Portal informativo de análisis político y social

Don Enrique Romero y la calidad educativa auténtica

El pasado 3 de febrero, en sesión solemne del Honorable Consejo General Universitario, el licenciado Enrique Romero González recibió el grado de Maestro Emérito. El valor del maestro Romero –como jurista, académico, político, funcionario y juez– adquiere una mayor dimensión en estos tiempos de crisis educativa, en el que la calidad profesional deficiente es la regla y la formación de excelencia es una excepción, cada día más rara.

Enrique Romero González representa la conciencia viva del Derecho Civil en Jalisco. Nacido en 1923 en Ahualulco de Mercado, a don Enrique le tocó ser testigo del nacimiento de los tres códigos más importantes para el Derecho Privado en el Estado: el Código Civil Federal de 1928, el de Jalisco de 1936 –encargado a don Alberto G. Arce– y el vigente en nuestra entidad desde 1995. Durante más de 60 años, el maestro Romero analizó estas legislaciones, con la agudeza mental y contundencia con la que atendía los asuntos jurídicos.

“Las obligaciones dan vida al Derecho”, esta frase, escuchada por varias generaciones de alumnos que acudieron a su cátedra de Teoría General de las Obligaciones, es parte de su impronta, de la huella moral e intelectual que, como jurista, dejó en las mentes cuyo discurso tocaba.

Don Enrique es el ejemplo del académico responsable. Con puntualidad y apariencia impecable, acudía a impartir su clase a las siete de la mañana, ni un minuto antes o después de esa hora. Aunque sus deberes en la función pública –en el Poder Judicial, el Notariado, la Sindicatura del Ayuntamiento de Guadalajara y la Secretaría General de Gobierno del Poder Ejecutivo de Jalisco– implicaban intenso trabajo cotidiano, el maestro Romero siempre dio sus clases universitarias y aplicó sus exigentes exámenes, que eran fiel reflejo del rigor con el que explicaba y atendía cada una de las instituciones jurídicas que abarcaban su cátedra.

Los abogados que durante cuatro décadas estudiaron en la Universidad de Guadalajara deben a don Enrique su formación esencial como juristas: quien sabe Teoría de las Obligaciones sabe Derecho y el maestro Romero, consciente de ello, se comprometió día con día a que los jóvenes que entraban a su curso salieran de éste hechos abogados. Don Enrique y su cátedra se volvieron una identidad: las obligaciones son la columna del Derecho Civil y el maestro Romero es el pilar formativo de los abogados que conforman la parte más selecta y talentosa de la clase jurídica en Jalisco.

Quienes tenemos el honor de ser discípulos del maestro Romero podemos dar testimonio de que su vida es un ejemplo de esfuerzo con resultados, de talento aplicado, de inteligencia con disciplina, de libertad con responsabilidad, de generosidad con lo que se sabe y de gratitud con su universidad.

Hoy hacen falta maestros que cuenten con las enormes cualidades del licenciado Enrique Romero González, conciencia jurídica de Jalisco. Sin embargo el modelo actual desechó la exigencia, el rigor, la responsabilidad de enseñar y el conocimiento preciso de la cátedra, para sustituirlos por la aceptación de la incompetencia, la cultura del papelito burocrático, la falta de compromiso con la enseñanza y la superficialidad en la docencia. Este nefasto cambio se apoya en una excusa falaz: “lo actual” es que el profesor ya no sea quien enseña, sino que funja como un mero facilitador del aprendizaje, evaluado desde la subjetividad de las simpatías o animadversiones que genere y no de su capacidad para transmitir el conocimiento y formar el pensamiento. Por el bienestar de México, debemos volver al modelo educativo de responsabilidad, sabiduría y exigencia que don Enrique Romero abanderó cada día de su intensa vida académica.

oscarconstantino@gmail.com