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EN LA MIRA | Hombre de congruencia

EN LA MIRA | Hombre de congruencia

Nov 5, 2016

El deceso de «Chema» Pulido me dolió especialmente porque era mi amigo, antes que cualquier otra cosa: en un ambiente en el que se suele usar, con suma ligereza, expresiones como «hermano» y «amigo», José María Pulido hacía de la amistad un ejercicio auténtico.

Además de su vasta experiencia como periodista, a «Chema» lo distinguían dos aspectos que no suelen conciliarse en esta profesión: además de ser un defensor de la libertad de expresión, era un crítico de la irresponsabilidad periodística. Cuando algún colega difamaba, calumniaba o hacía juicios desde la imbecilidad e ignorancia supina, José María tenía el valor civil de señalar los excesos del comunicador abusivo y poner las cosas en su justa dimensión. Creía que la libertad periodística no era una patente de Corso para hacer pasar mentiras o idioteces por hechos.

José María fue más amigo de la verdad que del César: cuando se trataba de proteger la veracidad, con total sinceridad le aclaraba los puntos a quien fuera, no importaba si era un atolondrado (o malintencionado) compañero de micrófonos o un político pasado de listo. El derecho a informar verazmente se lo tomaba muy en serio, algo que usualmente no se practica entre colegas, para no herir susceptibilidades, pero «Chema» siempre actuó bajo la divisa de que el irresponsable en su expresión no tenía derecho «a sentirse» si se le indicaba públicamente su exceso o error: la falta es pública y la aclaración es pública, bajo ese valiente principio se condujo durante su carrera, a pesar de que eso implicó que le corrigiera la plana a más de un comunicador necio.

Más allá de la relación editorial, en la que hizo del deber un espacio feliz de convivencia, el trato con «Chema» Pulido nos permitió abrazar causas comunes, como la protección de periodistas, la lucha contra el abuso del poder y el mesianismo político. Siempre admiré la mucha diplomacia y talento con la que José María lidiaba con los estúpidos, con una habilidad que ya hubieran querido «El Cordobés» o «Armillita»… porque un imbécil es más peligroso que un Miura de 500 kilogramos… tenía una muleta taurina privilegiada.

Jamás lo oí quejarse por asuntos de salud, decir que algo le dolía o que estaba cansado. Siempre tenía una sonrisa y bien podría haberse pensado que era corredor o senderista. El estoicismo recubierto de felicidad es lo más parecido a la virtud de los santos. El mayor mérito de aguantar radica en que no se note y «Chema» nos dio cátedra de serenidad.

La muerte ha sido una compañera cercana desde mi juventud, en que empezó a llevarse a mis amigos. A Jaime Guzmán y Alberto Siordia se une José María Pulido: para quien cuenta sus amistades auténticas con los dedos de la mano, tres partidas son demasiadas y pesan de forma descomunal.

Sé que «Chema» ya no sufre, que seguramente (más allá de las creencias de cada persona) está en un mejor lugar y desde mi fe lo imagino platicando con San Pedro y San Miguel, a quienes debe tener riendo a carcajadas con sus agudos comentarios. En este plano, no solo lo extrañaremos sus amigos verdaderos: al periodismo de Jalisco ya le hace falta José María Pulido, un hombre de congruencia que de igual manera se enfrentaba con un _yunquero golpeador de periodistas que con un director de diario calumniador y miserable.

Solo queda agradecer a «Chema» todo lo que hizo, así como no olvidarse de los suyos, que siguen aquí y en cuyas personas podemos regresar un poco de lo mucho que hizo para el bien de todos…

oscarconstantino@gmail.com