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EN LA MIRA | #BiciLey del embudo

EN LA MIRA | #BiciLey del embudo

Sep 24, 2016

«Si entre las muchas verdades eliges una sola y la persigues ciegamente, ella se convertirá en falsedad, y tú en un fanático».
Ryszard Kapuściński.

El Gran Danés es un perro gigante, pero sensible. Traten de controlar a un animal de 80 kilos, que de repente es asaltado por una horda de ciclistas que invaden el camellón donde pasea, así como las calles y banquetas aledañas. Como remate a su abuso, un bicicletero reclama que se atrevan a pasear al can «en su hora» de utilizar ese espacio, mientras dos patrullas escoltan a estos personajes que tocan cornetas y gritan, después de las 11 de la noche.

La historia es real y es una muestra de la forma en que el «apoderamiento del espacio público» se ha convertido en un pretexto para despojar a los ciudadanos peatones de parques, calles, banquetas… y hasta de la paz para dormir. El activismo de los ciclistas no respeta los derechos de terceros, como lo evidencia la golpiza que recibió el septuagenario profesor Gabriel Gutiérrez, por cometer la osadía de cruzar la calle cuando la luz roja lo amparaba: los integrantes del «Paseo de Todos» lo atropellaron, le rompieron dientes y anteojos a puñetazos y patadas. El colectivo negó que sus miembros hubieran circulado por esa vía, pero, eso sí, reafirmó su derecho a cruzar cuando los semáforos estuvieran en alto «como estrategia de seguridad», medida que afirmaron «se aplica a nivel mundial» (en buen español: la ley no es para ellos).

No faltará el que sostenga que la golpiza al maestro Gutiérrez, la agresión a peatones o el ruido a medianoche son «hechos aislados» o que son conductas de «poca importancia», «porque los automovilistas hacen cosas peores». Nuevamente, la filosofía de «violar la ley, pero poquito» o de que «las maldades del otro justifican la ilicitud de los amigos», toma carta de residencia en un asunto público: es el tipo de argumentación con la que los adeptos de AMLO validan que oculte sus bienes o viole suspensiones de amparos, «porque la mafia del poder roba o asesina». La referencia no es gratuita, la falacia de punto de contraste o comparación es una herramienta recurrente de los agitadores: según ellos, los excesos e ilicitudes de los ciclistas deben disculparse, porque los automovilistas tienen un comportamiento infame.

Pareciera que ese error lógico estuvo presente al confeccionar la llamada #BiciLey, ya que dejó sin sanciones a conductas como las descritas al principio de esta columna (así como no estableció castigos agravados para las infracciones y delitos cometidos al amparo de tumultos o masas ciclistas). Así que, si bien se reconocen nuevos derechos para los ciclistas, los peatones tendremos que seguir aguantando que invadan banquetas, hagan desmanes a la hora en que la mayoría de la población duerme y otro conjunto de lindezas que los legisladores activistas omitieron sancionar en la nueva norma.

Y es que el problema de las leyes formuladas por activistas es que siempre tienden a vulnerar las libertades. Precisamente el miércoles pasado, el doctor Jorge Fernández Ruiz recordaba que los derechos se rigen por un sistema Lavoisier: las libertades perdidas, se las apropian otros. Dicho de otra forma: en la #BiciLey, las libertades y derechos que se negaron a los peatones, fueron entregadas a los ciclistas.

Resulta indudable que la movilidad no motorizada requiere garantías, pero éstas no se logran al instaurar un régimen de privilegios para los que andan en bicicleta, ya que esa medida solo replica el modelo de prerrogativas que, de hecho, ya tienen los automovilistas. Asimismo, la nueva regulación olvida a la movilidad no motorizada con mayor membresía: los peatones, que ahora tendrán un nuevo victimario legalizado por el Estado.

Friedrich Hayek resumió la solución a este problema en una breve reflexión: «la única igualdad conducente a la libertad es la igualdad ante la ley, la única que debe asegurarse sin destruir la libertad». Ojalá la legislación progre ceda el paso a la racionalidad: ya sabemos que los ciclistas no lo harán…

oscarconstantino@gmail.com