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EN LA MIRA: EL PEJE Y EL AMOR A LA SACRISTÍA

EN LA MIRA: EL PEJE Y EL AMOR A LA SACRISTÍA

Abr 21, 2012

Este 18 de abril, Andrés Manuel López Obrador se comprometió frente a los obispos a “someter a consulta popular” las leyes que permiten el aborto y el matrimonio entre homosexuales. ¿Cuántos errores graves cometió AMLO con esta conducta? Al menos dos: la primera de sus equivocaciones fue acudir a un encuentro del que era imposible que saliera bien librado; la segunda fue dar una respuesta hueca que lo puso en mal con todos.

La obsesión de los políticos actuales por conseguir el voto católico los lleva a un pragmatismo cínico que provoca vergüenza ajena. Esta pena es doble cuando el buscador de votos clericales es un militante de las izquierdas: aunque no se comparta la postura, puede entenderse que Enrique Peña –formado en escuelas católicas– sea un priísta de derecha, circunstancia que se profundiza en el caso de Josefina Vázquez Mota –por ser candidata de un partido fundado por católicos para defender las prerrogativas católicas–.

Sin embargo, resulta ridículo que Andrés Manuel López Obrador se pare ante 120 obispos y arzobispos de México, integrantes del pleno de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y pretenda evadir su coincidencia o divergencia con las políticas de izquierda en materia de derechos homosexuales e interrupción del embarazo. No se trata de condenar el pragmatismo, sino reprobar su uso insensato: mientras Enrique IV dijo: “París bien vale una misa”, y se convirtió al catolicismo ante el inminente premio de su coronación como Rey de Francia, López Obrador ni recibió una bolsa de papitas por renegar de su izquierdismo ante los miembros del CEM.

Peor aún, su abjuración de clóset sobre las políticas de izquierda no es siquiera ingeniosa. Cualquier especialista en Derechos Humanos sabe que el respeto de los derechos fundamentales no se puede someter a la decisión de las mayorías: hacerlo es antidemocrático y contrario a Derecho. Democracia es gobierno de las mayorías con acatamiento de los Derechos Humanos de las minorías. En cualquier posición, la propuesta de AMLO es desafortunada: Por un lado, si se entiende que el aborto y el matrimonio homosexual son derechos fundamentales, someterlos a consulta popular es un disparate, porque es antijurídico someter, al voto de los “más”, la existencia de los derechos básicos de los “menos”. Si, por el contrario, interrupción del embarazo y matrimonio gay no son Derechos Humanos, no tendría sentido que se hubieran impuesto por ley estas figuras, ya que la voluntad mayoritaria no las respaldaba y en ese caso la instauración de esas normas hubiera sido un capricho sectario.

En consecuencia, la supuesta salida pejista para no fijar una posición ante los obispos no sólo es antidemocrática, sino lamentablemente torpe, porque le ha granjeado la furia de los grupos defensores de los gays, de los reivindicadores del aborto y del sector más anticlerical de la izquierda, pero no le atraerá votos católicos, ya que esos sufragios serán –como siempre- para el PAN: ni ganó los que buscaba y perdió los que ya tenía.

Por ello el error más grave de AMLO fue acudir a una cita que no podía beneficiarlo de forma alguna. López Obrador fue convocado porque el Episcopado desea que los votantes católicos identifiquen a los candidatos “que comulgan con la doctrina de la Iglesia”. Nuevamente, cualquier posición de AMLO lo dejaba mal parado: si, en congruencia con su militancia izquierdista, el Peje no está de acuerdo con la doctrina católica, el clero reprobará que se vote por él; si, por el contrario y en una revelación digna de Pablo camino a Damasco, coincide con los mandatos católicos, sus adeptos de izquierda lo considerarán traidor a su ideología. Como en el juego de la perinola: en cualquier caso AMLO siempre pierde frente al clero. En estrategia electoral se recomienda acercarse al centro, pero con inteligencia: resulta insensato que un candidato se desprenda de votos seguros, para explorar si consigue votos de quienes siempre le han mostrado desprecio y recelo.

Los votantes indecisos –ese 18 por ciento del electorado que significa la diferencia entre la inminente derrota y el triunfo aplastante– no se convencerán con mocherías –mucho menos con salidas pseudointeligentes que sólo muestran ganas de no hablar con la verdad–. Los indecisos quieren propuestas serias y realistas para que haya más empleo –sin sacrificar derechos laborales–, más seguridad, paz, mejor educación y calidad de vida. No votarán por falsos amores a la sacristía y los candidatos se equivocan al jugar al indefinido en temas relativos a la separación Iglesia-Estado. Así como provoca lástima que AMLO actúe como el John Lennon de Macuspana, provoca pena que pierda votos por quererse disfrazar de político clerical: López Obrador puede superar a Josefina, pero debe dejar de cometer errores tontos por querer pasarse de listo.

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