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El despertar mundial

Es verdaderamente apabullante la cantidad de eventos de gran relevancia no sólo mundial, sino histórica de la humanidad que estamos observando estos últimos días.

En el marco de eventualidades que debemos analizar para tener un panorama general de los sucesos mundiales que a todos impactan están, entre otros, los referentes a la economía mundial.

Ahora menos que nunca podemos tener certeza alguna acerca del futuro lejano o mediano –si es que alguna vez la puede haber–, ni siquiera del inmediato. Las proyecciones prospectivas están tomando un papel de vital importancia actualmente tanto en el sector privado (corporativo), como en el público (instituciones gubernamentales), social (ONG’s) y educativo-académico, en los cuales no sólo es importante sino primordial, realizar este tipo de ejercicios de previsión.

Vivimos tiempos de grandes cambios en todos los ámbitos, que son poco comparables con cualquier otra época histórica de la humanidad. La interdependencia entre las naciones (económica, política, social, cultural, educativa, geoestratégica) es cada vez más fuerte y complicada. Las políticas económicas neoliberales –creadas por los intereses judío-sionistas– que han sido impulsadas principalmente por la agonizante hegemonía estadounidense –cual ariete pulverizador de los valores y la dignidad humanos–, han puesto de manifiesto que sus objetivos no son otros que la implantación de regímenes esclavistas y saqueadores de las riquezas naturales en los países pobres y débiles, en donde se localizan –para nuestra desgracia– la mayor parte de estos codiciados recursos.

Estos halcones de la democracia –mejor dicho buitres carroñeros– liderados por los Estados Unidos, seguidos de Francia, Italia, Holanda, y las Casas Reales Europeas (con la británica a la cabeza) están viviendo momentos extáticos que los obligan a trabajar a marchas forzadas. El aparato de la economía mundial –manejado desde los tronos reales– ha puesto en movimiento sus más letales piezas y estrategias ante la repentina y espontánea invocación a la rebelión popular que ha encontrado eco en muy diversas latitudes y culturas. Y cómo no iba a encontrar respuesta en los demás oprimidos mundiales, si apenas se puede subsistir y realmente no hay nada qué perder, ¡pues nada tienen…!

El reciente anuncio del G-7 (grupo conformado por las principales economías mundiales: Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) para intervenir en el mercado mundial de divisas es una clara señal de que se viene una gran batalla –de envergadura nunca antes vista– por el control de los recursos financieros mundiales; todo a partir de la devastación sufrida por el país del sol naciente a raíz del terremoto del pasado viernes 11, cuyos daños –según algunos cálculos bastante conservadores– fluctúan ya por el orden de los 250 mil millones de dólares. Esto sin contar los 183.5 mil millones que el gobierno nipón inyectó a su bolsa de valores a las pocas horas de ocurrida la tragedia para mantener a flote su economía y no se fuera a pique en cuestión de días.

Esto sin embargo ha representado por un lado, el alivio temporal para los ciudadanos japoneses cuyo legendario orgullo hemos visto reflejado en el mensaje televisado del emperador Akihito en su primera aparición ante las cámaras de televisión desde que inició su reinado hace 22 años. “Espero sinceramente que podamos impedir que la situación empeore gracias a los esfuerzos de todos los que participan en las tareas de socorro”, declaró el monarca, quien agradeció el trabajo de los equipos de emergencia, tanto japoneses como extranjeros.

El otro lado de la moneda al haber inyectado tal cantidad de dinero para sostener en la medida de lo posible los embates bursátiles mundiales en el índice Nikkei, es el resultado que ahora vemos, una sobrevaloración del yen japonés que, en apariencia, sería muy bueno pero que en la realidad augura –sobre todo para ellos, los japoneses– consecuencias verdaderamente funestas.

Esta sobrevaloración de la moneda japonesa se da a partir de dos factores principalmente: uno, la repatriación de divisas de inversores japoneses –que la economía mexicana empieza a sentir- y dos, la especulación mundial sobre su economía –algo así como apostar en las peleas de gallos– en donde sólo se pueden tener dos resultados: vivir o morir.

La economía nipona, la tercera más grande después de Estados Unidos (¿?) y China antes del terremoto, es posible que se mantenga en un lugar privilegiado pero a un precio muy alto.

