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EN LA MIRA: Sin lugar para los listos

EN LA MIRA: Sin lugar para los listos

Feb 1, 2014

Por Óscar Constantino Gutiérrez —-

¿Cuánto le cuesta al país la tontería? Sabemos que la corrupción equivale a 10 por ciento del Producto Interno Bruto y que México no ha logrado alcanzar inversiones en Investigación y Desarrollo que alcancen la décima parte de lo que gastamos por tener gobernantes rateros. Sin embargo, desconocemos el costo total de la torpeza en la toma de decisiones de interés general.

Sí, tenemos muy claro que en sobornos, compras a sobreprecio y corruptelas diversas se van más de un billón 529 mil 300 millones de pesos anuales. Pero, ¿las burradas cuánto nos sacan de los bolsillos?

La realidad es que no hay datos precisos: No existe un Índice Global de Tontería elaborado por la OCDE o el Banco Mundial. Vaya, ni siquiera existe un Programa de Naciones Unidas para Erradicar la Torpeza (PNUET). La meméz es un costo de sombra, implícito, en las relaciones humanas, mismo que no se encuentra debidamente valorado.

Pero la falta de indicadores no implica que no se pueda apreciar el efecto nocivo de la tontería.

Va un ejemplo: ¿Alguien recuerda a un notable gobernador de Jalisco, de extracción panista, que pretendía «obtener la Denominación de Origen» para el pozole y los equipales? Las consejas populares dicen que fue el mismo político de Ciudad Guzmán que, al ver «El Hombre en Llamas» de José Clemente Orozco y escuchar que su paisano ilustre era el autor de ese increíble mural, exclamó «¿a poco Juan José Arreola pintaba?».

Sin comentarios.

Pero, más allá de las muestras de ignorancia consistente de nuestros políticos (más que a Lorenzo “El Magnífico” se parecen a Lorenzo Parachoques), el problema principal es que toman decisiones tan malas que a todos nos perjudican en lo cotidiano: Los libros de texto con faltas de ortografía, las remodelaciones urbanas con materiales inadecuados o la legislación deficiente, no son meras faltas de cultura o decisiones vulgares, son evidencias de torpeza, que implican tirar millones de pesos a la basura.

También es válido sostener que la tontería es una forma de corrupción. Por ejemplo, hay abogados que creen que la «atribución de policía administrativa» es lo mismo que un cuerpo de seguridad pública, cuando la primera tiene que ver con licencias, permisos y clausuras, mientras la otra tiene que ver con equipos de uniformados (lo peor es que tales abogadazos opinan de esos temas con total desparpajo, ni siquiera guardan un silencio educado sobre estos asuntos, pero regreso al tema principal). Sin embargo, existe una forma de torpeza que rebasa a la deshonestidad de decidir asuntos para las que no se está capacitado, es aquel tipo de bobería que es autónomo de la codicia por los recursos públicos, que no guarda la mínima conciencia de su condición: La del tonto que se cree listo.

La mayoría de los bobos no se dan cuenta de que lo son, pero hay una distancia considerable entre ser un torpe que no se percata de su falta de luces y ser un menso que se cree un genio. Esos son los peligrosos: los que invocan su derecho a que sus opiniones sean consideradas en las decisiones públicas, por más desinformadas y dañinas que sean.

Asistimos a una época en que, de forma expresa o implícita, se invoca el derecho constitucional a ser tonto. El problema es que sus promotores lo dicen en serio.

Apunte en un párrafo: Pedro José Ramírez deja la dirección del diario español El Mundo, después de 25 años a la cabeza del periódico que fundó. La rumorología señala que fue cesado por incomodar al poder político: No sólo en México pasan esas cosas…

E-mail: oscarconstantino@gmail.com