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EN LA MIRA | Autoritarismo y gobierno efectivo

EN LA MIRA | Autoritarismo y gobierno efectivo

Jun 6, 2015

La suspensión de la evaluación de docentes tiene un cuestionamiento, más allá de la coyuntura política de este domingo: ¿estamos preparados para tener gobiernos eficaces?

La pregunta no es retórica.

A todos les gustan las autoridades que actúan, salvo cuando son destinatarios de su poder. Aplauden rabiosamente la clausura del antro que no nos deja dormir, pero exigen impunidad cuando la grúa se lleva el auto con el que taparon una cochera. Y esa doble moral no es atributo exclusivo de una sola clase, permea todos los niveles socioeconómicos y culturales: el millonario no quiere pagar impuestos «porque da empleos» y el chairo cree que tiene derecho al pase automático a la licenciatura, aunque tenga promedio de 70.

Los mexicanos hasta tenemos un refrán ranchero para describir ese divorcio entre las normas para uno y las reglas para los otros, que evidencia lo internalizado de esa cultura del doble estándar: hágase la voluntad del Señor en los bueyes de mi compadre.

¿Cómo podemos tener Estado de Derecho si los primeros que piden excepciones son aquellos que exigen el cumplimiento exacto de la Ley, pero sólo en los casos en que es aplicada a los demás?

Vaya, incluso la reforma de Amparo canceló la posibilidad de suspender actos de autoridad en ciertos casos, porque los riquísimos concesionarios de la telefonía eran los primeros que se saltaban las reglas generales, vía una resolución de un Juez de Distrito. Bajo esa lógica absurda, si los ladrones se suben a los árboles para asaltar, hay que quemar los bosques.

Queremos ciclovías, pero circulamos con nuestras bicicletas por encima de las banquetas y en sentido contrario. Exigimos transparencia en los trámites de gobierno, pero no falta el que busca a un amigo que le dispense un requisito (o a un magistrado que se lo cancele). Nos escandalizamos con los bloqueos de la Ceteg, pero tenemos 50 años de mala formación en Matemáticas, Historia, Ciencias exactas, Economía, Civismo, Gramática y Literatura… y de eso no nos habíamos escandalizado.

Y no es un problema exclusivo de gobernantes o gobernados, tiene que ver con «_la cultura del chingón_», a la que hace referencia Octavio Paz en El Laberinto de la Soledad: sólo el que saca ventaja al prójimo es brillante o triunfador.

El daño a los demás como evidencia de éxito. En eso se resume la cultura de la impunidad mexicana.

En una sociedad fincada en la impunidad y el doble estándar, no sorprende que se haya reducido el concepto de democracia a una perspectiva electoral, con la creencia de que mágicamente todos los problemas se resolverán porque se depositó un voto cada tres años.

El sistema electoral es un reflejo más de esa cultura del no compromiso, igual que el sistema económico y el jurídico. Y, quienes deberían repensar los sistemas, se han instalado en la comodidad de pontificar en conferencias y grupos deliberantes: hacen progresismo enfundados en Armani y Louis Vuitton.

Estrenaremos autoridades y, con independencia del color que tengan, las necesidades sociales son las mismas: seguridad, ingresos estables y dignos, viviendas de dimensiones decentes y cercanas a los centros de producción y convivencia, servicios públicos de calidad, tranquilidad y paz.

Pero esto no puede garantizarse si al gobierno se le califica de autoritario o efectivo solo porque castigó a nuestros amigos o sancionó a nuestros adversarios.

Se necesita una autoridad que actúe, pero para ello también se requiere una sociedad que no busque saltarse las trancas en la versión más perversa del iusnaturalismo convenenciero: es injusto todo aquello que no me beneficia.

Cada renovación de cargos públicos es una nueva oportunidad para el país. Exijamos a los nuevos gobernantes, pero también cumplamos con nuestra parte, haciendo que el Derecho se respete todos los días. No es imposible: eso lo hacen los países con buena calidad de vida.

Sin ese compromiso social, las medidas de ocasión, como la suspensión de la evaluación docente, seguirán siendo el pan amargo de todos los días. ¿Queremos gobiernos efectivos? Tengamos sociedades cumplidas y exigentes. No sólo se puede: ya es tiempo de que suceda.

 

oscarconstantino@gmail.com