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EN LA MIRA | Apagón nada lógico

EN LA MIRA | Apagón nada lógico

Oct 31, 2015

La televisión es el medio de consumo cultural más importante del país: 99 por ciento de los mexicanos se informan y divierten por esa vía. ¿Cuántos de ellos pueden acceder a la televisión digital, que sustituirá al sistema analógico aún en funcionamiento?

Pocos, a pesar de los apoyos y ayudas que brinda el gobierno: existen 55.3 millones de pobres, equivalentes a 46.2 por ciento de la población mexicana, que no podrán recibir o comprar un televisor digital. La televisión analógica se puede captar hasta con un aparato de bulbos de más de 40 años, mientras que los equipos digitales son necesariamente nuevos o con muy poca antigüedad.

El «apagón analógico» no sólo es un mal negocio para los grandes concesionarios de televisión abierta comercial (que necesariamente tendrían menores audiencias, ante la imposibilidad de que todos los televidentes actuales cuenten con receptores digitales), también es la cancelación del acceso a cultura y entretenimiento para un segmento social que carece de recursos para informarse por la prensa o la Internet: para mirar la televisión no se requiere manejar sistemas operativos o aplicaciones, pagar suscripciones o contar con altísima cultura, basta con tener un receptor, ni siquiera es indispensable que se cuente con un contrato de servicio eléctrico, ya que, en las zonas más menesterosas, a veces pueden encontrarse televisores conectados de forma ilegal a un poste de corriente.

Y ahora pueden pelearse Javier Lozano y el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), pero lo cierto es que tanto el senador panista como el órgano regulador no consideraron la realidad de casi la mitad de la población del país: no todos pueden contar con la tecnología propia del siglo XXI. La situación actual es producto de los errores de los legisladores, de la presidencia de Calderón y de una clase ilustrada que sigue separando a la sociedad en Morlocks y Elois, como si la realidad fuera una fantasía posapocalíptica de H.G. Wells.

Sin duda que existen suficientes fuerzas económicas para lograr que el apagón analógico se posponga, pero, más allá de la reclamación chaira contra Televisa y TV Azteca, la pregunta es cuál es la mejor estrategia para la sociedad mexicana: ¿sirve contar con más canales de televisión, si los contenidos ofertados siguen siendo de mala calidad? ¿Tiene sentido «combatir el duopolio» cuando ya fue evidente que los inversionistas mexicanos no pudieron, en todos los casos, sostener las nuevas concesiones asignadas? ¿Debería abrirse totalmente el mercado y que NBC, CBS, ABC, BBC y otras corporaciones extranjeras compitan por las audiencias nacionales?

En pocas palabras, ¿qué modelo de televisión queremos para México? Porque las reformas emprendidas no garantizan productos diversos a los realities, telenovelas, concursos, programas de variedades y de comentaristas de espectáculos que actualmente proliferan en la pantalla. Existe el Elysium de Netflix y la televisión restringida premium, donde la cultura, las artes y el análisis están a disposición de todo aquel que tenga las ganas de conocer y el poder de pagar. Para el resto, está el inframundo de las lumpen producciones, plagadas de todos los lugares comunes de la violencia, ignorancia y subdesarrollo.

No, de nada sirve cambiar la plataforma analógica por la digital si los contenidos no son mejores: es el equivalente a cambiar el agua sucia de un viejo cántaro a un vaso moderno. Lo que se necesita es un modelo de televisión que ayude efectivamente a cambiar la historia cultural de México, no un esquema que perpetúe la cultura chatarra audiovisual…

oscarconstantino@gmail.com