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EN LA MIRA: El Mercurio y sus herederos

EN LA MIRA: El Mercurio y sus herederos

Nov 23, 2013

Por Óscar Constantino Gutiérrez —-

Los medios son los cañones de la democracia (la expresión es de Günter Grass), pero hay casos en que se convierten en el arsenal de la oligarquía. El caso del diario El Mercurio de Chile evidencia la necesidad de que la responsabilidad periodística no sea un tema de voluntad o gusto de los comunicadores, sino un deber profesional sujeto a la rendición de cuentas.

El gobierno de Richard Nixon financió y dio línea editorial a medios chilenos, para que se desestabilizara al gobierno de Salvador Allende. El fondeo para El Mercurio alcanzó 1.6 millones de dólares: 700 mil el 9 de septiembre de 1971 y otros 965 mil el 11 de abril de 1972. El dinero dio sus resultados, como describe el diagnóstico de la Central de Inteligencia Americana (CIA), expresado en un memorándum que refiere un informe del Senado de Estados Unidos: «El Mercurio y otros medios de comunicación apoyados por la Agencia habían jugado un papel importante en la puesta en marcha del golpe militar del 11 de septiembre de 1971 que derrocó a Allende».

El informe formulado por el Senado de Estados Unidos, sobre las actividades encubiertas de la CIA en Chile (durante el periodo 1963-1973) puede consultarse en el linkhttp://www.derechos.org/nizkor/chile/doc/covert.html (cortesía del Equipo Nizkor).

En suma, El Mercurio fue un medio corrupto que se alió con un gobierno extranjero para derrocar a un presidente electo democráticamente (amable lector, si los personajes le recuerdan a los conservadores mexicanos, coludidos con Napoleón III y Maximiliano, para remover a Benito Juárez, la semejanza no es mera coincidencia).

¿Cuántos medios, como El Mercurio, son agentes a sueldo de intereses inconfesables y contrarios al Estado de Derecho y la Democracia?

No son pocos: La Nación y el diario Clarín, en Argentina, hacen hasta lo imposible para que el gobierno de Cristina Fernández desaparezca. No debe sorprender la tendencia de ambos medios: Uno es abiertamente conservador y el otro (si bien fue peronista) fue acusado de convertirse en monopolio por apoyar la dictadura encabezada por personajes como el teniente general Jorge Videla.

El actual gobierno argentino ha intentado limitar el tamaño del Grupo Clarín, a través de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, hasta que la Corte Suprema de ese país declaró que la norma era constitucional y debía aplicarse totalmente. Sin embargo, Grupo Clarín había logrado que la ley no se aplicara durante cuatro años (nuevamente, cualquier semejanza con grupos de medios, que con amparos evitan que se cumplan las normas en México, no es mera coincidencia).

Los herederos e imitadores del diario El Mercurio representan un problema para las democracias de todo el mundo: Estados Unidos tiene a Fox News y su agenda Anti-Obama, en América Latina hay medios que se asumen promotores de golpes de estado, como aconteció en Venezuela, en 2002, cuando los medios privados (como Globovisión y Radio Caracas Televisión) respaldaron la presidencia de facto del empresario Pedro Carmona.

El periodismo militante (de cualquier ideología) suele poner en entredicho un valor fundamental de los medios informativos: la credibilidad. La neutralidad mediática no existe, pero hay una línea divisoria entre la información periodística y la propaganda. Cuando un medio (como El Mercurio o sus secuaces) vincula interés político y codicia económica, no se distingue de los grupos de presión y la clase política que se supone debería vigilar: en esos casos, no hay un perro guardián de la democracia, sino un chucho que roba la carnicería.

E-mail: oscarconstantino@gmail.com