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EN LA MIRA: Lecciones de Netflix

EN LA MIRA: Lecciones de Netflix

Feb 22, 2014

Por Óscar Constantino Gutiérrez —-

No sorprende que Frank Underwood se haya convertido en el presidente de Estados Unidos o que haya asesinado a la reportera con la que había establecido una relación peligrosa que mezclaba política con perversidad. El personaje de la versión americana de House of Cards sigue los pasos del original, que fue protagonista de las novelas de Michael Dobbs y de una exitosa trilogía de miniseries de la BBC: mientras el estadounidense Underwood es presidente, el inglés Urquhart es primer ministro y ambos llegaron al puesto mediante una combinación de corrupción, homicidio e intrigas, tanto políticas como mediáticas.
En realidad, lo sorprendente es el grado de aceptación y admiración que ha generado el maquiavélico político sureño, que pasa de Jefe de Disciplina de la Mayoría Demócrata en la Cámara de Representantes a Presidente de los Estados Unidos de América. Incluso Barack Obama, en una mezcla de ingenuidad y reproche ácido, expresó que desearía que Washington fuera tan eficaz como en House of Cards. Que el presidente real de Estados Unidos considere que Frank Underwood «está consiguiendo que se hagan muchas cosas» implica mostrar admiración a un tipo que vendería a su abuela si con eso lograra mayor poder político.
Sin embargo, la serie House of Cards (distribuida por Netflix) establece lecciones que ponen en evidencia que los políticos de altura no pierden el tiempo en insignificancias o conductas muertas de hambre. Frank Underwood, siendo Vicepresidente, para recuperar la confianza del mandatario Garrett Walker, está dispuesto a entregarle una declaración firmada de culpabilidad, con la que ese presidente se salvaría de un juicio político (impeachment). A pesar de ser un militante del Partido Demócrata, Underwood es capaz de negociar con los republicanos la edad para alcanzar la pensión de retiro, con tal de evitar el apagón del gobierno. Nunca se muestra como un mugroso que vende cargos públicos: Él va por lo verdaderamente importante y consigue subsidios, partidas presupuestales para programas gubernamentales o apoyos para proyectos de ley, con los que beneficia a sus aliados y pulveriza a sus adversarios (aún si estos son multimillonarios con operaciones económicas transnacionales).
En México, el político más parecido (por su eficacia) a Frank Underwood es el ex presidente Miguel Alemán Valdés, quien transitó de diputado suplente a primer mandatario del país.
Ante la existencia de una generación de políticos hambreados y desesperados por hacer negocios al amparo del poder, valdría la recomendación que hice en su momento sobre Vicente Fox (de quien sugerí que viera The West Wing): A los politiquillos que sacan las garras por migajas, hay que aconsejarles que vean House of Cards.
Apunte en un párrafo: resulta irracional e insultante que a los pensionados se les obligue a presentar pruebas de supervivencia. Los ancianos hacen filas indignantes en el frío, en el calor, en la calle, parados por horas y recibiendo un trato descortés. Al Gobierno le corresponde averiguar si un pensionado sobrevive y no que la carga sea del ciudadano. Las autoridades han mostrado su incompetencia para llevar procedimientos de verificación efectivos, ya que el Registro Civil, debidamente sistematizado, vincularía a todas las dependencias a través de los certificados de defunción, sin necesidad de hacer pasar por tanta molestia a quienes dieron su vida por este país.

E-mail: oscarconstantino@gmail.com