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De Frente al Poder: México, un peligro para Andrés Manuel

De Frente al Poder: México, un peligro para Andrés Manuel

Mar 12, 2018

Por Óscar Ábrego //

Vamos planteando un escenario probable: Andrés Manuel López Obrador resulta triunfador en la elección del próximo 1 de julio. Ok ¿Y después?

Sin lugar a dudas, AMLO ya ocupa un espacio en la historia política de nuestro país. Para millones de compatriotas representa la creencia de que el cambio profundo y verdadero está a punto de llegar gracias a él. No en balde es el político que mejor ha logrado capitalizar el enojo social. Y es justo en medio de este ambiente, que López Obrador tendría su desafío más importante.

Ganar la elección presidencial se vuelve poca cosa comparado con el reto que se avecina. Ha generado una expectativa tan gigantesca, que cualquier incongruencia en el ejercicio del poder podría derivar en una crisis de pronóstico reservado.

Andrés Manuel bien podría estar colocando, alrededor de sí mismo, la dinamita que explote si enciende los ánimos de un colectivo que espera demasiado de su amoroso proyecto de nación. La prueba de fuego como abanderado de la oposición ha sido superada, no así la de dirigir a un México en franca descomposición social y estructural.

Antes que todo, debemos considerar que su discurso ya no podrá ser el mismo que proclama desde hace más de dos elecciones presidenciales. Vamos, ni siquiera podrá hacer uso del mismo tono belicoso, en virtud de que ya no enarbolará sólo las causas de los pobres y los inconformes, sino el de todos los mexicanos, incluidos los millones que difieren de sus postulados.

Si es verdad que su idea de gobierno no es similar al de Venezuela, entonces deberá demostrarlo cuanto antes. Y es que hasta ahora su arenga se ha construido sobre la plataforma del combate a la corrupción y la impunidad.

En realidad no hay nada claro sobre el gobierno que quiere encabezar desde hace casi 20 años. López Obrador sólo acude a lugares comunes cuando se refiere a las necesidades de la gente.

De alcanzar su ansioso anhelo de ganar la elección, AMLO estará obligado a inyectarle sustancia a sus palabras. Es decir, le habrá llegado la hora de la verdad.

¿Andrés Manuel López Obrador está listo para devolver la paz a un país azotado por la delincuencia organizada y desorganizada? ¿Cuenta con un plan de acción inmediato para reorientar las fallidas reformas estructurales impulsadas por Enrique Peña Nieto? ¿A partir de qué concepciones y criterios abordará la crisis que padecen los sectores de la salud, educación y ciencia y tecnología, por citar algunos ejemplos? ¿En realidad tiene bajo el brazo un proyecto integral de nación que le permita maniobrar, con relativo éxito, algunas de sus promesas como lo son descentralizar las secretarías, brindar trabajo y escuela a jóvenes, incrementar la pensión a adultos mayores o garantizar la honestidad como forma de vida en México?

En lo personal, pienso que el dueño de Morena tiene frente a sí la gran oportunidad de conquistar su sueño porque encarna, a los ojos de muchos, “la esperanza de México”; sin embargo, algo también me dice que de sentarse en la silla presidencial, Andrés Manuel se sentirá incómodo y fuera de control. Una cosa es enfrentarse al sistema y otra muy distinta es integrarse al sistema.

Un país como el nuestro no lo puede transformar ni el Papa Francisco; no al menos en el corto y mediano plazo.

Un mejor porvenir para México no depende de López Obrador, ni de ningún otro político o partido. Las grandes transiciones comienzan con una nueva conciencia social, porque es a partir de una nueva conciencia colectiva, que surge el líder que se requiere para emprender el camino hacia el auténtico progreso y desarrollo nacional.

Y eso, lamentablemente, no lo veo ni lo siento con Andrés Manuel López Obrador… Pero tampoco en mi querido pueblo de México.

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