Portal informativo de análisis político y social

EN LA MIRA | Guerra de las bardas

EN LA MIRA | Guerra de las bardas

May 16, 2015

Día 1, 10:00 de la mañana: un muro, en una avenida residencial de Zapopan, es pintado con propaganda a favor del priista Salvador Rizo.

Día 3, 11:30 de la mañana: una cuadrilla repinta de blanco la barda, a continuación plasma la publicidad del candidato pemecista Pablo Lemus.

Día 5, 9:25 de la mañana: ahora las bardas están repintadas en color verde… y con publicidad del partido ecologista.

Día 8, 5:30 de la tarde: la pared está ahora pintada de blanco, sin leyenda alguna. ¿Así se quedará?

Día 9, 11:20 de la mañana: la publicidad de Pablo Lemus vuelve a aparecer en la antes blanquísima barda.

Día 12, 6:20 de la tarde: ahora hay manchones blancos sobre la publicidad del Partido Movimiento Ciudadano. Todo indica que el muro volverá a cambiar de colores.

Además del desperdicio de pintura, sería interesante saber la opinión del propietario del inmueble, cuyos muros han sido sometidos a la necedad voluntariosa de quienes se disputan furiosamente una barda, como si de ello dependiera la salvación del mundo libre.

El asunto sería gracioso si no evidenciara la debilidad de un modelo electoral incapaz de dar certeza, ni siquiera en estos temas tan menores. Las variables permiten adelantar algunas conclusiones: o ninguno de los pintores tenían autorización del dueño de las bardas (y esto obliga a cuestionar por qué se disponen de bienes ajenos), o uno de los partidistas sí está autorizado y el otro no (lo que implicaría un acto de abuso que en nada ayuda a la causa pintada). El supuesto menos probable es que cada partido cuente con una autorización: eso sería más gracioso que la sucesión de pintas en el mismo espacio.

Más allá de que el suceso parece sacado de una caricatura de La Pantera Rosa, lo cierto es que la barda sigue siendo el arma más contundente del arsenal urbano de propaganda electoral. Los spots son modernos y vienen en ráfaga, pero el muro tiene la virtud de la permanencia (bueno, salvo en este caso, en que ninguna pinta sobrevivió una semana).

Un partido que no puede aceptar, con civilidad, que un muro ya fue pintado por otra opción política, envía un pésimo mensaje sobre su posible forma de hacer gobierno. Si con una barda se enterca tan irracionalmente, sólo terror se puede esperar de su posición frente a permisos, licencias, clausuras o planes parciales de desarrollo.

Los institutos de corte mesiánico (paladines del «pueblo bueno», de «los hombres y mujeres libres» o de «los que no son políticos») suelen ser intolerantes con la diferencia. En contraste con el Mesías verdadero, que legítimamente sacó a latigazos a los comerciantes de templo, estos mesías falsos carecen de credibilidad para imponer violentamente sus credos o acciones. El refrán sostiene que «el que no conoce a Jesús se arrodilla frente a cualquier barbón» y parece que algunos adoran a estos mesías de la barda pintada a fuerzas, al talibán de la pureza.

Y no exagero, estimado lector, eso de que «la valentía está en la sangre» o que la dignidad está en no votar por determinado partido, son discursos fundamentalistas, de odio. Si alguien se atreve a escribir un slogan así, ¿qué le puede importar la propiedad privada?

Las bardas de pintado múltiple son sólo un síntoma de una enfermedad mayor: la de la intolerancia disfrazada de pureza. Al respecto, siempre resulta conveniente recordar que el apóstol de la antipolítica en Italia fue el honesto Silvio Berlusconi, de grata memoria y ambiente familiar en sus reuniones y negocios. Ojalá lo tengamos presente al momento de votar.

 

oscarconstantino@gmail.com