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En la Mira: Noroña y los tripleteros

En la Mira: Noroña y los tripleteros

Ago 19, 2018

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Por Óscar Constantino //

Dos estampas de la época me hacen pensar que México está dentro de un cuento de Dickens:

1. Gerardo Fernández Noroña, diputado electo que nunca será recordado por su buen trato y elegancia, se instaló en la sala VIP de un aeropuerto y una persona le cuestionó un gasto que, en el mejor de los casos, requiere la tenencia de una tarjeta de crédito platino. Como era de esperarse, Noroña reclamó que él, como hijo del pueblo y luchador social, no tuviera derecho a estar en esos lugares… y persiguió al ciudadano que lo grabó y cuestionó, exigiendo que le diera su nombre.

2. Solicito comida mediante un app y la persona que me entrega los productos viene en una moto que lleva una mochila contenedora de otro servicio. El joven, muy amable y eficiente, me explica: es que tengo tres trabajos de entrega y esta contenedora conserva mejor los alimentos. Y agrega, con una sonrisa: es que me gusta comer.

Un lugar común de los analistas políticos es atacar a quien tiene más de un trabajo: “Fulano es un dobletero”, sin hacer la mínima reflexión sobre si estas personas cumplen o no con sus labores. Y no, es una tontería tratar como equivalentes a los pluriempleados y a los aviadores: unos trabajan en más de un lugar, los otros sólo cobran en varios lados.

En redes sociales, el reclamo a Noroña se centró en la hipocresía de llamarse de izquierda y vivir en el lujo (lo que sus detractores llaman «socialismo caviar»). Sus defensores sostienen que la izquierda no equivale a miseria y que hay clasismo en pretender que el diputado electo no acuda a esos lugares. Ambos enfoques son erróneos.

La política no es un tribunal moral (de hecho, la ética suele ser la excusa de los que carecen de razones), la hipocresía de los políticos es parte del oficio de los profesionales de los asuntos públicos. Sean trajes comprados en Rodeo Drive, viajes a Europa o a la Patagonia o cognacs carísimos, los políticos siempre tienen una doble vida: sus visitas a mercados para comer tacos son mera propaganda. Por tanto, acusar de hipocresía a un político es acusarlo de ser un político.

El problema real con Noroña es que sus consumos son de financiamiento inexplicable, tanto sus viajes a Sudamérica como sus comilonas en Polanco y sus camionetas suecas. No ha tenido cargos públicos en un buen rato, tiene un digno negocio de venta de libros usados y no posee grandes herencias. ¿Cómo le hace para vivir así? Y la primera pista radica en su reciente campaña electoral: si, concluidos los comicios, el diputado electo se sigue gastando el dinero electoral en viáticos, existe un problema de corrupción. En consecuencia, lo lógico y correcto es que los ciudadanos cuestionen cómo un político sin ingresos puede darse vida de rico.

El caso de Noroña contrasta con la inmensa mayoría de la gente que no puede costearse la vida con un solo ingreso, tanto en el sector público como en el privado: desde el prefecto de escuela que también trabaja en un gobierno municipal, hasta el médico que tiene su tercer trabajo en un consultorio doméstico los fines de semana. Criticar y señalar a esas personas requiere una ausencia total de progenitora, sobre todo si lo hace un político acostumbrado a cargar sus viajes, combustibles, alimentos y bebidas al presupuesto gubernamental.

En suma, el problema no está en los que tienen tres trabajos y los cumplen, sino en aquellos, que aun con una sola actividad no hacen lo que les corresponde.

Como a la mayoría de los ciudadanos bien nacidos de este país, quiero que le vaya bien al presidente electo, pero es necesario preguntarse si, en un país donde la máxima magistratura ganará 100 mil pesos mensuales, los puestos inferiores tendrán lo suficiente para vivir… y me viene a la mente el joven con tres trabajos de repartición de comida.

Un país que castiga el trabajar está regido por la vileza… y un gobierno que sanciona el tener mejores ingresos está condenado a recibir el rencor de los ciudadanos. Diputados comiendo en Polanco o en salas VIP de aeropuertos seguirán existiendo, aún con las políticas de austeridad anunciadas… y también seguirán existiendo los tripleteros que luchan por llevar sustento a sus familias. Esperemos que la opinión pública se centre en criticar a los primeros y dejar de molestar a los segundos, aunque Noroña llore que no lo dejen vivir de acuerdo a su riqueza inexplicable…


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