Como sabemos, la economía estadounidense está por los suelos, mantenida precariamente como el rigor mortis del que muere empuñando una pistola cargada durante una feroz lucha, o sea, sin otro sostén que no sea la pistola misma. Es por esto que los falconiformes de la “democracia” mundial se aprestan a comenzar la que tal vez sea su batalla final, cuyo verdadero contrincante todavía no está a la luz, pero que además puede contar con valiosos aliados en esa mítica batalla de la que las futuras generaciones hablarán por siglos, cual epopeya clásica griega. Esta contienda comienza a definir detalles de lugares y tiempos, no muy lejanos por cierto. Algo tiene que ver la temporalidad del gran suceso deportivo a realizarse en el 2012.

Los mass media –principalmente estadounidenses–, controlados por los mismos intereses que manejan la economía mundial, han tratado de ocultar ante el mundo y ante el propio pueblo norteamericano, la gravedad de su situación económica y social. Sin embargo, como lo ha estado siendo en el Magreb (región norte de África), el internet y las redes sociales juegan un papel protagonista en el desarrollo de esta nueva revolución social mundializada.

Lo que comenzó en el estado de Wisconsin –prospectado en este espacio de Visor Internacional– se ha difundido ya a muchos otros estados de la Unión Americana. La “guerra de clases” que comenzó a librarse en la región de los lácteos –por excelencia– ha arreciado su marcha. Con la aprobación de leyes que buscan minar la fuerza de los sindicatos y condiciones de vida de los trabajadores, la resistencia hacia esta fuerza política ultraconservadora se ha incrementado también. Parece ser que el vertiginoso aumento en los combustibles, la alta tasa de desempleo, la pérdida del poder adquisitivo y el deterioro general de la microeconomía de nuestros vecinos del norte, han venido consolidando este despertar masificado.

La construcción de casas se desplomó 22.5 por ciento en febrero respecto de enero, su nivel más bajo desde abril del 2009 –el momento en que se sintieron los verdaderos efectos de la recesión económica– y el segundo más débil desde que se llevan registros hace más de medio siglo. Este informe dado a conocer por el Departamento de Comercio de Estados Unidos se suma a los factores de incidencia que avispan a las multitudes a manifestarse en contra de los opresores gobiernos del mundo –sin excepción del Tea Party–.

Las multitudinarias manifestaciones de protestas sindicales y civiles norteamericanas (anglosajones, minorías étnico-raciales y jóvenes incluidos) se extendieron a las capitales de los estados de Carolina del Sur, Texas, Maine, Maryland, Michigan, Indiana, Ohio, Idaho, Florida, Pensilvania y Washington en contra de recortes presupuestales en educación, salud y el gravamen de pensiones, así como el aumento de impuestos estatales para cubrir los supuestos déficits financieros estatales. Algunas de las manifestaciones más recientes han reunido a casi 200 mil ciudadanos en pie de lucha.

Parece que al presidente Barack Obama las cosas no le han salido nada bien –ni al pueblo que depositó su inocente confianza en él–. De gira por Latinoamérica, ha sido recibido por multitudes enardecidas en los países en los que el Air Force One aterrizó, tal es el caso de Chile, Brasil y El Salvador. De hecho, tuvieron que rehacer su itinerario de la gira, ya que ante las manifestaciones civiles de repudio hacia Estados Unidos y su política exterior, se eliminaron los eventos públicos que se tenían programados para que el presidente Obama dirigiera mensajes a las naciones latinoamericanas.

La gira promocional del American Dream por Barack Obama, es parte de una desesperada estrategia que implementa el gobierno de Estados Unidos buscando recuperar terreno perdido en América Latina –¡A Dios gracias!–, que ahora pertenece a los latinoamericanos y que empiezan a compartir –en sociedades de beneficio mutuo– con el dragón asiático: China, ya con un pie puesto en nuestro continente y con el otro pateando al águila calva fuera del territorio latinoamericano.

Parece que éste despertar es cada vez más fuerte y manifiesto en el mundo y… ¿nosotros, qué…?

E-mail: albertogomez.consultor@gmail.com