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DEL MAGREB A LA PATAGONIA

DEL MAGREB A LA PATAGONIA

Oct 1, 2011

Como réplicas de movimiento telúrico de la Primavera Árabe, que comenzó una masiva manifestación social ya en la mayoría de los pueblos de origen árabe, iniciando con los países del Magreb (Norte de África) –y algunos de Oriente Medio no árabes– éstas ya se extendieron fuera del epicentro de origen; las multitudinarias muestras de descontento social se han hecho sentir en países de “Primer Mundo” tales como el caso de España, Inglaterra, Francia, Alemania, Estados Unidos (comentado ampliamente en anteriores ediciones de Visor Internacional), Bélgica, Irlanda, Italia y otros países de la eurozona como Portugal y Grecia.

Los motivos de tales inconformidades sociales llegan a un mismo punto: el deterioro de las condiciones de vida del ciudadano promedio y la defensa de su futuro. El devastador terremoto y tsunami de Japón del 11 de marzo de este año, cuyo epicentro se localizó en el mar, frente a la costa de Honshu, 130 kilómetros al este de Sendai, en la prefectura de Miyagi, con magnitud de 9 grados en la escala de Richter –uno de los más fuertes registrados en la historia– cuyo saldo fue de decenas de miles muertos y desaparecidos, así como de centenares de miles de japoneses que con el pasar de los años se irán sumando a las víctimas, debido a los altísimos niveles de radioactividad –en algunas zonas cientos y miles de veces más altos de lo normal, llegando incluso a Tokio– a que estuvieron expuestos por la explosiones de los reactores de las nucleoeléctricas, Fukushima Daiichi I y II de la empresa Tokyo Electric Power (TEPCO), ha sido un evento catalizador en muchos países del mundo respecto a la preocupación de los temas nucleares y para exigir a sus gobiernos el cierre de plantas de este tipo, ya que ha evidenciado que por más avanzada que se encuentre dicha tecnología, así como sus sistemas de alta seguridad, nunca serán infalibles aunque logren reducir a un mínimo las probabilidades de accidentes, comprometiendo de manera tácita el futuro de las generaciones venideras.

Estas manifestaciones en contra de la utilización de tecnología nuclear, se encendieron como pólvora. Se dejaron sentir en Francia, España, Alemania, Japón, Estados Unidos, Finlandia, Dinamarca, Italia, Chile y otros tantos países de distintas latitudes que usan este tipo de reactores para la generación eléctrica.

En Alemania, por ejemplo, más de 250 mil manifestantes marcharon por las calles de cuatro de sus principales ciudades (Berlín, Munich, Hamburgo y Colonia) durante varios días, protestando en contra de su canciller Angela Merkel y su política de alargar la utilización de las centrales nucleares alemanas en 12 años más en 17 de ellas, apenas cinco meses antes desastre en Japón, aun cuando éstas ya habían expirado su vida útil desde hacía años. Esto la obligó a ordenar el cierre temporal de algunas y un período de revisión de varios meses de las centrales nucleares alemanas, una maniobra política que siguió inconformando a los ciudadanos teutones.

Hace algunas semanas, a inicios del mes de septiembre, los resultados del descontento alemán con su actual gobierno y sus manejos, no sólo en lo que respecta al tema nuclear, sino también en el económico, se dejó sentir. En una muestra de la creciente disconformidad de los alemanes con el modo en que su gobierno manejó la crisis de la Unión Europea, el partido de la canciller Angela Merkel sufrió una dura derrota en Mecklemburgo-Antepomerania, nordeste de Alemania, donde volvieron a imponerse los socialdemócratas.

La sexta de siete elecciones regionales previstas para este año en Alemania confirmó la tendencia de las anteriores: un retroceso de la Unión Cristiano Demócrata (CDU por sus siglas en alemán) de Merkel, la debacle de su socio de gobierno, el Partido Liberal (FDP), el avance de los socialdemócratas (SPD) y la consolidación de Los Verdes como tercera fuerza del país (AFP, 5/9/11).

Merkel, presidenta de su partido desde el año 2000 y canciller alemana electa en 2005, es la primera mujer en asumir la jefatura de Gobierno desde el nacimiento del Estado Alemán en 1870 y la primera en gobernar Alemania desde los tiempos de la Emperatriz Teófano Skleraina (956-991); y también es la primera persona originaria de la extinta República Democrática Alemana (RDA) en asumir dicho cargo. Actualmente es considerada por muchos, como una de las cinco mujeres más poderosas del mundo.

