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EN LA MIRA: CIUDAD NIVEL D

EN LA MIRA: CIUDAD NIVEL D

Ene 14, 2012

Taxis de color oscuro, que siempre cobran sin abusos e invariablemente están limpios. Autobuses de dos pisos que circulan en calles que no están bloqueadas por postes enanos e inservibles. Un río de 280 metros de ancho que atraviesa la ciudad, con agua limpia y que refresca el clima. Un sistema de metro amplio y eficiente. Casetas telefónicas pulcras y que perpetuamente funcionan. Parecen detalles menores, pero el conjunto de condiciones de transporte e infraestructura, como parques, zonas verdes, buen transporte público, banquetas adecuadas y edificios hacen que Londres atraiga constantemente los asuntos más relevantes en lo económico y cultural. Algún analista la llamó, con todo el disgusto que implica para los británicos, “ciudad de nivel A en un país de nivel B”.

 

En Guadalajara tenemos taxis de modelos totalmente inadecuados (los famosos tsurus que ni siquiera abren sus puertas a 90 grados, sucios, malolientes, que cobran de acuerdo a la codicia de quien los conduce y que siempre están habilitados para la comodidad de quien los maneja, no de los pasajeros). Entre minibuses, camiones y macrobús existe el común denominador de la mala calidad, la suciedad y la inseguridad de quienes se movilizan en ellos. Ante la necedad de las autoridades de no sustituir el sistema de postes y cableados aéreos, los autobuses de dos pisos no podrían circular por las calles angostas y de banquetas estrechas que aún dominan a la ciudad. La mezquindad y el alma miserable de los políticos han impedido la ampliación del Tren Ligero y las casetas telefónicas son un monumento a la incompetencia nacional. No hay suficientes parques ni zonas verdes, porque en un arrebato de demagogia estólida se continúa con la promoción de Vías RecreActivas, en lugar de establecer enormes parques centrales. No sorprende que esta falta de infraestructura urbana y buen transporte sean algunos de los factores que alejan las inversiones y el crecimiento económico de Jalisco. Peor aún, hay más metro y zonas verdes en el Distrito Federal, mejor transporte en Monterrey, más industria en Toluca que sus equivalentes en Guadalajara. Se puede decir que Guadalajara es una ciudad nivel D en un país nivel C.

 

Más allá del orgullo regional, lo cierto es que la mayoría de estas cuestiones se resolverían fácilmente, con un poco de sentido común y ganas de no lucrar con los asuntos públicos. Los políticos son señalados por su conducta inadecuada, pero estos personajes no provienen de la generación espontánea, emanan de una sociedad de ciudadanos que piden castigos con índice de fuego pero que no pagan impuestos, hacen transas y subsisten en la incompetencia. Los políticos son nutridos en una comunidad donde la mediocridad, la falta de exigencia y la incapacidad son la regla común, salvo que se trate de señalar a un adversario, ya que en ese momento los ciudadanos se transfiguran en mesías luminosos, que hacen condenas morales y políticas cuando sus propias casas tienen un desorden inadmisible. Nuestros políticos no son huérfanos, son hijos de la doble moral con la que la sociedad se conduce: ¿Cuántos protestadores, moralistas y críticos resistirían que sus vidas particulares se pusieran en contraste con las de quienes critican? El principal problema de los tapatíos es que tiran innumerables piedras, pero nadie está libre de culpa.

 

Para dejar de ser una ciudad de nivel D, hace falta que la gente deje de apuntarse con el dedo y se reúnan todos los talentos para trabajar unidos. Siempre es más fácil pedir castigos, cabezas, condenas u ofender a los demás. Lo que requiere verdadera estatura moral, talento e inteligencia es dejar de lado lo malo para empezar a construir lo bueno: mientras esto no suceda, habrá que seguir padeciendo a la ciudad nivel D que va en rumbo de convertirse en una urbe de nivel E.

 

Twitter: @oscarconstantin

Correo electrónico: oscarconstantino@me.com