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EN LA MIRA | El profeta que maldice

EN LA MIRA | El profeta que maldice

May 28, 2016

«Es propio de hombres de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza».
Antonio Machado.

«Yo ya no tengo hermanos vinculados a los corruptos del PRI o del PAN». La declaración de Andrés Manuel López Obrador es ruidosa, atribuible a alguien que se cree moralmente superior al resto de los mortales: el mesías tropical deja su rol de Dios hijo y asume la posición de Dios padre, para expulsar del Edén a los parientes que no siguen sus mandamientos.

Si Nietzsche niega a Dios, AMLO busca suplantarlo, deforma el Evangelio según San Mateo: como su hermano ha pecado contra él, informa a la asamblea que ya no lo considera su familiar, sino un pagano o corrupto. En su condena, López Obrador se salta dos o tres pasos del procedimiento de corrección fraterna planteado por las escrituras. Peor aún, su juicio tiene un punto de partida disparatado, porque considera una falta que su consanguíneo Arturo no lo siga, ahora el Peje distorsiona el Evangelio según San Juan: AMLO se considera el Camino, la Verdad y la Vida, nadie va a la democracia honrada, sino por él.

En su afán de mostrarse como mesías, López Obrador ejercita una soberbia diabólica: como un falso profeta que dice « ¿quién como yo? », pretende erigirse en juez supremo de la honestidad política, con todo lo demencial que implica su calificativa de que los partidos, distintos de Morena, están integrados solo por corruptos.

Sí, la visión del universo de AMLO es pseudobíblica: asume el rol del Salvador puro y bueno, considera que sus seguidores son sus hermanos y apóstoles de la democracia, mientras que sus críticos son los malignos deshonestos. La honradez es atributo exclusivo de sus discípulos: entre el fundamentalismo de George W. Bush y el de López Obrador la diferencia es meramente de idioma y corriente, ambos consideran que el mundo se divide entre sus prosélitos y los enemigos (que son todos aquellos que disienten de sus dogmas).

Si el uso político de conceptos religiosos resulta chocante, amable lector, su aplicación además es muy peligrosa para la sociedad: ¿qué puede esperarse de un líder partidista que, en su intransigencia, llega a desconocer a su hermano? ¿Cuáles serán los resultados de su intolerancia con el resto de las personas, que no pertenecen a su familia? Llevar las diferencias políticas, al grado de la desvinculación del parentesco, es una muestra tan evidente de fanatismo que debería preocuparnos por los peligros que encierra.

Imaginemos al ayatolá Andrés Manuel como presidente de México en 2018. Si un simple mensaje de respaldar a otro partido y candidato provocó que desconociera a su hermano Arturo, ¿qué puede esperarse si llega a ser el detentador del poder que gobierna a un país? ¿Lo mandaría fusilar? ¿Lo condenaría a cadena perpetua? ¿Lo desterraría? ¿Crearía un gulag para todos los disidentes? ¿Hasta dónde llegaría su estalinismo mesoamericano? ¿Habría una bolšáya čistka región cuatro?

La reacción fanática de AMLO contra su hermano poco ayuda a sus afanes de poder en 2018, ningún votante indeciso (en su sano juicio) podría ver con simpatía el talante dictatorial de un sujeto que pone a la ideología por encima de la familia. Los asesores de estrategia del Peje son muy malos o son un cero a la izquierda, en cualquiera de los dos casos pareciera que a López Obrador le ganó la irracionalidad furiosa, sobre la prudencia que debe tener cualquiera que pretende ser Jefe del Estado mexicano.

Ya que tanto le gusta el mesianismo, AMLO debería recordar que Lucifer perdió por soberbio… y lo derrotó un general, no el comandante en jefe. Tal vez a López Obrador le conviene más la lectura de los libros sapienciales y menos del Apocalipsis: actualmente se parece muy poco a Salomón y mucho a la Bestia (en los dos sentidos de la palabra)…

oscarconstantino@gmail.com