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En la Mira: Para no ser tercero

En la Mira: Para no ser tercero

May 14, 2018

Por Óscar Constantino //

La encuesta de GEA-ISA enfureció a los morenistas: para AMLO es una pésima noticia que Anaya esté a 5 puntos y Meade a 9. Lo puede negar, pero López Obrador sabe que su triunfo imbatible se acaba de diluir como un sobre de maicena.

El punto central del estudio de GEA-ISA es que la elección puede irse fácilmente a tercios o que tenga volteretas. Hay 25% de indecisos y, en un escenario donde AMLO tiene 37 puntos, Anaya 32 y Meade 28, cualquiera de ellos puede ser triunfador, sólo basta una mala semana para que las cosas cambien. Esas son noticias buenas para Anaya… y excelentes para Meade. No obstante, para dejar de ser el tercero en las preferencias, el candidato del PRI necesita hacer ajustes mayores que un cambio de dirigencia partidista.

Lo primero que tiene que asumir Meade, con toda humildad y realismo, es que la gente está muy molesta y que él necesita de las clases medias, si quiere ganar. Sin embargo, la ausencia de autocrítica, respecto a la política económica y fiscal, no le ayuda en lo absoluto: para bien y para mal, fue Secretario de Hacienda y, si bien puede demostrar que los gasolinazos tienen que ver con las fluctuaciones mundiales del precio de los combustibles, ese argumento no sirve para defender el resto de las medidas que agravian a contribuyentes y consumidores.

Los ciudadanos han sufrido una pinza brutal: la inflación aumentó, las tasa de interés también, al igual que los impuestos. Todas estas variables significan sacar más dinero de los bolsillos de la gente: inflación implica que el dinero valga menos y compre menos (lo que es un tributo hipócrita), el aumento de impuestos —y la nefastamente complicada forma de pagarlos— dejan con menos poder adquisitivo a las personas, si a esto se suma el aumento de tasas de interés —otro impuesto disfrazado, para apuntalar al peso—, resulta que, para adquirir lo mismo que hace un año o dos, se requieren mayores ingresos o más fuentes de ingresos. Una economía, en la que hay que ganar mucho más para consumir lo mismo, implica un robo para los gobernados… y una fuente segura de ira ciudadana.

Meade tiene a la mano una solución electoral de tres pasos para este asunto: 1) hacer una crítica a lo sucedido; 2) disculparse por la parte que le toca; y 3) hacer compromisos concretos en este tema. La lista de acciones es muy sencilla, basta con hacer más sencillo el pago de impuestos y usar un diseño más inteligente para las deducciones y ajustes de tasas de interés. Meade puede ganarse a la clase media con compromisos muy claros, como el de ajustar a la baja el IEPS cada vez que aumente el precio internacional de la gasolina, ampliar el espectro de deducciones para las personas físicas asalariadas (un mecanismo de deducciones amplias por consumo incrementaría las captaciones por IVA y haría más justo el ISR), incluyendo las deudas por créditos personales (como el de las tarjetas de crédito).

En buen español: si los contribuyentes saben que ya no les van a hacer las cuentas del gran capitán en su declaración anual (porque les retuvieron todo el año), saben que Hacienda se va a amarrar el cinturón cada vez que suba la gasolina (disminuyendo el impuesto que se cobra) y las personas físicas podrán deducir sus consumos y lo que le pagan al banco (sobre cantidades pagadas, no con la payasada de los intereses reales) por créditos personales y tarjetas de crédito, ese 25% indeciso puede creer en él. El problema es que el mismo Meade reconozca, en público y en privado, que lo que se ha hecho ha estado sumamente mal y que se va a corregir. La gente tiene razones de sobra para dar un voto de castigo y el realismo más básico exige entenderlo.

En suma, Meade puede dejar de ser el tercero de la contienda: es el candidato presidencial más preparado que ha tenido México desde Ernesto Zedillo, sus debilidades tienen que ver con el carisma y el lastre de un muy mal gobierno. Al igual que Zedillo, él sabe cómo hacerlo bien, pero necesita aceptar que el gobierno actual lo ha hecho pésimo… sólo necesita humildad para reconocerlo y extrema rapidez para expresarlo…

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