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En la Mira: AMLO y Cifuentes

En la Mira: AMLO y Cifuentes

Abr 9, 2018

Por Óscar Constantino //

“Quien acude al tribunal de equity (equidad) debe venir con las manos limpias”.

Court of Chancery (Corte de Cancillería) de Inglaterra

Desafortunadamente, no es novedad que los políticos ejerzan la simulación académica: el problema grave es que se ostenten como campeones de la rectitud y los sorprendan con las manos en la masa.

El político profesional tiene un amplio instrumental para aparentar lo que no es: desde el uso de escritores fantasmas —para todo tipo de artículo, ponencia o discurso— hasta el empleo de forjadores de ensayos, tesis o libros. El grillo chafa no aspira a tanto: se plagia —fusila— textos de libros, copia de fuentes poco serias como la Wikipedia, recurre a sitios de monografías baratas (tanto en su contenido como en su precio) o de plano incumple los requisitos académicos que le exigen y «paga» por la omisión. Al parecer, ese último caso es el de Cristina Cifuentes, la presidenta de la Comunidad de Madrid.

La versión breve es la siguiente: los medios españoles revelaron que Cristina Cifuentes obtuvo, con notas falsificadas, su título de máster en derecho autonómico en la Universidad Rey Juan Carlos. Al parecer, una funcionaria de esa escuela entró, en 2014, al sistema de cómputo y cambió dos calificaciones de «No Presentado» a «Notable»… pero dejó rastro informático de su acción. La situación se complica porque Cifuentes exhibió un acta de titulación, cuyas firmas no reconocen dos profesoras del tribunal que aparentemente la examinó —la presidenta y una vocal—. El remate: Cifuentes no pudo presentar un solo ejemplar de su Trabajo Fin de Máster —o sea, la tesis—.

La historia es muy parecida a la de muchos fraudes sociales que hablan y pontifican sobre excelencia, rectitud académica, honestidad, acceso a la educación… pero no han escrito una carta de amor por sí mismos y su currículo es una autopista de estafas. El inconveniente principal no es que Cifuentes —Alzati, Firulais el porro o un candidato— no presenten sus trabajos y se ostenten como si los hubieran hecho… sino que estos personajes son los verdugos públicos que sacan lanzas, sogas y hachas para castigar a todos aquellos que no entran en su definición de rectitud —que, obviamente, ellos mismos no cumplen—.

En una columna fantástica en El País Semanal, Javier Marías nos señala que la rectitud puede convertirse en algo siniestro, excesivo (las negritas son nuestras):

«La rectitud —el concepto que cada cual tenga de ella— debería atañer tan sólo a nuestro comportamiento individual, es decir, a nuestro propósito de no hacer esto o lo otro, de regirnos por unos principios o normas más bien intransferibles y ceñirnos a ellos en la medida de lo posible. El exceso se da en cuanto alguien no aspira tan sólo a eso, sino a que los demás adopten su código particular y comulguen con él, por las buenas o por las malas. Entonces el recto se convierte en censor, en prohibicionista, en inquisidor y en dictador. Ese recto en exceso no se conforma con no fumar ni beber ni drogarse (…), sino que pretende que nadie fume ni beba ni se drogue, etcétera, y que cada represión suya sea aplaudida y ensalzada».

Nuestros políticos son peores que el recto excesivo que relata Marías: esperan que los demás sigan un código de conducta que ellos mismos no cumplen.

A la fecha, la UNAM se ha negado a poner en acceso por internet la tesis de licenciatura de Andrés Manuel López Obrador (AMLO). No estamos en 1990 para que el acceso al documento requiera cita y un disco compacto. Tiene razón AMLO cuando dice que el sistema de transparencia mexicano no sirve: la falta de acceso a su tesis lo confirma.

En México, si bien puede disculparse que un candidato tarde catorce años en titularse, su promedio de siete, exceso de extraordinarios y tesis escondida hacen dudar de que AMLO cuente con la rectitud suficiente para exigir matrícula universal y conductas honestas al prójimo… y eso aplica a todos los demás estafadores sociales de la misma clase: si no tienen las manos limpias, lo mejor es que guarden silencio.

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