Portal informativo de análisis político y social

EN LA MIRA | Espejo catalán

EN LA MIRA | Espejo catalán

Ene 9, 2016

Las complicaciones que sufre Cataluña para nombrar su gobernador («president») confirman que la política tiene las mismas taras en México que en las tierras de Jordi Pujol, como se puede apreciar de la siguiente secuencia de hechos:

  1. Inconformes con el trato fiscal que reciben del gobierno central español (dicen que pagan más impuestos que lo que les regresan vía presupuesto), los políticos catalanes impulsaron reformas en sus ordenamientos, que fueron invalidadas por el Tribunal Constitucional.
  2. Esta situación dio mayor impulso a las posiciones que sostienen la necesidad de que Cataluña se independice de España. Los catalanes esgrimen múltiples argumentos: desde la nacionalidad histórica hasta el «derecho a elegir» su permanencia en el Estado español. Se puede discutir hasta el cansancio si estos derechos existen o si caducaron con la conformidad de los catalanes con la Constitución de 1978, su participación en la II República o su derrota en la Diada (en 1714), pero es un debate inútil: tanto los independentistas catalanes como los defensores de la unidad de España tienen elementos para respaldar su posición. El caso es que existe un parte relevante de la población catalana que quiere un cambio fundamental en su relación con España (los inconformes más moderados desean un pacto federal, los más radicales anhelan formar un nuevo país).
  3. Los políticos catalanes intentaron lanzar una consulta para determinar si la población quería separarse de España. El Tribunal Constitucional nuevamente dictó medidas contra ese ejercicio (hasta averiguaciones criminales existen contra los organizadores de ese referéndum), que fue invalidado jurídicamente.
  4. Ante un escenario en que la Constitución española no permitía la consulta, los políticos catalanes promovieron que las elecciones locales fueran una especie de «comicios plebiscitarios» (en cristiano: que si la gente votaba mayoritariamente por los partidos que abanderaban la independencia, debía considerarse que ese era el mandato del pueblo). Llegaron las elecciones, las opciones independentistas obtuvieron mayoría… pero no tenían al mismo candidato para gobernador («president»). El candidato con mayor respaldo, Artur Mas, no obtuvo soporte suficiente para ser investido: le faltaban dos votos.
  5. Los votos que el centroderechista Artur Mas necesitaba para ser investido solo podrían provenir de un partido anticapitalista que, desde la campaña electoral, señaló que por ningún motivo lo apadrinaría: la Candidatura de Unidad Popular (CUP), una fuerza de extrema izquierda que disiente de las políticas y conductas del partido de Artur Mas (que actualmente se llama Convergencia Democrática de Cataluña, CDC).
  6. El principal líder histórico de la CDC era Jordi Pujol, un exgobernador de Cataluña que actualmente se encuentra sometido a proceso por blanqueo de capitales y delitos fiscales: la CUP y la CDC son tan opuestos como el antiguo PSUM mexicano y el PAN. O sea, si bien la CDC y la CUP están a favor de la independencia catalana, son radicalmente opuestos en ideología y políticas económicas.
  7. Después de una presión formidable contra la CUP, esa organización reiteró que no investiría a Artur Mas, lo que implica que nuevamente haya elecciones anticipadas en Cataluña. La CUP ofreció respaldar a otro candidato, de unidad, que no fuera Artur Mas. La respuesta del hasta ahora president es que sin él, el proceso de independencia estaba muerto. En pocas palabras: Artur Mas se considera imprescindible para la independencia de Cataluña.

Si este breve relato catalán le recordó a cierto candidato presidencial mexicano que insiste neciamente en que sin él no hay esperanza para el país, no es mera coincidencia: hay chairos en Barcelona y en Tabasco, aunque unos sean de centroderecha y otros de la izquierda acomodaticia.

oscarconstantino@gmail.com