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En riesgo la identidad tapatía

Me embarga una sensación de tristeza, y no tiene nada que ver con la reflexión espiritual de esta temporada, sino que al meditar sobre ese orgullo de ciudad –de origen– que debiera aflorar en nuestra piel, advierto que estamos perdiendo la identidad tapatía. Esa alegría de ser tapatío a veces se vislumbra entre gritos con triunfos futboleros o cuando aparece un caballito de tequila y un mariachi, pero nada más.

Al atestiguar el reconocimiento a destacados compañeros en la historia de la televisión tapatía, comprendí que si no amamos nuestra esencia, andaremos por la vida cojeando en busca del éxito, ese que va un paso delante de nosotros y por ende se nos escapa.

Así nos quedamos con una identidad perdida en búsqueda permanente para transformarnos en alguien más –desde nuestro nombre para que suene más “nice”–. Como resultado tenemos una ciudad y proyectos a medio terminar o malhechos, una ciudadanía quejumbrosa y apática.

“Si ustedes, los oriundos de esta bella ciudad se dieran cuenta de la riqueza que tienen, no vendríamos a recordarles la belleza y fertilidad de su tierra”, sentenció el periodista Jaime Muñoz Polit. Sus palabras me sacudieron. “Hay que regresar al origen, a nuestra identidad, valorar lo que tenemos”, también apuntó el comunicador e historiador, Carlos Cortés Vázquez.

Me acarició el alma encontrarme con Cornelio García, oriundo de Tenamaxtlán. Famoso internacionalmente por su programa de televisión “De kiosco en kiosco”; él segrega por cada poro de su piel ese orgullo de ser jalisciense. Se le iluminan los ojos al hablar de la belleza de su tierra. Cornelio ve con naturalidad que al caminar por las calles norteamericanas, lo detengan para tomarse fotos con él, porque sabe de dónde proviene y está orgulloso de su tierra, de su música, de su gente.

A Cornelio, al principio no le gustaba su nombre, pero al final se reconcilió consigo mismo. En su juventud estudió Sociología y vivió en California, también en el Distrito Federal donde estudió Artes Plásticas, pero comprendió la importancia del mundo donde provenía. Hoy es músico, conductor, locutor, antropólogo, narrador, promotor cultural y todo lo que se le ocurra, pero sigue esparciendo a su paso, el amor a la vida campirana, sin olvidar sus huaraches y sombrero.

Quien también ha llevado la belleza de Jalisco a propios y extraños es Nadím Alí Modad, y también fue reconocido por su trayectoria, Ignacio Martín del Campo, quien ha hecho lo propio. El motivo de esa reunión en el Museo de Periodismo y las Artes Gráficas, bajo los auspicios de su Escuela de Periodismo “El Despertador Americano”, fue recordar a otro jalisciense que como suele suceder, no es profeta en su tierra: Guillermo González Camarena.

Qué irónico, el mundo entero tiene en su hogar un aparato televisor y aprecia las imágenes a color, pero hasta entonces, en Guadalajara no valoraban a su creador. Tenemos en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres a políticos desconocidos –hasta de sus propias corrientes partidistas– pero no hay un lugar para el tapatío que con su ingenio, creó la televisión a color.

Guillermo falleció en un accidente, “¿pero qué otros inventos hubiera logrado, si viviera?”, reflexionó el dirigente del Sindicato Industrial de Trabajadores y Artistas de Televisión y Radio, Similares y Conexos de la República Mexicana (Sitatyr) sección II, Ernesto Arellano Pérez.

Qué ejemplos dan esos personajes a los jaliscienses que nos obligan a reflexionar qué tan profundo es nuestro amor a la tierra que nos vio nacer. Autoevaluarnos, ¿tenemos realmente esa identidad para poder reclamar un abanico de legados? o ¿ese orgullo de ser tapatío o jalisciense, nos nace sólo tras dos tequilas?

Esa falta de identidad la vemos reflejada por doquier, hasta en las calcomanías de “Soy Panamericano, que ya algunos hasta modificaron con un “Soy PAN americano”, que en tal caso debería ser: “Soy tapatío, bienvenidos Panamericanos”. Debo reconocer que en cuestión de identidad sí envidio a los oriundos de Monterrey, a quienes se les llena la boca de orgullo cuando dicen: “Soy regio”.

Esta reflexión desea hurgar en nuestro interior y rescatar esa identidad, amar ese olor a tierra mojada de Guadalajara, comprometernos y respetar la belleza de Jalisco, engrandecer su riqueza, sólo así podremos dar nuestro paso firme y de una vez por todas tomar el éxito en nuestras manos.

* Es periodista multimedia

 

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