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EN LA MIRA: La doble moral

EN LA MIRA: La doble moral

Feb 18, 2017

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“La hipocresía es el colmo de todas las maldades”.

Molière.

Por Óscar Constantino Gutiérrez

Esta época se caracteriza por su vocación al doble estándar: tenemos porros que le reclaman al rector de la UNAM que haya participado en la marcha de VibraMéxico «sin su permiso», pero esos mismos delincuentes son hipersensibles a cualquier regaño escolar y susceptibles a cualquier ironía de sus maestros y directivos. O sea, con una mano sacan el garrote de la exigencia violenta y con la otra piden trato delicado. No es de extrañar que tengan secuestrado el Auditorio Justo Sierra desde hace quince años.

Lo cierto es que el rector Enrique Graue Wiechers sabiamente ha puesto oídos de matancero a los chillidos de esos jabatos, pero habría que preguntarse si los apóstoles de la doble moral no han sentado sus reales en el resto del país. Por ejemplo, una huelga estudiantil del IPN terminó con la remoción de su director general y exigencias desmedidas, Elba Esther Gordillo acaba de recibir el beneficio de prisión domiciliaria y Ricardo Monreal se dice víctima de calumnias porque la asociación civil Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad señaló que en la delegación Cuauhtémoc se asignaron contratos a amigos de su hija Catalina Monreal y a empresas zacatecanas que carecen de experiencia en la Ciudad de México.

Aún se recuerda que Monreal transmitió por Periscope la forma en que se pasaba por debajo de las narices el permiso que Alfonso Cuarón tenía para filmar en su delegación: como un personaje de la Ley de Herodes, Monreal decía «soy el delegado» y establecía que nadie podía filmar sin su permiso… aunque la ley señalaba otra cosa. Las maletas con billetes, las cajas de cartón con dinero y el ejercicio prepotente e ignorante de las potestades públicas, hacen dudar de que el delegado no tuviera que ver con la sospechosa asignación de contratos a amigos de su familia. El incidente con Cuarón al menos evidencia su ineptitud, que también es una forma de corrupción.

De Elba Esther, su riqueza, abusos e intrigas, se ha escrito mucho. Ahora aplica la estrategia Pinochet y se va a compurgar su sanción penal en la comodidad de su residencia de lujo. Queda claro que, si alguien es porro, delegado o líder sindical, la norma es flexible: se acomoda a los caprichos, berrinches, incompetencia, torpeza, emocionalidad, corrupción o ignorancia de esos detentadores del poder. Porque, eso sí, su incapacidad, deshonestidad o abuso del poder no les quita lo delicaditos: cuidado con que un medio, académico, directivo o ciudadano les señale sus corruptelas, ironice o los critique. Son intocables, según ellos.

Mientras los porros, líderes charros y burócratas puedan hacer berrinches y exigir el cumplimiento de caprichos, el Estado de Derecho en México seguirá siendo una fantasía tan ilusoria como la Fuente de la Eterna Juventud, El Dorado, la piedra filosofal o el elíxir de la vida. ¿Cómo podemos exigir el cumplimiento de cualquier norma a los ciudadanos comunes y corrientes, cuando tenemos esa tripleta satánica de criminales impunes?

La huelga de los años noventa en la UNAM dañó laboratorios e investigaciones de forma terrible, la última en el IPN también causó daños relevantes. La fortuna de Elba Esther sigue casi intacta y Monreal solo da pataletas respecto a los negocios que efectivamente beneficiaron a amigos de su hija. La doble moral de un sistema, donde los delincuentes tienen la piel muy delgada y no son castigados por su daño a la academia, al patrimonio público o a los derechos de los trabajadores, hace necesario cuestionar si tienen razón los que exigen que la delicadeza se erradique de los asuntos públicos. En vía de mientras, espero que a los porros los expulsen, Elba Esther regrese los caudales que posee y se nulifiquen los contratos de los amigos de Monreal: cualquier otra cosa es puro cuento.

E-mail: oscarconstantino@gmail.com


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