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EN LA MIRA: Pinochos de pesadilla

EN LA MIRA: Pinochos de pesadilla

Feb 8, 2014

Por Óscar Constantino Gutiérrez —-
Cuando James Cameron estrenó su película Terminator, hace 30 años, los robots asesinos eran ciencia ficción. Ahora existe el Taranis, un avión que puede atacar objetivos de forma autónoma, es decir, sin dirección humana.
Este dispositivo de combate fue desarrollado por la empresa inglesa BAE Systems (con financiamiento parcial del Ministerio de Defensa británico). Esta arma ha provocado que activistas (como el académico Mark Gubrud) manifiesten su preocupación sobre el hecho de que robots decidan, por sí mismos, quién vive y quién muere, tal y como relata el portal de BBC Mundo (la nota completa se puede leer en este enlace: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/02/140206_tecnologia_internacional_armas_robot_entrevista_mark_gubrud_nc.shtml).
Aunque el Gobierno de Reino Unido aseguró que el Taranis no se utilizará en modo autónomo, el tema es que las máquinas han alcanzado la sofisticación suficiente para matar sin que una persona las controle, lo que pone en riesgo a toda la humanidad, de formas que antes sólo se planteaban los escritores de fantasía: Hoy se tiene un avión autónomo sigiloso de rango intercontinental, mañana puede ser un robot más compacto, con alcance global.
Lo triste (y patético del asunto) es que, en esta realidad postmoderna conviven las viejas formas de extorsión política, tráfico de influencias y pillaje, con desarrollos tecnológicos como los robots asesinos y los teléfonos inteligentes que superan a los comunicadores de Star Trek.
Las últimas revelaciones de colusión de políticos con el crimen organizado y las pretensiones de algunos grupos de interés de contar con leyes a la carta (como la muy cuestionada «Ley Amprofón», impulsada por una ex directora general adjunta del IMPI que en su momento fue ventilada en medios por pasar demasiado tiempo de viaje por Europa, con cargo al erario), dejan muy mal parada a la clase política mexicana, que no ha seguido la recomendación de Michelangelo Bovero de mantener a los poderes económicos e ideológicos separados del Gobierno.
Si bien resulta entrañable que nos encontremos en una realidad donde conviven los carritos de camotes (con todo y silbato) con los servicios por Internet de entrega de fast food, resulta repulsivo que en 30 años no hayan avanzado las formas de hacer política: Mientras los científicos desarrollan máquinas de guerra autónomas, los políticos siguen construyendo marionetas humanas sin autodeterminación. Unos son “Geppettos” tecnológicos del homicidio, los otros son amos titiriteros de la indignidad política.
Así, Reino Unido tiene robots asesinos y en este lado del charco aún existen los políticos peleles: Ambos son pinochos de pesadilla, la pregunta es cuál tipo es peor que el otro.
Lo cierto es que resulta vergonzoso cuando los políticos son mandaderos y sirvientes de grupos de negocios, porque en esos casos los seres inteligentes renuncian a serlo. Al menos las máquinas homicidas tienen la excusa de que ellas no decidieron su condición (en el estado actual de la tecnología).
Apunte en un párrafo: Los ataques contra Perla Gómez Gallardo, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, revelan la intolerancia de sus detractores. Perla siempre ha sido una defensora de los derechos humanos y de la legalidad, su crítica a la reforma de transparencia deja claro que no tiene compromisos con el poder. En un ejemplo de doble moral, sus antagonistas pretenden que sólo lo que huele a peje es puro y santo: Dan pena ajena.

E-mail: oscarconstantino@gmail.com