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CUANDO EL MIEDO NOS ALCANCE

CUANDO EL MIEDO NOS ALCANCE

Ago 27, 2011

Será precisamente en ese instante, muy semejante al acontecido en el Casino Royale de Monterrey o en el Estadio Corona de Torreón, cuando el miedo nos alcance a los ciudadanos, el momento en el que el Estado mexicano desaparecerá, confirmándose el estatus de fallido considerado por el Gobierno norteamericano, y por consecuencia reinar el caos y la anarquía en nuestra comunidad, preponderándose la “Ley del más Fuerte” como premisa constitucional.

 

De hecho, cada vez más zonas de la República se encuentran en tal condición jurídico-social ante la evidente incompetencia de las autoridades policiacas (comenzando por las municipales, pasando por las estatales y terminando por las federales) por frenar el avasallamiento de los grupos delincuenciales, en pleno enfrentamiento por controlar diversas regiones del país, sin que gubernamental o socialmente encuentren freno alguno.

 

Al margen de ello, el ataque proferido contra asistentes al sitio de apuestas o el enfrentamiento registrado en el centro deportivo, siembra el terror entre los ciudadanos de aquella región del país, quienes seguramente no volverán a salir a descansar y entretenerse junto con sus familias por sus calles, como legítimamente tienen derecho, al advertir que no existe protección alguna por parte de las autoridades que eligieron para asumir las responsabilidades colectivas.

 

Las consecuencias de tal desaliento social son funestas: invitan a regresar a la prehistoria del “ojo por ojo, diente por diente”, a tomar las armas y la justicia por propia mano, y a conformar escuadrones vecinales de protección, además de faltarle al respeto a las policías e ignorar las leyes vigentes, creándose una psicosis generalizada de indefensión y por tanto aceptar las reglas que imponga el sujeto que mayor calibre ostente o se imponga por el número de armas que tenga a su disposición.

 

Peligroso y autodestructivo caldo de cultivo que viene construyéndose desde décadas atrás, gracias a la corrupción y ausente formación educativa y de valores entre los ciudadanos, junto con buena parte de su conveniente complicidad con los criminales, y que ahora en los últimos años pareciera recrudecerse al ser menos los valientes y responsables gobernantes que se atreven a contener un tsunami de criminales consecuencias que pareciera no tener fin.

 

Desafortunadamente no es una visión catastrofista, sino con sustentado contenido de realidad que crece cada vez más y que de no ponerse un alto al respecto, podemos esperar el colapso de México como país de instituciones, más aún si siguen confirmándose las versiones de que un amplio sector de grupos delincuenciales (incluidos cárteles del narcotráfico), aliado a un reconocido Partido político, estaría detrás de los ataques vertidos contra la población civil a efectos de socavar la credibilidad político-electoral del actual gobierno que mandata el Poder Ejecutivo Federal, y en consecuencia recuperar el control que antaño le perpetuó por más de 70 años.

 

Qué dramático sería darse cuenta de ello, hasta pasadas las elecciones del próximo primero de julio del 2012, advirtiendo que el arribo de otro Partido político al poder presidencial, signifique la paz y tranquilidad en las calles y áreas públicas, en la promesa de nuevos acuerdos tras bambalinas que permitan el avance en la comercialización de drogas y la sucesión de hechos delictivos, así como el otorgamiento de impunidades y cuestionadas concesiones, como persistió en décadas pasadas, cuyas polémicas situaciones creímos superadas.

 

A estas alturas, con un significativa penetración en las esferas sociales por parte del narcotráfico y la delincuencia organizada, se antoja más que imposible reconstruir un tejido social que ajeno a los valores y alejado de las aulas y la formación cívica, premia y acepta la ganancia fácil, los ingresos inmediatos, el éxito y la felicidad económica momentánea, con lo que el catastrófico escenario en lo próximo, pareciera advertirse inevitable… aunque todavía creo que los milagros pueden suscitarse a través del despertar de los muchos más mexicanos de bien, por sobre los connacionales que prefieren y hacen el mal.

 

Generaciones enteras de mexicanos nacieron, crecieron y se desarrollaron en un contexto ausente de la cultura del esfuerzo, del respeto asimismo, a sus semejantes y a las instituciones, del temor a Dios (como quiera que sea advertida su identidad), de la solidaridad con sus hermanos y padres, así como con los más desfavorecidos, del respeto a la vida humana o animal, de la tolerancia a la diferencia y la frustración, y de la comprensión a los fenómenos de la naturaleza… es por ello que ahora todos pagamos las consecuencias de un miedo que está a punto de autodestruirnos.

 

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