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En La Mira: Robo energético

En La Mira: Robo energético

Abr 6, 2017

 

Por Óscar Constantino Gutiérrez //

«La verdad no está de parte de quién grite más».

Rabindranath Tagore

 

¿NO HAY OTRAS FORMAS DE AHORRAR ENERGÍA? ¿EN VERDAD VALE TAN POCO LA LIBERTAD DE LA GENTE QUE NO TIENE IMPORTANCIA SACRIFICARLA EN EL ALTAR DE LA BUROCRACIA? ¿SOMOS CIUDADANOS O SÚBDITOS?

Escuché a un locutor radiofónico «regañar» al auditorio porque se quejaron de las molestias de salud que causa el cambio de horario. En pocas palabras, les dijo que después del miércoles ya no debería incomodarles, de lo contrario «serían unos exagerados».

Desconozco si el presentador es un convencido del Horario de Verano o hacía una gacetilla, pero equivocó el objetivo: el problema no es el cansancio, sino la imposición y el robo. Lo que molesta a la gente es levantarse a oscuras innecesariamente y pagar más luz eléctrica cuando, por la temporada, no lo necesitaría.

Y una ratería no deja de serla porque sea pequeña: es hurto de tiempo, de luz para despertarse, de unos centavos de tarifa eléctrica, pero es robo al fin. La satisfacción de abrir los ojos con la luz del sol es una consecuencia de la libertad, imponer un horario para que siempre se despierte a oscuras es característico de un gobierno estalinista.

Solo un carente de criterio no entendería que el malestar anímico por el cambio de horario tiene su causa en la carga de modificar un hábito por capricho gubernamental. Como señalé en la columna de la semana pasada, los supuestos ahorros del Horario de Verano son para unos sujetos no identificados, mientras la mayoría de la población solo sabe que tiene que encender la luz en una época en que la naturaleza no se lo exige (pero el Estado sí).

¿No hay otras formas de ahorrar energía? ¿En verdad vale tan poco la libertad de la gente que no tiene importancia sacrificarla en el altar de la burocracia? ¿Somos ciudadanos o súbditos?

Resulta claro que el sector financiero y de transporte se beneficia del Horario de Verano, la pregunta económica es si el resto de la población obtiene alguna mejora por ello. Cuando un sector se aprovecha de una política y el resto del país no obtiene ventaja alguna, lo que existe es una incautación de riqueza y esa acción no es diferente de los saqueos que hace un monopolio no regulado o de los atracos cometidos por un actor con poder sustancial en el mercado: entre una tarifa telefónica abusiva y el pagar más energía para que otro ahorre, la única diferencia es que al proveedor de telecomunicaciones sí se le etiqueta como villano.

La estrategia de increpar a los inconformes con el Horario de Verano es, para decirlo de forma suave, sumamente torpe: solo incrementa la irritación del que la escucha. Si en verdad se hubiera aprovechado el supuesto ahorro energético, México tendría más infraestructura de energías limpias y sustentables: más tecnología eólica, geotérmica y solar… misma que brilla por su ausencia.

¿De qué sirve economizar energía, si se continúa con la misma política lerda de utilizar recursos no renovables para generar luz y fuerza? Con la electricidad sucede algo parecido a lo que pasa con el agua potable: la gente se lamenta de la disminución de ríos y lagos, pero no se toman medidas contundentes para limpiar toda el agua consumida, reutilizarla y dejar de extraer líquido de los torrentes naturales. El lloriqueo ambiental es meramente declarativo, tanto por parte de los gobiernos como de la sociedad civil.

Y antes de que algún activista se indigne, lo cierto es que hasta ahora no he visto que se reclame (con suficiente fuerza) que se cambie la forma de producir energía eléctrica y consumir el agua, mediante la inversión de los pretendidos ahorros generados por el cambio de horario.

En suma, si, como dijo Lincoln, la demagogia es la capacidad de vestir las ideas menores con palabras mayores, el cambio de horario es una gran demagogia que disfraza una idea muy chiquita y profundamente tonta…