La derrota de la CDU, puede ser la antesala del resultado en las siguientes elecciones federales en Alemania en 2013. La sociedad alemana, a pesar de sus conflictos internos –muchos de ellos derivados de la conformación de la Unión Europea y la reunificación de las dos Alemanias (RFA y RDA)– es una sociedad fuerte e informada, que no perdona, ni olvidará, las fallas de su gobierno, mucho menos los engaños a los que han querido someter al pueblo alemán, usando el discurso demócrata, pero que en muchas ocasiones en sólo eso ha quedado, palabras, más no hechos.

Como en Alemania, lo mismo está sucediendo en muchos otros países, que le apostaron con su voto, al discurso de lo que querían escuchar a través de sus candidatos políticos, pero que ya en el poder, retoman sus verdaderas intenciones. Nada raro en la política actual.

Chile, por ejemplo, está siendo el escenario desde hace meses ya, de protestas sociales que buscan defender los derechos humanos y civiles de su población, no sin estar viviendo, a la par, de represiones violentas del gobierno de Sebastián Piñera.

El hermano pueblo de Chile, que en 2010 también celebró el bicentenario de su supuesta independencia, es en este momento donde la efervescencia del activismo social está tomando mayor fuerza, peso y altura.

Con el antecedente de los más importantes movimientos sociales de la última década en América Latina (ejemplos claros como la crisis del 2001 Argentina; la guerra del gas y del agua en Bolivia; las crisis políticas en Ecuador; todas con grandes movilizaciones, y las llegadas de gobiernos de izquierda en Bolivia, Ecuador, Paraguay, Uruguay, Brasil, Venezuela, Perú, y en algunos casos el desarrollo de asambleas constituyentes), Chile pone de manifiesto que la lucha social para los pueblos conquistados en América por las potencias europeas de los siglos XVI y XVII –con España a la cabeza– cobra una fuerza nunca antes vista.

Con la llegada de Sebastián Piñera a la presidencia de Chile en 2010, se regresó a las prácticas políticas y económicas que el pueblo suponía se habían quedado atrás en la historia con la salida de Augusto Pinochet del poder político en el país, actualmente, nada más lejano de estos sueños democráticos guajiros.

A ver, ¿quién puede contradecirme?

Acaso los que vencieron al español en los campos de batalla, ¿pensaron alguna vez en la libertad del pueblo? Los que buscaron la nacionalidad propia, los que quisieron independizarse de la monarquía buscaban para sí esa independencia, no la buscaron para el pueblo.

¡Celebrar la emancipación política del pueblo! Yo considero un sarcasmo esta expresión. Es quizá una burla irónica. Es algo así como cuando nuestros burguesitos exclaman: ¡El soberano pueblo…! Cuando ven a hombres que visten andrajos, poncho y chupalla. Que se celebre la emancipación política de la clase capitalista, que disfruta de las riquezas nacionales, todo esto está muy puesto en razón.

Nosotros, que desde hace tiempo ya estamos convencidos de que nada tenemos que ver con esta fecha que se llama el aniversario de la independencia nacional, creemos necesario indicar al pueblo el verdadero significado de esta fecha, que en nuestro concepto sólo tienen razón de conmemorarla los burgueses, porque ellos, sublevados en 1810 contra la corona de España, conquistaron esta patria para gozarla ellos y para aprovecharse de todas las ventajas que la independencia les proporcionaba; pero el pueblo, la clase trabajadora, que siempre ha vivido en la miseria, nada, pero absolutamente nada gana ni ha ganado con la independencia de este suelo de la dominación española. Tal es así que los llamados padres de la patria, aquellos cuyos nombres la burguesía pretende inmortalizar, aquellos que en los campos de batalla dirigieron al pueblo-soldado para pelear y desalojar al español de esta tierra, una vez terminada la guerra y consolidada la independencia, ni siquiera pensaron en dar al proletariado la misma libertad que ese proletariado conquistaba para los burgueses reservándose para sí la misma esclavitud en que vivía.

–Luis Emilio Recabarren (destacado político chileno, padre del movimiento obrero chileno revolucionario,1876-1924)–.

 

E-mail: albertogomez.consultor@gmail.com