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FELIPE, EL PRESIDENTE SIN LEY (O CRÓNICA DE UNA EXCUSA ANUNCIADA)

FELIPE, EL PRESIDENTE SIN LEY (O CRÓNICA DE UNA EXCUSA ANUNCIADA)

Jun 26, 2011

La reunión de Javier Sicilia con el Presidente Calderón sólo refrendó que el mandatario es como doña Chonita: hasta cuando se equivoca es por tener la razón. La pregunta es si hay otro camino para que este País deje de vivir en el terror.

No extraña que Felipe Calderón señale que los 40 mil muertos no los ejecutó él o su gobierno, que culpe a los jueces –que por cierto también son parte del Estado– de ser parte del problema y de ser corruptos –aunque, hasta la fecha, sus investigadores y servicios de inteligencia (es un decir), no tienen pruebas contra ellos–. Tampoco extraña que Calderón el presidente se diga atado por la Ley, pero que Felipe el ciudadano –padre de familia, hermano e hijo, pero no abogado egresado de la Libre de Derecho, obviamente– sostenga que unas pruebas obtenidas sin orden de cateo deberían tener valor probatorio a pesar de haber pisoteado la Ley: lo peor de ésta bipolaridad política es que Felipe el ciudadano es el que conduce a Calderón el presidente y no viceversa.

 

Ni siquiera sorprende que el mandatario se compare con el Rey David –el que cantaba “Las Mañanitas” y venció con una pedrada a Goliat–, ayer se contrastó con Churchill, mañana será con el Rey Salomón o con Magneto de Genosha. Este presidente, que llegó al poder con apoyo clerical y ahora llama raza de víboras a obispos, puede ponerse en contra del Consejo Coordinador Empresarial, del PAN o de su misma familia si llegan a opinar de forma distinta a él. No hay asombro posible frente a un político que empezó su quinto año de gobierno desde que tomó posesión.

El tema es si sirve de algo que haya Diálogos por la Paz con el presidente del monólogo o, puesto de otra forma: si las instituciones están podridas y Calderón no podía esperar a limpiarlas para actuar, ¿resulta útil dedicar protocolo y ceremonial en el Castillo de Chapultepec para que el Presidente remate con la necedad de que todo va por buen camino? Con toda la buena fe que puede tener, Javier Sicilia lamentó que Calderón se negara a modificar su estrategia de seguridad. Sicilia expresó a la televisión que “no le pedimos que deje de hacer lo que tiene que hacer, sino que cambie esa forma de hacer las cosas”. Haría una variación a la expresión del poeta: los ciudadanos le exigimos a Calderón que haga bien lo que tiene que hacer, porque actualmente lo hace mal, muy mal.

Desde la certeza, subjetiva por esencia, los mexicanos viven con miedo. Desde la óptica de la seguridad, que se asume como una categoría objetiva, la gente aún no recibe los frutos positivos de la guerra contra el crimen. En este País, cualquier funcionario de un tribunal federal puede hacerle la vida imposible a un ciudadano, salvo que ese ciudadano tome la justicia por su propia mano. En México vale más ser ahijado de un líder sindical corrupto o yerno de un político que cualquier razón. No se equivocó Javier Sicilia al decirle al Presidente que el problema radica en que Calderón piensa que los malos están afuera y los buenos están adentro. Aunque el mandatario diga que los jueces tienen cantaletas y asuma que hay corrupción en el Gobierno, el Presidente cree que hay un “adentro” limpio y patriota conformado por sus incondicionales. Ahí está el error principal de Calderón: la cancelación del crimen es un asunto de razones y no de fe, no se trata de lo que el Presidente cree, sino de lo que en realidad es.

¿Hay soluciones? Sin duda, pero –dado que desde el gobierno no van a cambiar las cosas– la gente de don Javier Sicilia podría proponer los qués, por qués y cómos de este nuevo camino que debe tomar el Presidente Calderón para que haga bien lo que tiene que hacer. Un primer paso es la transparencia bancaria universal. Al igual que cuando se persigue al terrorismo, en el asunto del crimen organizado se debe seguir la ruta del dinero: si cada juez, líder sindical, gobernador, diputado, alcalde, empresario y empleado tienen concentrados todos sus movimientos financieros en una cuenta universal, sería más sencillo saber si las narconóminas que tanto pondera el presidente son verdaderas o son habladurías desde el poder. El otro paso está dejar de lado el populismo y, de una vez por todas, cancelar la informalidad: no se trata de dejar sin actividad a los comerciantes, sino llevarlos a la formalidad de forma asequible para ellos, para de esta forma anular las fuentes de financiamiento y blanqueo que tiene el crimen en tianguis y venta de piratería. En eso debería dedicar su tiempo Calderón, en lugar de buscar reformas legales para martirizar a los empleados (aún más de lo que ya están) o colocar a ineptos corruptos en la nómina de Gobierno, en un Año de Hidalgo perverso y nefasto. Ante la necedad presidencial, Sicilia y a aliados tienen la oportunidad histórica de presentar propuestas frente a las excusas, de lo contrario su movimiento será otra manifestación de la inconforme sociedad civil desorganizada.

 

E-mail: oscarconstantino@gmail.com

One comment

  1. Alonso Soto /

    Tu último parrafo es muy convincente; sin embargo el problema no es tanto los informales que no pagan impuestos, si no los formales que no lo pagan de manera legal, ese es el problema, el estado corrompe la moral volviendola legal o ilegal, todo lo que es legal parece, en primera instancia, bueno y el ser humano se enagena hasta del pensamiento moral.