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EN LA MIRA | Denise Dresser y los chayotes

EN LA MIRA | Denise Dresser y los chayotes

May 7, 2016

La revista Gatopardo publicó un video en YouTube, en el que Denise Dresser sostiene que el chayote «es una práctica tradicional del priismo». Esta afirmación puede consultarse en la dirección https://youtu.be/c_9K4b78oVQ.

La aseveración de la doctora Dresser es una barbaridad, primero por su fraseo tramposo: si la expresión se asume en el sentido de «algo que hace alguien», carece de pertinencia, porque también serían prácticas tradicionales del priismo las actividades generales de otros grupos humanos, como reunirse en asambleas, comer, ir al baño o beber cerveza; si, por el contrario, a la aserción se le da el sentido de «práctica instituida o distintiva», carece de verdad, ya que los embutes y sobornos son parte del modus operandi de todas las clases políticas del mundo y, al menos en México, el soborno entregado por políticos está documentado en épocas previas al PRI, por ejemplo, durante el gobierno de Porfirio Díaz, quien solía decir «este gallo quiere su maiz» (así, sin acento) y anular a sus críticos con alguna prebenda.

Por su parte, Manuel Ajenjo relata que lo que hoy denominamos chayote antes se llamaba embute y que, de acuerdo a Humberto Musacchio, el término empezó a usarse en los años 70 del siglo XX. De hecho, Ajenjo explica que uno de los consumidores habituales de embute era el influyentísimo periodista Carlos Denegri, quien cobraba por hablar bien (o no hablar mal) de don Juan Sánchez Navarro, directivo de una muy conocida empresa cervecera e ideólogo de la Iniciativa Privada en México. El texto de don Manuel Ajenjo puede consultarse en la siguiente dirección: http://eleconomista.com.mx/columnas/columna-especial-politica/2013/10/07/chayote-origen-paternidad.

Por tanto, el embute existía en México desde antes del PRI y, además, es una práctica que realizan la totalidad de los colores políticos del país: no es original de los tricolores, ni son los únicos que la realizan.

En segundo término, la diatriba de la doctora Dresser es un disparate porque, si con la RAE entendemos que sobornar es la conducta de dar dinero o regalos a alguien para conseguir algo de forma ilícita, lo que nos sobran en México son influencers antipriistas que viven del chayote: desde el youtuber que defiende ferozmente la tarifa dinámica de Uber, hasta los opinócratas que cobran carretadas de dinero por dar conferencias (chafas y anodinas) en instituciones privadas o públicas. Más que una práctica tradicional del priismo, el chayote es una de las herramientas de cabildeo mediático más utilizadas por empresas y gobiernos de cualquier orientación.

El principal error de los antipriistas es soltar afirmaciones falsas, carentes de fundamento o intelectualmente deshonestas, con la ingenua esperanza de que no se examinará la veracidad de sus asertos: al creer que cualquier cosa que salga de su boca será aceptada ciegamente, flaco favor le hacen a su causa yihadista, ya que, de críticos, se transmutan en payasos.

¿El chayot* es una práctica nefasta? Sin duda, pero existe por la falta de pluralidad informativa, las pésimas condiciones económicas de los periodistas y, sobre todo, porque la sociedad mexicana no lee ni se informa: no hay cartera lo suficientemente grande para sobornar a todos los medios de una sociedad culta.

Sin embargo, mientras los profetas de la era del Internet sean personajes como Chumel Torres o Denise Dresser, cuyos ingresos fácilmente quedan en el área gris que ellos mismos critican, el chayote seguirá siendo la principal herramienta de la clase política que detesta la información y que, por el contrario, quiere propaganda y opiniones a modo en los medios.

oscarconstantino@gmail.com