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En la mira: Ejemplos y testimonios

En la mira: Ejemplos y testimonios

Mar 19, 2018

Por Oscar Constantino //

«No hay cosa más asquerosa que un beneficiario de la corrupción, metido a moralista ».

Orencio Puig.

Armando Ríos Piter y Jaime Rodríguez «El Bronco» demostraron que, en política, hasta los candidatos independientes son herederos de Gonzalo N. Santos, el ex gobernador que sostenía que «la moral es un árbol que da moras, o vale para una #*@%&!!!».

Y aunque estos dos personajes siempre pueden alegar que no son culpables directos de las firmas irregulares presentadas para lograr su aspiración electoral, eso no cancela que sean responsables de esos procedimientos anómalos y que, en el mejor de los casos, serían notoriamente incompetentes para los asuntos públicos, pero, en el peor de los supuestos, serían un par de tramposos irredentos.

Quizá lo más ridículo de ambos protocandidatos fracasados es su vocación a predicar la honestidad y rectitud: como feroces fariseos, condenaban la falta de honradez e integridad del prójimo, cuando su trayectoria y vida actual está plagada de conductas corrompidas, como recordó Mony de Swaan el viernes pasado respecto a Ríos Piter y el semanario Proceso reportó sobre Rodríguez Calderón. Como hemos señalado en varias ocasiones en esta columna, no hay personaje más repugnante que un beneficiario de la corrupción que condena las prácticas con las que fue favorecido: es un sucio que se da baños de pureza.

Y no, más allá del pitorreo, Ríos Piter nunca fue el Macron mexicano que bautizó Guadalupe Loaeza, ni Rodríguez Calderón jamás fue el Fox que come cabrito: han sido y son políticos, hijos del tráfico de influencias, la prebenda, la canonjía, los negocios al amparo del poder, los beneficios inmerecidos, la componendas y la gracia que elude la ley. Para seguir con las metáforas al estilo del Alazán Tostado, el olmo de la política no da peras cívicas.

Para la ilusa —sí, ilusa— esperanza de que el independentismo sanearía la contienda electoral, las irregularidades de «El Bronco» y «El Jaguar» fueron un balde de agua helada. No, los independientes también tienen equipos que hacen mal las cosas y la opinión pública presume que ese proceder tuvo la vista gorda —o el auspicio— de sus potenciales asistidos.

Por otra parte, al ser Margarita Zavala la única que alcanzó el número suficiente de firmas válidas para su candidatura independiente a la presidencia, el principal preocupado debería ser Ricardo Anaya: entre menos dispersión haya, existen más posibilidades de que el voto de derecha se distribuya entre sólo tres candidatos (Meade, Zavala y el mismo Anaya). Una de las fortalezas de López Obrador reside en que virtualmente acapara la mayoría del voto de la izquierda radical… y que la izquierda moderada no ha comprado totalmente la alianza del Frente Amplio Opositor.

Planteado de otra forma, existe un importante segmento de indecisos que sólo tendrán a una candidata independiente en la boleta, frente a los postulantes tradicionales. ¿Cuántos de esos votos se quedarán con Zavala?

La decepción ciudadana ante un par de pájaros de cuenta —que predicaron honestidad cuando se nutrían de ilegalidades— confirma el desencanto social por las elecciones y refrenda que los gobernados no necesitan prédicas morales, sino personas aptas y eficientes que se encarguen de las cuestiones fundamentales en este país. Si «El Bronco» y «El Jaguar» fueron incapaces de conseguir legalmente unas firmas, ¿qué se podría esperar de ellos, si llegaran a ocupar la primera magistratura de la Nación?

Estimado lector, la próxima vez que escuche a algún sujeto exigiendo que los demás den ejemplo y testimonio de honradez, recuerde que la renovación moral fue la bandera de uno de los gobiernos más corruptos que ha tenido México: lo público no requiere santos, le basta con personas que sean competentes y cumplan la ley. Lo demás son payasadas de fariseos.

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