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EDOMEX vale por sí mismo

Un viejo mal amenaza con retornar a la política mexicana: el centralismo. Conforme se acerca el 2012, es más frecuente ver que se toman decisiones en las cúpulas partidistas nacionales sin considerar los destinos individuales y autónomos de los estados y los municipios.

El más claro ejemplo es el EDOMEX: durante los últimos meses ha estado en el centro de la política nacional, tanto por la muy probable candidatura de Enrique Peña Nieto a la presidencia de la República como por el relevo en la gubernatura.

Los perfiles de media docena de políticos mexiquenses han sido analizados exhaustivamente por editorialistas en medios nacionales, barajando sus posibilidades de obtener una de las candidaturas a gobernador. No pasa un día sin que se escuchen y lean apellidos como Ávila, Bravo Mena, Del Mazo, Encinas, Nemer, Vázquez y Videgaray.

Eso es sumamente inusual, pues los medios en la Ciudad de México escasamente voltean a ver las dinámicas de poder en los estados de la República, menos cuando —sobre el papel— sólo se disputa el poder de una de 32 entidades federativas.

Visión utilitaria de la política local

Algo con lo que difiero de los analistas de los medios de comunicación, con algunos líderes partidistas y con varios políticos involucrados en la elección de los candidatos a gobernar el Estado de México, es en ver la próxima elección sólo como una aduana hacia el 2012.

Para los gurús políticos, el EDOMEX es una pieza sacrificable en el ajedrez de la política nacional. Lo consideran una estación en el camino hacia la presidencia, un round de estudio, una escaramuza antes de la gran batalla del 2012. Condeno tajantemente esa visión.

Lo que habrá de jugarse en la elección de gobernador es nada más y nada menos que el destino político de los mexiquenses durante los próximos seis años, el cual no puede ser apostado como una ficha de casino.

Desde el punto de vista y los valores del humanismo político, toda comunidad vale por sí misma. Cada grupo humano tiene un destino individual, que debe ser respetado, aun cuando forme parte de un estado nacional.

La ética pública demanda que a cada persona y a cada comunidad se les respete, acatando la libertad y la autonomía que les son inherentes. Más todavía en el caso de un estado soberano.

Quienes hemos dedicado nuestra vida a pugnar por una República en la que auténticamente se viva el federalismo, en la que sea real la autonomía municipal y vigorosa la soberanía estatal, no podemos consentir que una entidad se subordine a intereses ajenos.

Lo que debe estarse discutiendo hoy no es el 2012, sino qué programas y que propuestas serán más benéficas para el destino de los mexiquenses. Es hora de revisar cómo apoyar a las familias, a la educación, a la seguridad y a la pujante industria del Estado de México, entre otros muchos temas.

Reconozco que no podemos ser ajenos a los grandes intereses que afectan las decisiones políticas cuando se avecina un relevo en Palacio Nacional, pero no por ello podemos atentar contra la dignidad política y humana de una comunidad. Aún no es hora de ver Los Pinos, primero hay que fijar la atención en Toluca.

Porque los pueblos, los estados, los municipios, no son alfiles ni peones. Todos son reyes. Ese es el espíritu del federalismo y del equilibrio democrático entre las entidades y la República.

 

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