Portal informativo de análisis político y social

EN LA MIRA | Siempre hay un «Chava» Iglesias

EN LA MIRA | Siempre hay un «Chava» Iglesias

Ago 22, 2015

Ojo: la columna tiene spoilers de la serie Club de Cuervos.

 

La imbecilidad persistente y testaruda es una de las mayores lacras, tanto en el sector público como en el privado. No respeta ingreso, experiencia o grado académico, parece sacada del principio de identidad: el que es tonto lo es, aunque sea CEO o primer ministro.

El personaje de Salvador «Chava» Iglesias Jr., de la serie Club de Cuervos de Netflix, es el tipo ideal del bruto con poder, tiene el tacto de un bulldozer cortando margaritas: no sabe, no entiende y dicta órdenes que hubieran hecho la delicia de Max Weber al escribir sobre la irracionalidad. Si adecuar los medios a los fines es la definición de lo racional, «Chava» Iglesias es el anticristo de la pertinencia.

El problema para México es que hay muchos «Chavas» Iglesias no ficticios. Unos son juniors, otros son viejos; unos están en las empresas, otros en el gobierno; unos son inexpertos, otros meten la pata a pesar de contar con trayectorias larguísimas; unos son ignorantes, otros tienen tantos grados que refrendan que «lo doctor no quita lo tarugo». Eso sí, todos son prepotentes, majaderos y no distinguen a un especialista de un mentecato.

Quizá la explicación de que personas (con formaciones tan diversas) sean tan ineptas para tomar decisiones, radica en que los designan para funciones en las que su conocimiento o expertise es insuficiente o inadecuado: Ray Kassar venía de la textilera Burlington cuando Warner Communications lo impuso como presidente de Atari; Steve Jobs cometió uno de los peores errores de su carrera cuando designó al refresquero John Sculley como cabeza de Apple.

Ambos ejecutivos no tenían idea de lo que hacían: Ray Kassar insultó a los mejores creadores de juegos de Atari (los llamó «diseñadores de toallas»), provocando que fundaran Activision; alargó la vida del Atari 2600 tres años más de lo debido (minando su predominio en el mercado); ordenó la creación de un cartucho de Pac-Man (el juego más popular de su tiempo) para el Atari 2600 que era una reverenda basura porque nunca escuchó al programador Tod Frye, quien explicó hasta el cansancio que el juego requería el doble de memoria. El remate de la torpeza de Kassar fue cancelar un acuerdo con Nintendo para lanzar en Estados Unidos el Famicom (la consola que dos años después dominó el mercado con el nombre de Nintendo Entertainment System o NES). En suma, Ray Kassar fue el papá del crash o crisis de la industria de los videojuegos de 1983, tan es así, que a ese lamentable suceso también se le llama el Atari shock.

De John Sculley se ha escrito demasiado: además de despedir a Jobs, careció del talento para lograr que el Macintosh venciera a las PC con Windows. Diez años perdidos, de la mano de un sujeto que, además de traidor, jamás entendió lo que hacía. No vale la pena señalar más sobre esa sabandija.

Los «Chavas» Iglesias ningunean a sus colaboradores que sí saben: no hay diferencias entre el presidente del Club Cuervos que maltrata a su experto vicepresidente Félix Domingo y el cabezahueca de Ray Kassar diciéndole a sus programadores estrella que no eran más importantes para el videojuego que el tipo que acomoda los cartuchos en la línea de ensamblaje. «Chava», Kassar y Sculley terminaron cesados, pero el daño ya estaba hecho.

¿Cuántos políticos y burócratas tarados, «Chavas» Iglesias región 4, exigen soluciones mágicas a sus equipos y terminan poniendo en el ridículo y la ruina a sus organizaciones? No hay diferencia entre contratar a Aitor Cardoné (el típico extranjero «vende espejitos») para hacer de los Cuervos «el Real Madrid de América Latina» y asumir que, por decreto o mandato, las políticas de gobierno transformarán al «vocho» económico en un Lamborghini aventador. Lo peor es que la historia no deja de repetirse…

oscarconstantino@gmail.com