaron –ahora sí que literalmente– a medio mundo.

 

Los resultados, los conocemos de sobra… más pobreza, más explotación de la clase trabajadora, menos calidad de vida y una sobreexplotación de los recursos naturales de quienes reciben el “beneficio” de la implantación de dicho “conocimiento”, a saber, los países en los continentes subdesarrollados –América Latina, África, buena parte de Asia y algunos países europeos, los más débiles, claro– así como el esclavismo y sometimiento de los países que creyeron a “pie juntillas” en toda esta sarta de “bienintencionadas” justificaciones, con la promesa de una mejor calidad de vida, aprovechando claro, el concepto hipnotizador del Estado del Bienestar. ¡Qué bello suena!… ¿no es cierto?

 

Pues bien, el despertar ha sido duro, violento –como las actuales revueltas armadas en buena parte del mundo–, ensombrecedor. Quienes todavía creen en las “bondades” del neoliberalismo son –de plano– para causar lástima o encono. Entre algunos de ellos, los “subproductos” de los implantadores de dichas políticas, o séase, nuestros conocidos gobernantes tecnócratas –metidos hasta la médula del aparato gubernamental–. Y qué decir de los “residuos” de estos… colgados en los gobiernos estatales, municipales y en los “con-gruesos”. Lo grave es que, estos “residuales neoliberales” –por llamarlos de algún modo que no ofenda la santa lectura de nuestros lectores–, NI SIQUIERA saben lo que son… Aahhh… pero eso sí… se sienten… GRANDES ESTADISTAS. Triste, muy triste. Sólo eche un vistazo a nuestro H. Congreso y presidencias municipales… y de ahí para abajo.

 

Lo anterior sigue siendo vigente en muchas zonas de América Latina y de los países en desarrollo, pero… afortunadamente, mucha gente, mucha, empujada por el hambre, la necesidad y sin nada que perder –pues nada tienen–, se siguen lanzando a las calles a exigir a quienes los gobiernan, que cesen de inmediato su aniquilación lenta y tortuosa. Si los gobiernos subproductos de las políticas neoliberales no los escuchan y dan un giro de 180 grados en su manera de conducir el destino de las mayorías, serán rebasados por estas. No esperarán más la llegada del “mesías” para la ejecución de lo que ahora no existe: JUSTICIA. La contraparte de todo este despertar ciudadano, son los poderes fácticos muy bien organizados a lo largo y ancho del globo, que, viendo venir la situación, se han querido adelantar para continuar con su simulación –a ver si pega–.

 

Como mencionamos anteriormente en este espacio de análisis y reflexión, la mayoría del pueblo libio sigue apoyando a su todavía líder, Muammar Kadafi, lo que ha provocado una catastrófica guerra civil entre los dos bandos con infaustos resultados: decenas de miles de muertos, entre los rebeldes armados –por Estados Unidos e Israel– y las fuerzas leales al gobierno legítimo.

 

Cabe mencionar que lo que ahora vemos, oímos y leemos en los principales mass media –principalmente occidentales, tipo CNN— es parte de una astuta y truculenta campaña de desinformación, con la finalidad de volcar la opinión pública mundial en contra del coronel Kadafi y sus fieles; algo casi similar a lo acontecido hace algunos años con el extinto

Saddam Hussein, quien llevara a Irak a niveles de desarrollo poco vistos en los países medio orientales, pero que terminó siendo el principal bastión de petróleo de los más avezados instigadores de la violencia y depravación entre los más indefensos pueblos: los gobierno de Washington y Tel Aviv.

 

Kadafi está algo lejos de ser lo que Mubarak fue para los egipcios que, por cierto, no hallan a quien poner al frente del país –el primer ministro Ahmed Shafik acaba de renunciar–, y por lo pronto quedará al frente del gobierno Esam Sharaf, en el Supremo Consejo Militar. ¿Por qué los militares toman el poder? ¿Es que de verdad estarán capacitados para gobernar a la población civil desarmada? ¿O… será alguna otra razón…? Puede ser…

 

Al año –previos a este 2011–, Egipto recibía mil 600 millones de dólares en ayuda de Washington, de los cuales mil 300 estaban destinados al sector militar –bonita ayuda…!–. Esto lo convertía en el segundo receptor mundial de asistencia económica estadounidense después de Israel. Dicha cantidad equivalía a más del 60 por ciento del presupuesto militar egipcio, según el Servicio del Congreso de Estados Unidos (y todavía lo divulgan… já!). Claro que esos mil 300 millones de verdes billetes regresaban a Estados Unidos casi sin ser todavía desempacados, para el pago del military hardware a sus productores: Boeing, Lockheed Martin, Sikorsky Aircraft, etcétera, etcétera, etcétera, ya sabe… los verdaderos beneficiados de las políticas económicas neoliberales, entre otros que, por cierto, llevan galones, condecoraciones y estrellas en sus quepís.

 

E-mail: albertogomez.consultor@gmail.com

4 comments

  1. Ana Cosio /

    Real y cierto, felicidades!

  2. Rastachao /

    Así mero están las cosas hoy en la política moderna, y si vemos la historia quien controlo el pasado, son los mismos que controlan ahora el presente y serán los mismos que cotrolaran el futuro? Todo eso depende de cada uno de nosotros!!! Tenemos que elevar nuestra conciencia en una energía positiva global!!! y así podría haber muchos cambios en todo el mundo para el bienestar común !!!

  3. Rastachao /

    Muy buen articulo, con información que ningún medio masivo informa, al contrario des-informa!!! Tenemos nosotros mismos que buscar otro tipo de medios de información que exponga los factores reales de situaciones que nunca se investigan hasta la raíz del problema!!!
    Felicidades por su criterio informativo de profundidad y conciencia!!!
    Estaremos al tanto de sus publicaciónes futuras, gracias!!!

  4. LEOBARDO YBARRA MATUS /

    Toda la conmoción en los países árabes afectados por los recientes “disturbios juveniles de corriente democrática”, que ¡además utilizaron facebook y twitter para que fueran las “nuevas revoluciones virtuales”!, han sido distorsionadas ante la opinión pública mundial por los grandes consorcios de comunicación global como CNN.

    Veremos cómo reacomodan su agenda de desinformación con la tremenda tragedia que ha sufrido Japón.

    Un buen artículo, Alberto.

    Saludos.