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En el nombre de Dios

Mucho se habla de la doble moral que viven sectores de la alta elite tapatía. Sobran los ejemplos. El caso Marcial Maciel, el padre fundador de los Legionarios de Cristo, mostró esa doble cara, cuando a ultranza, un buen número de seguidores no querían ver lo que la realidad nos mostraba. Así se descalificaban aquellas voces y rostros que frente a los ataques, tuvieron el valor de sostener las denuncias de las atrocidades que llegó a cometer este lobo con piel de oveja que por décadas engañó a todo mundo, con aquella doble vida que finalmente quedó al descubierto.

 

Se trataban de delitos abominables. Y hay quienes hasta agua bendita le echaban a las llamas diabólicas que afloraban por aquí y por allá. “Son ataques de los enemigos de la Iglesia… es amarillismo de los periodistas”, se argumentaba para restarle valor a los testimonios cuando se respondía o se comentaba el tema en familia o en grupo de amigos.

 

LA LECCIÓN DEL PADRE JUAN PEDRO

Me tocó escuchar el sermón en una ocasión del padre Juan Pedro Oriol en la capilla de Santa Rita en Chapalita, quien apesadumbrado salió al paso de lo que días antes el Papa Benedicto XVI había dado a conocer en torno al padre Marcial Maciel, al suspenderlo como religioso y aceptar tácitamente que aquél había obrado muy mal, traicionando con su conducta a Cristo.

 

El padre Juan Pedro, sin decir el nombre del Papa Benedicto XVI, cuestionó tácitamente la decisión del Santo Padre y se refirió a todo lo bueno que él recibió de Marcial, quien le cambió la vida, palabras más palabras menos. Pasó el tiempo y ante más evidencias, el sacerdote legionario muy a su pesar, tuvo que aceptar la realidad y el engaño que vivieron los miembros de los Legionarios. Así consideró necesario asumir una actitud de humildad y tener el valor de pedir perdón.

 

Muy difícil debió resultarle aceptar que el padre Maciel había sido un estafador. Los hermanos Oriol se entregaron a la causa de los Legionarios y ese fue su proyecto de vida: Santiago, Ignacio y Juan Pedro. Santiago decidió separarse de los Legionarios allá en España, después del megaescándalo, los otros hermanos han continuado con este grupo religioso.

 

Por supuesto que entre la comunidad de los legionarios hay muchísima gente de buena fe, positiva, que fue utilizada y engañada. Los sacerdotes Oriol son un ejemplo.

Sin embargo, Maciel queda como ejemplo de lo que se puede llegar en “el nombre de Dios”, cuando se carece de escrúpulos y de valores, cuando la perversidad es el sino.

 

EL CASO PABLO MORA

En este contexto es pertinente abordar el tema Pablo Mora, ese joven que le quitó la vida a Andrea Vaca por conducir en estado de ebriedad. Un grupo de amigos y compañeros de una Universidad confesional ha emprendido una campaña de desprestigio contra este medio, porque hemos seguido el caso y hemos denunciado la corrupción e impunidad que envolvió al proceso judicial y que en un reportaje especial aquí lo mostramos.

 

Esos que se dicen muy cristianos, nos dicen amarillistas y hablan de que hay que perdonar, como perdonó la madre de Andrea a Pablo. Pero, ¿cómo hablar de perdón, cuando no existe justicia, cuando se burlan de la ley y un acto irresponsable que termina en un resultado funesto que no es sancionado?

 

Como bien lo ha señalado Alma Chávez, presidenta de Víctimas de Violencia Vial, el mensaje de este acto criminal de impunidad a la sociedad es muy nocivo, a propósito de la lucha por salvar vidas, cuando se trata de concientizar que la combinación de alcohol y volante es una mezcla explosiva y altamente peligrosa. Quisiera ver cómo en esa institución educativa se enseñan valores, pero no en el discurso sino en la vida diaria, para no caer en esas conductas de una doble moral que tanto daño le ha hecho a la sociedad tapatía, una ciudad enferma de virus dañinos y destructivos.

 

Este domingo, los amigos de Pablo organizaron una marcha en nombre de “Pablo y Andrea”, pero más en el de Pablo que de Andrea, el victimario al que lo pretenden convertir ahora en víctima y que ha burlado la justicia terrenal. Me queda claro que la familia de Pablo Mora vive la tragedia y está inmersa en el infierno terrenal. Pero es el costo de la inconsciencia, cuando se pierde el control de los hijos. Eso es lo que deja el materialismo, el hedonismo y vivir sin valores.

 

Y con esos amigos, estamos frente a un caso de doble moral de la que hemos hecho alusión, quienes no aceptan que Pablo por irresponsabilidad sembró el dolor en un hogar. ¿Cuántos “Pablos” más tendremos en el futuro? ¿Cuántas “Andreas” pagarán con su vida el costo de la irresponsabilidad? ¿En esas condiciones podemos hablar de perdón?