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EN LA MIRA: VIOLENCIA CRECIENTE

EN LA MIRA: VIOLENCIA CRECIENTE

Dic 17, 2011

La violencia es una compañera nefasta de nuestra realidad. Nos recuerda que el salvajismo sigue presente en esta supuesta fase de civilización y convivencia social. Para existir no necesita manifestarse con golpes o muertes. Violencia es negarle su aguinaldo al obrero que vive al día, lo es pedir pruebas de embarazo a mujeres que son despedidas por gestar. También es violencia usar el poder político para hacer negocios con recursos públicos, predicar la moralidad en el otro mientras se obtienen beneficios de la incompetencia propia, violencia es calumniar para robarle su plaza laboral a alguien.

 

Violencia es descalificar la inteligencia ajena desde el trono del ignorante poderoso. Violento es cada pequeño tirano que grita a sus subordinados, a sus hijos, a su pareja, violento es el que destruye futuros prometedores al decirles estúpidos a niños que terminan por creerse la etiqueta. Violento es el Gobierno que usa la macana y el rifle contra los manifestantes, violenta es la Presidencia que deja 60 mil muertos por llevar una guerra que parece no tener fin y carece de resultados certeros contra la delincuencia.

 

No sólo desde el poder se ejerce la violencia, es violenta la persona que raya una pared o rompe una ventana, el que se roba los espejos de un auto o las joyas de su patrona. La violencia del colectivo de marginales, de la pandilla, de los herederos de una fuente ovejuna cínica que sustituye el anonimato de la masa por la impunidad del grupo y usa las herramientas de la difamación, la injuria y la mentira: también esa es violencia vil, quizá peor que la de la masa cobarde.

 

Violencia es querer cobrar sin trabajar, violento es querer graduarse sin estudiar, violencia es ostentarse como especialista cuando se carece de conocimientos. Violencia es querer que se tolere esta flojera o impostura, a cambio de no ejercer otros tipos de violencia física o moral.

 

La sociedad cosecha los frutos de todas estas pequeñas y grandes violencias, pretextamos que la violencia ejercida por el Estado es la única legítima, pero en México las relaciones humanas en todos sus niveles suelen basarse en la violencia, que es parte del verbo maldito que define a los hijos de La Malinche, al que se refiere Octavio Paz en su Laberinto de la Soledad.

 

Si cada vez que se antoje dar un grito, descalificar, ofender o calumniar, se recordara que esas violencias son la causa de los asaltos, muertes y daños mayores, quizá se encontraría un camino para acabar con el problema de violencia creciente. Desafortunadamente, cada segundo hay alguien que violenta derechos laborales, dignidades de su familia, los recursos públicos o la propiedad privada. Las tormentas que padecemos son producto de los vientos de agresión que se siembran en cada conducta individual.

 

Creo que podemos vivir sin violencia, pero también estoy convencido de que la violencia es cómoda para el que la ejerce, para el que amenaza, amaga, miente o conspira. Mientras no logremos que la violencia sea muy costosa para el que la practique (sea un burócrata medrando con plazas de trabajo, un rico inversionista o un jovencito que miente porque cree que no será castigado), no tendremos una sociedad pacífica, segura y tranquila. Al Estado le corresponde no confundir la libertad con el poder de dañar sin consecuencias, aún si el ofensor no pertenece a las elites: es un cometido muy difícil de realizar, pero aún estamos en tiempo de lograrlo.

 

Twitter: @oscarconstantin

Correo electrónico: oscarconstantino@me.com