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EN LA MIRA: LA LEY QUE VIENE

EN LA MIRA: LA LEY QUE VIENE

Mar 17, 2012

La cuestión de la nueva Ley de Información Pública de Jalisco (LIP) y la aún vigente –pero abrogada– Ley de Transparencia de Jalisco (LTJ) no es político, en realidad es meramente técnico, por lo que la polémica sobre el asunto no puede reducirse a un debate de malos contra buenos.

 

Los números suelen ser muy útiles en los análisis técnicos y este caso no es la excepción: mientras la antigua Ley de Transparencia tiene aproximadamente 11 mil palabras, la nueva Ley de Información tiene 18 mil. Son siete mil vocablos más para poner requisitos, marcar procedimientos, fijar reglas. Un elemento adicional es que las 18 mil palabras de la LIP son totalmente nuevas, no se guardó ni una coma de la antigua Ley de Transparencia.

 

El objeto de ambas leyes difiere sustancialmente. Mientras la antigua LTJ tiene por objeto garantizar el derecho fundamental para conocer el proceso y la toma de decisiones públicas, la nueva LIP empieza por decir que su objeto es clasificar información pública. Las diferencias entre estos dos planteamientos no son exclusivamente de estilo, también lo son de enfoque. Nuevamente, desde el punto de vista técnico, las normas tienen aspiraciones muy distintas.

 

La legislación que empezará a aplicarse el próximo primero de abril tuvo menos exigencias con el Poder Ejecutivo y los partidos. Hagamos, estimado lector, un análisis puramente técnico de este punto: en la nueva ley cambiaron las obligaciones de información fundamental (aquella que debe actualizarse y ponerse a disposición del público sin que se solicite) y la LIP establece cargas muy contrastantes para cada autoridad. Veamos los números: la nueva Ley marca ocho tipos de información fundamental obligatorios para toda entidad pública, a los que desglosa ampliamente, la antigua norma señalaba 27 muy puntuales. Además de esa información fundamental obligatoria para todo el Gobierno, hay algunas que son exigibles a ciertas autoridades. En la antigua Ley se marcan nueve tipos de información adicional para el Poder Legislativo, en la nueva Ley son 20, muy desglosados. La vieja Ley señalaba siete tipos adicionales de información que el Poder Ejecutivo debía poner a disposición, la nueva Ley establece 11. El cambio se acentúa para el Poder Judicial: siete tipos adicionales en la antigua Ley, 22 en la nueva. El Instituto Electoral pasó de no tener obligaciones adicionales a tener 48 (sí, 48) tipos adicionales de información. A los partidos les hizo descuento la nueva Ley: 10 tipos adicionales en la vieja norma, nueve en la LIP. Los municipios pasaron de nueve deberes adicionales a 21. Queda a interpretación del lector la razón de que las exigencias a las autoridades sean tan diferenciadas entre sí.

 

Punto adicional merecen las controversias por las sanciones penales contra quien entregue o difunda información clasificada. Mientras un juez no defina el asunto, cualquiera (ciudadano, periodista, empresario, empleado público, obrero, etcétera) puede ser procesado por este delito.

 

Sin embargo, el mayor punto a cuestionar es el modelo de transparencia en México: ¿Funciona? ¿Sirve de algo darle “dientes” al Instituto de Transparencia (ITEI) en una sociedad donde castigar sólo genera más violencia? ¿Valían esos “dientes” el precio de abrirle la puerta a la revisión judicial de los actos del Itei, como lo hace la nueva LIP? ¿No es hora de que académicos y especialistas le quiten lo sagrado al “modelo mexicano de transparencia” y empiecen a cuestionarlo de raíz? ¿Quién va a pagar todos los cambios administrativos, informáticos, capacitación y aprendizaje que va a costar la nueva LIP? En espera de las respuestas a estas preguntas, esa es la Ley que viene y nosotros somos los ciudadanos que debemos padecerla…

 

Como ya lo cuenta Quino en alguna tira de Mafalda, cuando la niña invita a su amiguita Libertad a cenar, la mamá de Mafalda llama a la de Libertad para avisarle y se encharcan en una conversación larguísima, llena de protocolos y burocracias. Cuando Libertad, finalmente está en la mesa de Mafalda para cenar, sólo dice: “Mi hambre es tan pura y simple”. El hambre de los ciudadanos por la información es como la de la niña Libertad, pura y simple, lejana de los trámites tortuosos de la nueva Ley de Información Pública.

 

E-mail: oscarconstantino@me.com

Twitter: @oscarconstantin