Portal informativo de análisis político y social

EN LA MIRA | Iguales que Trump

EN LA MIRA | Iguales que Trump

Oct 1, 2016

¿Qué implican las 70 interrupciones que Donald Trump cometió contra Hillary Clinton en el primer debate presidencial? Que hasta la aspirante a Comandante en Jefe del país con mayor poder nuclear de América tiene que aguantar a un macho estúpido e ignorante.

Sí: macho, estúpido e ignorante. Un sujeto que no sabe ni lo básico de Relaciones Internacionales, Política Exterior e Inteligencia, se atreve a intentar «explicarle» a una Secretaria de Estado la forma en que se debe combatir el terrorismo o tener acuerdos geoestratégicos: su grado en Economía, obtenido en Wharton, no le da a Donald el conocimiento para legitimar sus «correcciones» a Hillary, ni su experiencia en negocios le da elementos para enmendarle la plana a quien evidentemente le lleva décadas de práctica en asuntos públicos. Por ello, las interrupciones de Trump no solo son una cuestión de malos modales, sino de imbecilidad rampante.

Tampoco es un asunto de ad hominem: las opiniones de Donald destilan ignorancia, pero, en la cabeza misógina de Trump, tiene sentido interrumpir y corregir a una experta… por el mero hecho de ser mujer, a lo que se denomina manterruption y mansplaining.

Sin embargo, el manterruption y el mansplaining no son conductas extraordinarias en México: de hecho, millones de mujeres las padecen en Jalisco, tanto en el gobierno como en el sector privado… y los idiotas locales no tienen que envidiarle a Trump: doctoras en Economía a las que hombres (sin sus grados) les pretenden enseñar sobre precios y demanda; maestras en Derecho que tienen que tolerar necedades de jefes prepotentes que no entienden las diferencias entre una ley, un contrato y un reglamento; ingenieras a las que sus clientes les quieren explicar la forma de calcular concreto… la lista cotidiana de torpezas misóginas es más larga que los brazos de orangután de sus autores.

Lo más grave es que el resto de los hombres suelen guardar silencio cuando algún machito hace sus gracias en una junta o sesión de trabajo… y pobre de la mujer que se atreva a replicar ante las interrupciones majaderas e ignorantes, porque será doblemente agredida: «tiene mal carácter», «está en sus días», «es que las mujeres son temperamentales», «no aguanta nada», «es una jija de la tiznada», «es agresiva», «le falta novio» y un largo etcétera de expresiones babosas que solo confirman el resentimiento y frustración de tipejos que no pueden aceptar que una mujer sepa más que ellos.

Todos podemos hacer algo para acabar con esa lacra social. Los hombres podemos empezar por poner un alto a los gorilas lomo plateado que interrumpen: a veces basta un educado «licenciado, por favor escuchemos a la experta, sin interrumpirla». En otras ocasiones se debe ser más vehemente o usar la ironía: «seguramente Martínez le está explicando a la maestra porque ha estudiado más que ella sobre este tema. ¿Ah, no? Entonces, ¿qué alega?».

A la mayoría de los mexicanos nos desagrada Trump, pero en este país se reproduce diariamente lo peor de su comportamiento: misoginia, racismo, odio, discriminación, injusticia, estupidez… ¿cuántos Trumps tenemos en nuestras oficinas, casas, negocios, escuelas o gobiernos? Un patán en cada macho te dio, podría decir el himno de esos misóginos.

No obstante, la solución está en nuestras manos: cada vez que atajamos al manterruption y al mansplaining, se amplía la esperanza de que las nuevas generaciones no tengan que padecer esos abusos. Son los pequeños pasos, cotidianos, los que pueden lograr ese gran cambio, para que algún día recordemos las interrupciones de Trump de la misma manera que ahora vemos a las torturas con hierros candentes del medievo: como evidencias de un salvajismo que ya se fue…

oscarconstantino@gmail.com