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EN LA MIRA | Gasto porcino

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Ago 15, 2015

Los contrastes sociales del siglo XXI son miserables: mientras una empresa multinacional de biotecnología logró el implante de un riñón de cerdo en un babuino (lo que abre esperanzas enormes a los humanos), en México se anuncia que el presupuesto del Conacyt se reducirá casi un tercio.

Cada año mueren miles de personas que no pudieron recibir un trasplante por falta de órganos disponibles. Este problema no es exclusivo de la realidad tercermundista: por ejemplo, en Estados Unidos, el promedio de fallecidos por falta de trasplantes es de 22 personas diarias, de acuerdo a cifras del Departamento de Salud y Servicios Humanos.

La tecnología que permita el uso de órganos porcinos para trasplantes en humanos implicaría que la escasez dejaría de ser un factor agravante en esta materia. El sentido común exige que se dedique más dinero y esfuerzo a la investigación en esta área, en la que México tiene grandes oportunidades y necesidades… pero el gobierno federal decidió que había que gastar menos en Ciencia y Tecnología: claro, ¿para qué dedicar recursos a la salud o industria, si se pueden dedicar a cosas tan trascendentes como las campañas de los partidos políticos?

Y no es que en México se gaste mucho en Ciencia y Tecnología. La OCDE recomienda que se invierta, al menos, 1% del Producto Interno Bruto en ese campo, cantidad que este país jamás ha dedicado a esas actividades estratégicas: el monto actual es menor al medio punto porcentual, lo que implica que si la OCDE sugiere que se invierta un peso en Investigación y Desarrollo, México sólo asigna cuarenta centavos a ese rubro (que están en riesgo de convertirse en sólo 28 centavos).

¿Y de quién fue la ideota de recortar el ya exiguo presupuesto a la Ciencia? Pues de la Secretaría de Hacienda, con base en las observaciones negativas que el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) le hizo a ocho programas del Conacyt. Así, la reducción de 10 mil millones de pesos afectaría a centros públicos de investigación y becas de posgrado, entre otros proyectos. Sin duda hay programas de Conacyt que deben mejorarse, pero las fallas se corrigen con análisis y reingeniería, no recortando el presupuesto de un área de por sí limitada.

Para que haga la comparación, amable lector: este año, el Instituto Nacional Electoral (INE) aprobó una bolsa de 5 mil 356 millones 771,247 pesos de recursos públicos, a repartir entre los partidos políticos. Va una cifra parecida: en 2012, 28 entidades federativas derrocharon en publicidad oficial 5 mil 376 millones de pesos. Más numeritos: las organizaciones ARTICLE 19 y Fundar informaron, hace un mes, que la administración federal gastó 7 mil 119 millones de pesos en publicidad oficial en 2013 y que la cifra preliminar para 2014 alcanza 3 mil 495 millones de pesos.Es decir, si no se dedicaran recursos públicos a partidos políticos y publicidad gubernamental, no sólo no sería necesario recortarle presupuesto al Conacyt, sino que habría más dinero que el que actualmente se invierte en Ciencia y Tecnología.

Por tanto, amable lector, cuando vea bardas pintadas por los partidos políticos, sus anuncios en postes y espectaculares o propaganda malísima sobre el informe de gobierno de un tipo que medra al otro extremo del país, tenga presente que en México no se avanza en tecnología para la salud (o en el combate de enfermedades) porque el dinero se tira en el pago de la porquería mediática de políticos vividores: no es lo mismo estudiar a los cerdos para hacer implantes en humanos, que pagar las cochinadas de los partidos políticos.

oscarconstantino@gmail.com