Portal informativo de análisis político y social

EN LA MIRA | Vidas paralelas

EN LA MIRA | Vidas paralelas

May 23, 2015

El sentido común se impuso y el TEPJF le retiró su candidatura suplente a Marcelo Ebrard. Si bien los medios de defensa internacionales aún están disponibles, el exjefe de gobierno del DF tiene muy pocas posibilidades de ser diputado en esta legislatura entrante. ¿Este suceso es justicia poética o venganza rampante? Depende de los ojos con los que se le vea.

Los políticos y agentes sociales de influencia están acostumbrados a jugar con fuego y son los primeros en llorar cuando las cosas no salen como esperan (o les dan una dosis de su propia medicina). Si se acepta la versión de que Ebrard utilizó recursos públicos para hacer una investigación política contra la esposa de Enrique Peña Nieto, no podía esperar que sus adversarios políticos le respondieran con flores.

Por el contrario, si se asume que Marcelo nada tuvo que ver con el reportaje de la Casa Blanca de las Lomas, lo cierto es que se dedicó a romper lanzas con Los Chuchos y las tribus del PRD con las que debió construir alianzas. Por el contrario, en el partido del sol azteca Ebrard actuó «a la Aristegui»: como si fuera el dueño y los demás debieran darle lo que él quería, sin compromiso de su parte.

Al ver que su situación en el PRD no mejoraría, Marcelo buscó —informalmente— en Morena y en Movimiento Ciudadano —ahí sí, de forma oficial— un espacio. En una repetición de la vocación por el dedazo, MC le dio una candidatura, misma que le revocaron los tribunales dos veces.

Lo que le pasó a Ebrard (y lo que le sucedió a Lorenzo Córdova durante la semana) son evidencias de que los políticos dedicados a las filtraciones (y a pasarse de listos) siempre pueden enfrentar a otros detentadores del poder con más vocación a regresar la agresión al ciento por uno.

Hay algunos que lo entienden al primer susto. Otros, si bien pasan el mal trago y comprenden que no deben meterse con X o con Y, siguen operando así contra otros actores (hasta que les vuelven a repetir el tratamiento).

Los últimos manazos que han recibido Enrique Alfaro y Pablo Lemus son otras evidencias de ese fenómeno boomerang del poder: si alguien aspira a ser electo para un cargo público, no puede predicar la honestidad con las manos sucias (y eso ya lo explicaba la Equity británica, no es algo nuevo).

Ebrard, Córdova, Alfaro y Lemus patentizan una de las mayores desgracias de nuestro tiempo: la sociedad exige santos y los políticos nunca lo son, todos tienen esqueletos en el clóset. Desde el que usa recursos públicos para golpear a sus rivales hasta el que destila su clasismo torpe en una conversación que no debió tener, pasando por el que construye sin permisos o altera sus declaraciones patrimoniales. Quizá sus adversarios son iguales (o peores), pero no cometieron el error de ostentarse como fariseos de túnicas blancas y puras.

Por ello resulta cómico que algunos políticos sostengan que los diarios mienten porque los critican, cuando esos mismos medios no merecieron sus comentarios cuando los agredidos fueron otros. El periodismo es, por definición, una visión parcial de las cosas, porque es creada desde las limitaciones temporales y materiales del que reporta algo. La veracidad implica que el periodismo busque decir la verdad, no que la posea indiscutiblemente. Muy distinto es que un medio, con toda la mala intención, deforme los hechos para perjudicar a alguien: en esos casos, la carga de la prueba le toca al político afectado y no basta con que diga que un diario miente, debe explicar el porqué de la mentira y ofrecer pruebas de la falsedad y mala intención.

Si no aporta esos elementos, el político sólo muestra su frustración e impotencia ante el hecho que no puede refutar. Por eso el viejo dicho sostiene que quien mata a puñaladas, no puede morir a besos…