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En la mira: El llevadito

En la mira: El llevadito

May 7, 2018

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Por Óscar Constantino //

¿Por qué López Obrador es tema de todas las semanas? Porque sus ocurrencias son continuas y uniformes. Sin embargo, sus últimos desplantes revelan su soberbia e irritación creciente: el sembrador de odios perdió su careta de amor y paz.

AMLO acusó a grandes empresarios de reunirse secretamente con el presidente Peña para pactar el voto útil en su contra. Los empresarios salieron a desmentirlo, en un desplegado serio, pero totalmente respetuoso. La respuesta de Andrés fue volverlos a insultar —con mayor violencia— y acusarlos de casi todos los males del país. Si a estas declaraciones iracundas se les suman las reacciones totalitarias de Paco Ignacio Taibo II —que exige fusilar a los que hicieron la reforma energética, expropiar las empresas de aquellos que se opongan a las políticas de López y que gobierne por decreto, o sea, sin atender a las leyes—, no es de sorprender que haya ciudadanos que transitaron del convencimiento pejista a una sana duda sobre la conveniencia de votar por López Obrador.

¿Qué hubiera hecho cualquier político racional ante un mal resultado en el primer debate? Sacar por delante a sus mejores hombres y mujeres, para que argumentaran muy bien sobre sus iniciativas, convencieran tanto al público normal como al especializado, así como, obviamente, corregir las propuestas que fueran poco factibles.

Andrés hizo exactamente lo contrario: si tiene a unos “mejores hombres y mujeres” no fueron los que salieron a argumentar. Sus voceros, más que dedicarse a convencer, se aplicaron a insultar, agredir y amenazar a quienes no seguían el evangelio del macuspano. La lista de bravucones abarca desde Tatiana Clouthier, que calificó como estúpidos a quienes no fueran a votar por Morena, hasta Gerardo Fernández Noroña, quien tuiteó que «deberían retirarle el Nobel a Mario Vargas Llosa, por pe#$%&ejo». La reserva de extremistas también incluye a Paco Ignacio Taibo II, en su papel de mezcla de Lavrenti Beria y Viacheslav Mólotov, John Ackerman y otros gritones de menor rating.

A la agresión a los que piensan distinto, las huestes de AMLO agregaron la victimización. La muy delgada piel de López se confirmó con su reclamo judicial al spot de Mexicanos Primero, que presenta a niños y niñas en los papeles de los candidatos presidenciales: el dolor de Andrés radicó en que se sintió ridiculizado, no en el fondo del mensaje —que busca la defensa de la reforma educativa—. Todos los candidatos son reflejados de forma humorística, que bromea con puntadas de cada uno, pero López Obrador no pudo tolerar que su versión infantil fuera chaparrita, de repente tuviera la mirada perdida o poseyera una dicción semejante a la de él. Quizá esperaba que lo interpretara Knox Jolie-Pitt, con doblaje de Enrique Rocha. Esta estructura esquizofrénica ya tuvo su saldo: el spot fue sacado del aire y Andrés se asume como víctima de una guerra sucia.

¿Con qué cara se califica a los adversarios como mafiosos, rateros, rapaces, corruptos, imbéciles o traidores, pero se chilla ante cualquier crítica? Con la del llevadito, que es un personaje típico de la política mexicana: es el porro, grillo, burócrata u operador político que causa daño, intriga, provoca fricciones, calumnia, perjudica… pero no aguanta respuesta alguna. Inmediatamente llora, clama por sus derechos —los mismos que a todos viola— y se asume como damnificado de una acción ilegítima en su contra, porque —según él— lo legítimo es que él fastidie y nadie le responda.

En la política y en el Derecho, la regla básica es la reciprocidad. Andrés la violenta al andar de llevadito: si se porta como un gañán no puede esperar —mucho menos exigir— un trato terso y delicado. Su comportamiento majadero y descalificador merece una respuesta semejante… y no tiene de qué dolerse. El dicho popular sostiene que el que se lleva, se aguanta: si Andrés el llevadito no entiende esto, la tensión política aumentará… y la reserva de victimización no es eterna: su agotamiento lo testimonió en 2006 y lo padeció en 2012. Como dice él mismo, le hace falta serenarse: bien haría en seguir su propio consejo…


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