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EN LA MIRA | Torpes y delicados

EN LA MIRA | Torpes y delicados

Abr 16, 2016

«Es legal porque es mi voluntad».
Luis XVI.

La clase política suele tener problemas con el concepto de reciprocidad: asumen que pueden fastidiar al prójimo y lloran ante la mínima respuesta en el mismo sentido que ellos utilizan. Parecieran personajes descritos por el Duque de Mantua en Rigoletto: mutan de palabra y pensamiento, dependiendo de su posición en los asuntos.

En una frase, son hijos de la doble moral.

Esta situación no es novedosa, existen evidencias de que los emperadores romanos, reyes europeos y otros autócratas tenían la piel muy delgada y eran monumentos a la incongruencia y doble estándar. Quizá lo que define a la época contemporánea es que ese tipo de incoherencia ha permeado a todos los niveles de la política e incluso fuera de ella: causa pena ajena que un videoblogger (vlogger) dedique sus emisiones a burlarse de medio mundo y que no tolere que un tuitero le diga que su programa es malo y que no causa risa… o que un grupo de expertos independientes, que fustiga y desacredita gobiernos, se hagan los ofendidos porque los medios y redes sociales cuestionan su trayectoria.

Como sacados de una reflexión de Juvenal, los vigilantes se asumen inmunes a la vigilancia, los criticones a la crítica, los payasos a la burla y los políticos prepotentes al poder.

Pero debe tenerse claro que la condición delicada de los políticos no es más que la otra cara de su torpeza. ¿Cómo puede el gobierno alemán, campeón de los derechos humanos, admitir que se abra una averiguación penal contra un humorista porque se mofó del presidente turco? La respuesta es cínica: los burócratas alemanes no protegen la libertad de expresión cuando tienen la necesidad de tener contento al gobernante de otro país, que frenará la llegada de más inmigrantes.

Pero también es desvergonzada la actitud de los políticos antisistema, ¿o cómo puede calificarse que Emilio Álvarez Icaza, secretario Ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), sostenga que el solo procesamiento de una denuncia en su contra, por la gestión de fondos para la investigación de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, es «una señal muy clara de regresión autoritaria»? O sea, exige que no se investigue a los investigadores.

Quizá el problema se centre en que la falta de reciprocidad es un síntoma del desprecio con el que se ve al otro: el incongruente asume a los demás como más tontos, manipulables, carentes de consideración o respeto que él. No obstante, el incoherente es el torpe de la relación: hay que recordar que la reciprocidad es la base del Derecho Internacional y de las relaciones entre Estados (así como del resto del Derecho, aunque los publicistas no toleren que se los recuerden).

En suma, libertad y reciprocidad son los ejes de cualquier relación, desde las personales hasta las internacionales, económicas, contractuales. Y la decisión ajena tiene como consecuencia el respeto de la decisión propia: si la libertad del otro se ejerce torpemente, es su derecho, así como la libertad propia consiste en aceptar esa decisión ajena o rechazarla. Es decir, el otro es libre de ser idiota y uno es libre para alejarlo… y esto es aplicable tanto a los individuos como a las naciones.

 

oscarconstantino@gmail.com