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En la mira: El gran charlatán

En la mira: El gran charlatán

Mar 27, 2018

Por Óscar Constantino //

«En toda época de la historia el más vil espécimen de la naturaleza humana se encuentra entre los demagogos». Thomas Macaulay.

Si se acepta que «prometer no empobrece, cumplir es lo que aniquila», la fortuna de Andrés Manuel López Obrador es enorme: esta semana sólo le faltó asegurar que en su gobierno los árboles darían tortillas.

Acceso universitario para todos, becas para los llamados ninis, crecimiento de la economía dos veces mayor al actual, supresión total de la corrupción… AMLO ofreció la tierra prometida, una que mana leche, miel y subsidios infinitos.

El problema, como siempre, son las malditas Matemáticas y Economía, que se niegan a aceptar el mandato del Profeta de Macuspana, cuyo báculo milagroso pretende abrir el mar de la pobreza e inseguridad… con nulas posibilidades de éxito.

Y es que el Moisés tabasqueño dio un espectáculo lamentable en su entrevista a Milenio, con mentiras y ofrecimientos que no resisten un cálculo sencillo con lápiz y papel. Por ejemplo, la UNAM sólo admitió 8.6% de sus aspirantes, equivalentes a 12 mil alumnos. Quedaron fuera más de 131 mil: ¿cuánto cuestan las instalaciones, personal y logística para una matrícula diez veces mayor? ¿Dónde los acomodamos? Peor aún, ¿es pertinente que todos ellos estudien una licenciatura?

Para la comunidad chaira, esos cuestionamientos son herejía. Como en dogma de fe, AMLO ya declaró que los rechazados no reprobaron los exámenes: ah, la perversidad de la exactitud académica, que exige que se diga que dos más dos suman cuatro. En el mundo de López Obrador, dos más dos pueden sumar cinco, siete o veintiuno, con lo que creó un nuevo tipo de relativismo marxista: de cada cual según sus incapacidades, a cada cual según sus ineptitudes.

Bajo la misma lógica de López, construir dos pistas en un aeropuerto militar es más eficiente que cancelar obras por miles de millones de dólares, generar desconfianza en los mercados y confirmar, por enésima vez, que los políticos son ineptos para mantener proyectos que trasciendan un sexenio.

AMLO sostuvo que será como Juárez o Madero, eso me recuerda a otros políticos con la misma catadura megalómana, que hicieron comparaciones similares y terminaron en el triste olvido. Además, hay que recordar que el Benemérito de las Américas tuvo un final político lleno de contrastes —en el que su muerte protegió su figura heroica— y que la ingenuidad del llamado Apóstol de la Democracia no sólo lo hizo víctima de la traición y masacre, sino que nos legó quince años más de inestabilidad política, manifestada en golpes, planes y magnicidios. Cuando López se compara con don Benito y don Francisco, sólo confirma su visión idílica, ideológica e ideática de la historia oficial, una casi tan ficticia como la transparencia en su gobierno.

El problema es que López —al igual que Hitler— convence mediante la mentira simple: sus mensajes son sencillos de entender, pero falsos. Al igual que el Tercer Reich, el líder de Morena apela a que la gente común renuncie «a sus facultades críticas individuales a favor de una política basada en la fe, la esperanza, el odio y una autoestima sentimental colectiva de su raza y nación», como explica el historiador Álvaro Lozano en su libro La Alemania Nazi. 1933-1945 (Marcial Pons, 2013).

Y es que siempre es más cómodo no pensar y depositar la esperanza en un líder mesiánico que diga lo que el elector quiere oír: que todos los males vienen de la mafia del poder, que él salvará al pueblo bueno. Victimizar a la gente es la receta demagógica por excelencia: es el Otro el culpable de las desgracias, no nosotros. Sin duda, el país ha tenido pésimos gobiernos y padecemos muchos problemas, pero no se remediarán con soluciones simplonas —como las que propone AMLO—.

En suma, México está ante el gran peligro de ser gobernado por un demagogo que abusa de las deficiencias cognitivas y desesperación de una parte de la sociedad. Se necesita valentía e inteligencia para que el país no caiga en ese abismo.

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