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Dulces 16

La visita relámpago a Guadalajara del presidente del PAN, Gustavo Madero, le sirvió a Emilio González como plataforma para tratar de convencer que sí puede enfrentarse duro y a la cabeza con Enrique Peña Nieto, gobernador del Estado de México y hasta el momento, quien ganaría las elecciones del 1 de julio de 2012.


En ese round de sombra, el Gobernador dio cifras del INEGI y aseguró que las familias jaliscienses tienen un ingreso salarial en promedio de 14 mil pesos. La nota y la cifra pasaron inadvertidas y no alcanzó el nivel de escándalo como en su momento sí ocurrió con el secretario de Hacienda y aspirante a candidato, con sus famosos seis mil pesos que son suficientes para casa, auto y colegio particular.


El contexto le sirvió para –según su apreciación– demostrar que Jalisco es mejor que el Estado de México, en varios indicadores. Emilio González dejó en claro que sí estaría dispuesto a un tête à tête con el Gavioto. Claro que en este pre debate no hubo una voz contraria que lo cuestionara.


Sin embargo, curiosamente, ni en las redes sociales el tema de los 14 mil mensuales (en realidad dijo 42 mil pesos trimestrales) se dimensionó como los seis mil de Cordero.


Aquí sí podemos hablar de una sepultura política, de la que es muy improbable que resucite. Emilio considera que la mentada o el asquito, han quedado en el Alzheimer social que nos caracteriza, y que en su momento, en un debate real, equilibrado, saldría avante.


Claro que en ese monólogo no citó a los ejecutados, la inseguridad, el desempleo, los gastos de campaña, la acusación del IFE, o el fracaso de sus monumentos viales. En ese monólogo de sus virtudes y los defectos del otro, arremetió contra en PRI y lo culpó de nuestros males en el tema del narcotráfico: “¿Ellos qué obtuvieron?, ¿obtuvieron dinero?, ¿obtuvieron recursos para enriquecerse a costa de la sangre de muchos jaliscienses que están dando su vida y de la tranquilidad de nuestras familias?”.


Ese guión retador dio resultado en Jalisco con Alberto Cárdenas, y a nivel país con Vicente Fox. En ambos casos, el electorado los compró.

Pero 16 años consecutivos de gobiernos estatales panistas en Jalisco, el argumento es refutable: si en ese lapso no pudieron con la herencia maldita, entonces ¿qué demonios hicieron en estos años?


Si en estos dulces 16 no pudiste, tal vez haya otros que sí. No dudo de los pactos de antaño, pero sí cuestiono el revivir al villano favorito.

Las huestes panistas del Gobierno de Jalisco han encontrado en el rizzogate (la declaración del pasado 24 de febrero del ex gobernador de Nuevo León, Sócrates Rizzo) la moneda de cambio para el juego sucio que tan bien les sale: “De alguna manera se tenía resuelto el conflicto del tránsito (de drogas); yo no sé cómo lo hayan resuelto otros gobiernos, pero había un control y había un estado fuerte y un presidente fuerte y una Procuraduría fuerte y había un control férreo del Ejército y entonces de alguna manera decían ‘tú pasas por aquí, tú por aquí, pero no me toques aquí estos lugares’; algo pasó”.


La cantaleta de culpar al pasado de los errores del presente como un presagio del futuro es una melodía que han empezado a entonar en todos los ritmos. El Jalisco y el México del PAN y el México se parecen a los PRI en cuanto a corrupción, decrecimiento y desánimo. Para Emilio un evento como el de Checo Pérez es su pista a la carrera presidencial, pero calla en cuanto al dopaje de la gimnasta Rut Castillo, que fue imagen ilustre para promover los Panamericanos. En esa doble moral, todo sigue igual que siempre, nada cambia.


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