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EN LA MIRA | Dresser, presidente

EN LA MIRA | Dresser, presidente

May 14, 2016

«Quien ignora la verdad es un iluso, pero quien conociéndola la llama mentira, es un delincuente»
Bertolt Brecht.

 

Decía mi maestro don Efraín González Morfín que «no hay disparate sin clientela». Mi ilustre director de tesis y profesor de Filosofía del Derecho solía dar expresiones contundentísimas, pero la más categórica de todas era esa frase: don Efra se adelantó décadas a Carlo M. Cipolla, al enunciar una Teoría de la Estupidez más concreta y elegante que la del famoso historiador económico italiano.

Ahora, que tanto don Efraín como el profesor Cipolla no se encuentran entre nosotros, «el disparate con clientela» es el signo de los tiempos: en Estados Unidos tienen a Donald Trump y en México… a la doctora Denise Dresser, que ya expresó que «se va a tener que lanzar al ruedo» en 2018, con una candidatura presidencial independiente.

Vaya, si el XIX fue la centuria de caudillos, el XXI parece que será el siglo de las ocurrencias. En serio, ¿por qué la doctora Dresser se va a tener que lanzar al ruedo? El fantasma de Santa Anna —quien se creía el único salvador posible de México— recorre Palacio Nacional y el mesianismo salvador del país es tan ridículo ahora como entonces.

La Real Academia Española define mesías como el «sujeto real o imaginario en cuyo advenimiento hay puesta confianza inmotivada o desmedida». Existe una diferencia sustancial entre sentirse mesías y ser esperado como tal: ¿hay alguien que vea a doña Denise como un ente mesiánico? Aunque no lo crea, amable lector, hay personas que así perciben a la doctora (lo que confirma la sabia expresión de don Efraín: ese disparate tiene clientela).

Como en La vida de Brian (Life of Brian, 1979), el largometraje del grupo de comedia británico Monty Python, el tema no es si Denise Dresser puede ser electa o no para la primera magistratura del país, sino la proliferación de redentores que aspiran al cargo: desde el eterno «ya merito» Andrés Manuel López Obrador, hasta Jorge G. Castañeda, Jaime Rodríguez Calderón «El Bronco» y Miguel Ángel Mancera, el escenario se llena de suspirantes que sienten que Bolívar, Lincoln e Hidalgo les quedan chicos.

Muchos disparates… y tienen clientela.

La reforma política, que nos trajo candidatos independientes, se supone que reanimaría la vida pública del país. Esa oxigenación de lo electoral sin duda traería escenarios pintorescos, pero la situación actual parece sacada de una obra de Eugène Ionesco: lo de México no es teatro del absurdo, es el absurdo de la política basura.

Si con Bovero entendemos que la kakistocracia es el gobierno de los peores, la proliferación de candidatos ciudadanos ha agravado el ambiente electoral. Sí, la gente puede confiar en un candidato independiente y votar por él, ¿pero tenemos certeza de que el perfil del aspirante coincidirá con el del equipo que lo acompañe? Planteado de otra forma, ¿cuál sería el gabinete de la presidente Dresser? ¿Su Secretario de Gobernación sería Emilio Álvarez Icaza Longoria? ¿Qué puestos les daría a Lorenzo Meyer, Carmen Aristegui y Sergio Aguayo? ¿Jorge Volpi sería su secretario del nuevo Ministerio de Cultura?

Sin chacota, ¿no es materia de preocupación que la candidatura de Dresser esté fundada en su autoasignada posición de salvadora y no en una plataforma seria y previamente definida? Salvo que se considere a sus libros «El País de Uno» y el muy cuestionado «México: lo que todo ciudadano quisiera (no) saber de su patria» como su plataforma ideológica, la realidad es que votar por la doctora es un acto de fe, aún más ciego que optar por Andrés Manuel López Obrador.

En suma, los partidos políticos son un asco… pero este tipo de candidaturas independientes hacen preguntarse si el remedio ciudadano no salió peor que la enfermedad partidista.

oscarconstantino@gmail.com