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EN LA MIRA | Bestias en dos piernas

EN LA MIRA | Bestias en dos piernas

Sep 5, 2015

La última quincena tiene un recuento de actos crueles contra animales que pone en duda si la racionalidad es un atributo de los humanos: desde Foxy (la perrita callejera atacada por dos sujetos que se valieron de una pitbull) hasta Canela (otra pitbull que fue pateada con tal crueldad que perdió sus crías y la movilidad de sus patas traseras), el común denominador es la violencia asesina contra seres indefensos.

Las sanciones por maltratar animales son ridículas y evidencian el diseño deficiente de la ley. Si alguien tenía dudas sobre la ineficacia de esa norma, la agresión cotidiana de perros y gatos demuestra lo que en su momento señalamos: la ley es insuficiente, delimita mal el problema y señala remedios inadecuados. Si un par de sujetos, después de golpear a un perro y amenazar a quien los filma, tienen la posibilidad de obtener la libertad bajo caución, el mensaje es que maltratar animales es, para todos los efectos prácticos, igual de grave que gritar groserías en la calle o tomar alcohol en la vía pública.

Y no se trata de condenar a cadena perpetua a quien agrede a un perro, sino de que el sujeto remedie el daño y existan incentivos efectivos para que no lo vuelva a hacer. La receta podría incluir al servicio comunitario recogiendo excremento de animales en la calle, la educación especial para que destierren de su mente la práctica de la violencia contra otros seres y, obviamente, el pago de todos los tratamientos que requiera el animalito atacado. Sin embargo, el aspecto sancionatorio apenas atiende una parte del problema: mientras se vendan mascotas de forma indiscriminada y abandonarlas sea tan sencillo como botarlas en un parque, la cadena de agresiones no concluirá.

La violencia activa contra los animales es sólo una de las facetas de este monstruo de mil caras, va un ejemplo de la complejidad del asunto: algún sujeto con poca inteligencia tuvo la pésima idea de abandonar a su perro en el bosque «para que fuera libre». Otros tipos, igual de lerdos, tuvieron la misma práctica. El resultado: jaurías salvajes, que son de gran peligro para los visitantes de las áreas verdes donde se dejaron a los que una vez fueron animales domésticos. ¿Ahora qué hacemos con las consecuencias de la estulticia de esos individuos irresponsables? No faltará el que proponga el exterminio, otros sugerirán el rescate y redomesticación de estos pobres canes. Como es obvio, los políticos siempre le apuestan a la solución más simple (o simplona): así pasó con las autoridades ucranianas que masacraron más de 80 mil perros callejeros para preparar la Eurocopa 2012 (hasta que la UEFA les puso un manazo a los torpes políticos de ese país de Europa del Este).

Incluso si a usted, amable lector, no le importan los animales, este tema es de importancia para su salud, por la contaminación del aire que implican los excrementos de 200 mil perros callejeros que existen en Guadalajara. Mientras no logremos que cada perro y gato sea esterilizado (sí: cada perro y gato) y tenga registro, este problema seguirá expandiéndose. Los únicos que deberían reproducir mascotas deberían ser los criadores profesionales: el modelo en el que cualquier particular propicia nuevos cachorros es inaceptable y de una torpeza inexcusable.

En suma, se necesita que, con inteligencia y escuchando a especialistas y activistas, se diseñe un nuevo marco regulatorio y una política pública efectiva para resolver el problema de la proliferación de animales callejeros, así como para evitar la multiplicación de bestias en dos piernas que los maltratan. Ojalá el sistema de «intercambio de cartitas», con el que se aprueban la mayoría de las malas leyes locales, se acabe y empecemos a tener normas inteligentes. Como académico, analista y propietario de perros y gatos rescatados, creo que ya es hora de que se acaben las simulaciones legislativas en esta materia: vamos muy tarde en este tema.

oscarconstantino@gmail.com