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EN LA MIRA: Las reformas complicadas

EN LA MIRA: Las reformas complicadas

Dic 7, 2013

Por Óscar Constantino Gutiérrez —-

Respecto a la inconveniencia de la Reforma Política, existe coincidencia entre una parte importante de la opinión publicada. Sin embargo, que varios la consideren inadecuada, no significa que haya acuerdo en cuáles partes son malas y otras buenas: El consenso se reduce a que no les gusta.

Mientras unos cuestionan que la reelección municipal y legislativa se encuentre sometida al control de las dirigencias partidistas, otros lamentan la creación del Instituto Nacional Electoral. Esta columna busca centrar la atención en otro punto: más allá de su (im)pertinencia, las reformas son caóticas y mal formuladas.

Y ese problema no empieza con la Reforma Política.

El nuevo artículo sexto constitucional parece engendrado por seres del averno. Complicado, mal redactado, ridículamente extenso para regular una especie del derecho a la información, es un monumento a la pésima técnica constitucional y legislativa que ha hecho de la Ley Fundamental un catálogo de parches mal cosidos.

Algo semejante parece que se cocina con la Reforma Política y con la Energética. En una jerarquía inferior, las Reformas Laboral y Fiscal son igualmente malhechas: Cuasimodos normativos que representan el martirio nacional de los ciudadanos y gobernados.

Escribo esta columna a unas horas de que don Jorge Fernández Ruiz reciba el Doctorado Honoris Causa que le otorga la Universidad de Guadalajara. El ilustre doctor Fernández Ruiz ha coordinado libros y publicaciones que analizan el derecho humano a una buena administración pública, reconocido por instrumentos tan relevantes como la “Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea”.

¿Cuál es la buena administración pública? La que responde a los principios que explica el doctor Fernández Ruiz en sus obras: Legalidad, moralidad administrativa, proporcionalidad, interdicción de la arbitrariedad, igualdad, celeridad, eficacia, transparencia, subsidiariedad, solidaridad, generalidad, exclusividad, seguridad jurídica y el principio general de supremacía del interés público sobre el interés privado.

Estimado lector, ¿cree usted que su derecho humano a la buena administración pública se encuentra garantizado con los espantajos jurídicos que se han aprobado y los que están por validarse? De primera mano, las reformas no parecen honrar a la eficacia y celeridad, así como no dan elementos para considerarlas eficientes.

Pero la mala factura de las reformas (e incluso la inconformidad con ellas) no es suficiente para que sean corregidas o mejoradas. La realidad es que poco puede esperarse de un modelo de cambio que se dicta con la inconformidad social (y aquí no hay que caer en el expediente fácil de que los opositores son los buenos y el gobierno es el malo, sino que toda la clase política, de todos los colores, que simplemente aprueba sistemas, normas e instituciones que en nada benefician a la sociedad).

Sin embargo, las quejas desde las cúpulas en desgracia tampoco son dignas de respeto. Por ejemplo, los consejeros del IFE son los menos indicados para criticar la reforma política, porque ellos tienen interés en que no cambien las cosas, no porque les parezcan inadecuadas para los ciudadanos, sino porque afectan las parcelas de poder de una burocracia de angora que se sentía en el Olimpo.

En suma, lo peor de las reformas es que complican lo que era sencillo y hacen muy difícil lo que ya era complejo: Parecen sacadas de una pesadilla imaginada por Franz Kafka…

E-mail: oscarconstantino@gmail.com