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EN LA MIRA: Cargos en venta

EN LA MIRA: Cargos en venta

Mar 1, 2014

Por Óscar Constanti0no Gutiérrez —-
La venta de plazas y cargos públicos no es una novedad en las Historia Mundial de la Corrupción: Ya en pleno Siglo XV se utilizaba la comercialización de nombramientos como una forma de conseguir ingresos para la Corona.
De esa forma, el Gobierno tenía el círculo vicioso completo: Se creaban y vendían cargos públicos, los compradores buscaban «recuperar su inversión» mediante un ejercicio de corrupción rampante y el régimen creaba más empleos de Gobierno de los que eran necesarios.
A la larga, ese mecanismo se convirtió en un problema para los reyes: Como el cargo vendido era tratado como propiedad privada, se traspasaba o remataba como a una casa o a un caballo, por lo que el monarca perdía el control de esa posición, incluso los adquirentes de cargos públicos tendían a actuar conforme a los intereses de su clase y no a los del rey. Si a eso se agrega que el comprador de un cargo no era necesariamente capaz para desempeñarlo (bastaba con que tuviera el dinero suficiente para adquirirlo), la función pública estaba plagada de ineptos y corruptos. Una parte importante de la furia social que impulsó la Revolución Francesa viene del enojo que causaban estos funcionarios burros y rateros.
Tras 225 años de la Toma de La Bastilla, sigue la venta de cargos públicos. Precisamente ese tipo de corruptelas tiene en crisis constitucional a la judicatura de Bolivia, donde se investigan las extorsiones y venta de plazas en el Consejo de la Magistratura.
Sin embargo, la compra de cargos no es un problema exclusivo del Poder Judicial, también las Administraciones públicas, cargadas de políticos incompetentes, han hecho una práctica común la de fungir como agencia de colocaciones en los Ministerios, Departamentos, Organismos y Secretarías. En una broma torcida de lo expresado por Karl Deutsch cuando describía el Régimen de Stalin, cualquiera puede acceder a un empleo gubernamental, sin importar si la función implica formación especializada y experiencia profesional: si los viejos regímenes autoritarios latinoamericanos tenían a abogados en Secretarías que deberían atender ingenieros y economistas, los actuales gobiernos tienen licenciados en asuntos sin importancia para atender funciones técnicas que ni siquiera entienden.
Y, entre más pobre es el país de América Latina, más fácil es que la novia, el compadre, la amiga, el pariente o el lacayo sea ubicado con un alto sueldo para no hacer gran cosa. En ese teatro de la corrupción, el mejor de los escenarios es el del funcionario torpe que cobra por sentarse a ver la ventana. El peor es que tome decisiones apoyado en su estulticia galopante e ignorancia supina.
Así, la experiencia de naciones como Bolivia (que era considerada de avanzada por su Constitución progresista) ha confirmado que la clase política nacida en la corrupción siempre se las ingenia para hacer raterías, por más bloques de derechos humanos e instrumentos jurídicos previstos en su Ley Fundamental y Tratados ratificados.
Lo bueno es que eso pasa en Centro y Sudamérica, porque en México estamos salvados de los atracos de ese tipo de clase política corrupta, ¿verdad, estimado lector?
Apunte en un párrafo: Hubo múltiples fallas técnicas en los pagos de contribuciones locales, tanto en tiendas de conveniencia como en bancos. ¿Cómo pretende el gobierno aumentar la recaudación, si los contribuyentes pasan un suplicio para cumplir con sus deberes fiscales? Adam Smith explicó, en 1776, que los impuestos deben pagarse de forma cómoda. A 238 años de esta recomendación, los gobiernos aún no la entienden…

E-mail: oscarconstantino@gmail.com