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En la Mira: Bartlett y la pinza

En la Mira: Bartlett y la pinza

Ago 2, 2018

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Por Óscar Constantino //

Aún no toma posesión y AMLO marca la nota diaria con sus decisiones. No obstante, en varios casos esa relevancia es crítica o de plano negativa, como sucedió con el anuncio de Manuel Bartlett como titular de la Comisión Federal de Electricidad.

Bartlett no es especialista en servicio eléctrico, tampoco es ingeniero y, como abogado, no tiene una carrera destacada en litigios que involucren las funciones o actividades de ese organismo. En pocas palabras, su vínculo cotidiano con la CFE se reduce a usar corriente eléctrica en su casa y oficina.

A la falta de un perfil técnico para esa función, a Bartlett lo sigue el fantasma de su trayectoria en los gobiernos priistas, en la que resalta su papel como responsable del proceso electoral de 1988, en el que se le atribuye la famosa «caída del sistema» y un fraude para evitar que el PRI perdiera la presidencia.

Que Manuel Bartlett se formó en la línea dura del PRI no es novedad alguna. En estos días, en redes sociales se desempolvó una narración de Vicente Leñero, en la que relata las amenazas contra su familia, formuladas para evitar que la revista Proceso publicara, en 1983, un reportaje sobre abusos de poder, ordenados por Bartlett en territorio venezolano, contra sus sobrinos. El colofón es que Leñero y don Julio Scherer prefirieron omitir el reportaje y así evitar que se concretaran los amagos gubernamentales expresados por José Antonio Zorrilla, titular de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), a la postre señalado como autor del homicidio de Manuel Buendía y preso por esta causa en 1989.

En efecto, Bartlett nunca se anduvo por las ramas. En los ochenta, esa actitud y logística daban prestigio político a un operador gubernamental: la dureza y efectividad eran atributos de los detentadores del poder más valorados. La amenaza, el chantaje, la revancha, la calumnia, los accidentes de los enemigos y las desapariciones, eran parte básica del modus operandi de la época.

Pero, lo que hace casi 40 años era prestigioso, hoy es materia de crímenes de lesa humanidad. La oposición ha tenido en Bartlett a su bestia negra: la que reprime, hace fraudes electorales y se llena las manos de suciedad para desprestigiar a sus adversarios. En el imaginario histórico de la izquierda, Salinas de Gortari, Díaz Ordaz y Bartlett tienen un lugar especial como seres del mal.

No obstante, la designación de Bartlett pone en aprietos a los propagandistas del nuevo régimen: ¿cómo se hace de Caifás un apóstol de Cristo? La respuesta mueve a la risa: convirtiéndolo en Pablo después del camino de Damasco. A semejanza del apóstol de los gentiles, Manuel Bartlett pasó de perseguidor de la verdad a defensor de la fe auténtica, fue convertido por la luz… y dejó el mal priista para constituirse en campeón del proyecto alternativo de nación. No, no es exageración: eso es lo que alegan algunos de los morenistas, conflictuados por una decisión de AMLO que no logran comprender.

Pero, más allá de lo absurdo de la situación, el análisis político exige preguntar por qué AMLO decidió incorporar a Bartlett en una entidad pública. ¿No le importa la opinión de sus militantes y electores? ¿No se percata de lo que sucede? ¿Hay alguna explicación racional de esta medida? A pesar de lo que parezca, existe una posible razón para designar a alguien tan impopular entre las huestes de la izquierda morenista.

Y esa razón es la contención de las fuerzas opositoras duras.

No es un secreto que el Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (Suterm) es fundamental en la fortaleza de la CTM y, por ende, del sindicalismo priista. Si bien la CFE tiene cuadros morenistas, el núcleo duro del Suterm permanece en ese organismo público y un técnico de trato suave no era idóneo para enfrentar a quizá el último reducto fuerte del priismo obrero.

Sí, Bartlett no le entiende al servicio público eléctrico, pero tiene décadas de controlar a manazos a todo tipo de adversarios políticos. A diferencia del imaginario molotovesco de los simpatizantes morenistas, Bartlett no es un San Pablo de Macuspana, es el Micheletto Corella del líder tabasqueño. Le toca hacer lo mismo que practicaba en Gobernación: lograr el temor de los contrarios, porque el gobernante debe intentar ser amado y temido, pero, si bien el amor es optativo, no lo es el hacerse temer (sin llegar a ser aborrecido).

¿AMLO corre el riesgo de que la designación de Bartlett transforme el amor electoral en odio ciudadano? Se encuentra en la delgada línea roja: el gobernante efectivo sólo lastima cuando es indispensable, de lo contrario, puede encontrar su perdición en aquellos que dañó (por más pequeños e irrelevantes que sean)…


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