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EL FESTÍN DE LOS MARRANOS

EL FESTÍN DE LOS MARRANOS

Jun 19, 2011

Lo mío, lo mío, lo mío, no es la crónica; mucho talento hay que tener para poder narrar el acontecer diario, el pasar de los días, el quehacer cotidiano, o de narrar con pertinencia algún evento relevante; sin embargo, en esta ocasión correré el riesgo de quedar mal con mis pocos lectores al tratar de hacer un intento de crónica de un evento lleno de nostalgia de los cuarenta, cincuenta, y casi sesentones que por nacimiento habitamos ésta aún hermosa ciudad, y que disfrutamos de esos ochenta de manera especial.

La semana pasada se dio la inauguración de la Feria Internacional de la Música, organizada por la Universidad de Guadalajara y que preside, sí, lo adivinó, el licenciado Raúl Padilla López. Fue una inauguración sencilla, cosa que se agradece, con un breve discurso del rector Marco Cortés Guardado, al que le auguro un éxito en los años posteriores, como ya lo comenté en estas páginas hace algunas semanas.

Pero el tema en verdad relevante de esa noche, más allá de la inauguración, fue el reencuentro de una de las bandas de culto más representativas de ésta leal ciudad, EL Personal, que recién ajusta 25 años de andar rolando en Guadalajara. No fue el mejor concierto, ni el mejor sonido; en verdad pensé que el Teatro Diana estaría a reventar, pero no, escasamente los asistentes llenamos tres cuartas partes de la butaquería nueva de lo que fue el viejo cine del mismo nombre; pocos jóvenes, muchos que rebasamos los cuarenta, algunas camisas negras, cabellos largos para quienes aún tienen la fortuna de tenerlo, viejos amigos y una extraña mezcla de sentimientos por escuchar esas canciones que tarareamos hace tantos años y que aún siguen sorprendiendo por su irreverencia.

De tal suerte que vimos pasar por el escenario a Ugo Rodríguez, de Azul Violeta; a Sax, de la Maldita Vecindad; al infaltable, soberbio, polémico tapatío por adopción, como casi todos los integrantes de El Personal, José Fors, con inigualable voz, cantando “Nosotros somos los marranos”; al mismísimo Rubén Albarrán, de café Tacuba, entonar “Dale de comer al conejito” con un derroche de energía como sólo él sabe; al Maestro de Maestros Jaime López cantar la mítica “No me hallo”; a la poderosa voz de Pilar Reyes y al veterano de mil batallas Gerardo Enciso, que nos hizo desgañitarnos cantando a todo pulmón “La tapatía”.

Casi dos horas de recuerdos, de rememorar otro clásico tapatío, “El Festín de los Marranos” en la época de oro de Radio Universidad de Guadalajara, con el propio Julio Haro, Trino, Jis, Falcón, Paco Navarrete, entre otros, y una sección que me hacia rebotar de la risa, “Provocando a la censura”. No olvidemos que hablamos de fines de los ochenta, en donde el todavía partidazo era la única referencia en el Gobierno de México, más allá de la caída del sistema en la elección del 88, y en donde el chiste era decir palabras altisonantes al aire o frases ofensivas, esperando que algún día la Secretaría de Gobernación llegara a clausurar las instalaciones de la radio universitaria.

Sin duda una época extraña en Guadalajara, en esa Guadalajara tan conservadora en público y tan libertina en privado, en donde mejor se expresa ese mosaico de quienes tenemos la fortuna de haber nacido en ella, y de quienes por gusto o necesidad llegaron a la misma buscando una mejor oportunidad de vida y que tanto le han aportado al desarrollo de ésta, insisto, contradictoria metrópoli. En fin, un gran concierto, no por su calidad de audio, un gran concierto porque, sin duda, El Personal, Julio Haro, Pedro Fernández y Lalo Parra, le abonaron a la irreverencia como forma de ver la vida, de abrirnos los ojos a esas otra Guadalajaras que habitamos en la Vieja Central, en San Juan de Dios, en esa diversidad que hace tan rica la vida cultural, social, política y económica. Así que larga vida a esa generación que sacó a Guadalajara del closet, en todos los sentidos.

 

 

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