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EN LA MIRA | Políticos antijuaristas

EN LA MIRA | Políticos antijuaristas

May 2, 2015

Después de una jornada más de bloqueos cometidos por el crimen organizado, pareciera que la memoria política de corto alcance es la parte más débil de la conciencia ciudadana. La semana estuvo plagada de conflictos judiciales cuyo denominador común fue la lucha por el poder, tal vez esto se olvide ante la afectación de doce puntos carreteros, por una forma de violencia criminal que para los jaliscienses sigue siendo anormal.

Y es grave que se hable de «violencia normal» y «violencia inaudita», cuando todas las formas de violencia deberían ser excepciones a la regla de convivencia social.

Hay casos que son representativos de este peso de la actividad judicial en la política. El de mayor importancia nacional, en la semana pasada, fue el retiro a Marcelo Ebrard del registro como candidato a diputado. El principal argumento para que el Tribunal Electoral cancelara la candidatura de Ebrard es que participó en dos procesos de selección, en dos partidos distintos (PRD y el Partido Movimiento Ciudadano). Marcelo sostuvo, de viva voz, que en Movimiento Ciudadano no participó en el proceso interno, porque él no es miembro de ese partido (aunque la forma en que lo expresó, en entrevista para W Radio, hace pensar que no hubo proceso en MC porque hubo dedazo).

El punto es que Ebrard buscó ser candidato por dos partidos distintos y que el espíritu de la ley electoral es que los ciudadanos no anden peregrinando, de partido en partido, hasta que uno le regale una candidatura. En una vocación que recuerda las mejores prácticas del pejismo, Marcelo acusó a la presidencia de ser la mano del titiritero que lo perjudicó, como venganza por su supuesta participación en el reportaje de la Casa Blanca de las Lomas. Si bien Ebrard no usó la palabra complot, lo que describió fue una intriga perversa desde Los Pinos.

Más allá de lo rentable que es calificarse como víctima de la presidencia, existe una percepción pública muy extendida sobre el exceso de discrecionalidad judicial. Y, como todo exceso de discrecionalidad es, de hecho, arbitrariedad, pareciera que los tribunales carecen de un criterio uniforme para resolver los conflictos electorales.

A esa percepción pública no ayuda que algunos de los opinócratas sean ignorantes del Derecho (o que actúen con deshonestidad intelectual). En el caso de Darío Ramírez, director de Article 19 en México, quiero pensar que es desconocimiento jurídico lo que le hizo opinar este jueves pasado que el Consejero Jurídico del Ejecutivo Federal «no es nadie» para señalarle a un tribunal que la propaganda partidista es insultante o calumniosa (las palabras exactas no las reproduzco porque carece de sentido reiterar su altisonancia, pero ese es el significado de lo que dijo). Se le olvida a Darío que el consejero jurídico de la presidencia solo propone y es el tribunal el que dispone: de seguir la lógica del señor Ramírez, sólo los grandes santones podrían opinar (o, peor aún, plantear a una corte) sobre la ilicitud de ciertas expresiones.

Algo de verdad existe en la percepción pública de que los mexicanos no tienen certidumbre en la protección de sus derechos: en el ranking internacional de protección de los derechos de propiedad, México es el lugar 54 de una lista de 97. Para aumentar la tristeza, nuestro país ocupa el séptimo lugar en la región, entre 20 países: ni siquiera es cabeza en su zona.

Sin embargo, la vocación de los políticos a siempre llorar cuando pierden (sea o no justificada su derrota) sólo contribuye a la distorsión de la realidad. Quizá Marcelo debería dejar de pensar que el Derecho sólo opera para los demás y asumir que, no obstante la evidente tirria que le tienen, él dio a sus adversarios las oportunidades de fastidiarlo.

El caso de Ebrard, como el de muchos políticos, revela su doble estándar antijuarista: quieren que los enemigos los traten con justicia, gracia y, si con eso no les alcanza para satisfacer sus pretensiones, que además violen la Ley para beneficiarlos. La palabra ingenuo es muy ligera para calificar su pensamiento, dejo a la imaginación del amable lector el calificativo exacto…